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¿Es importante el papa para los católicos?

Rodrigo Uprimny Yepes
marzo 24, 2013

Publicado en: El Espectador

La pregunta parece tonta pues la designación de un nuevo papa o su visita a cualquier lugar es siempre un gran acontecimiento, incluso si se trata de países con escasa población católica. ¿Cómo podría entonces ser secundario el papa para los católicos si es un personaje notable incluso para quienes no son católicos?

 

La pregunta parece tonta pues la designación de un nuevo papa o su visita a cualquier lugar es siempre un gran acontecimiento, incluso si se trata de países con escasa población católica. ¿Cómo podría entonces ser secundario el papa para los católicos si es un personaje notable incluso para quienes no son católicos?

Sin embargo, la pregunta puede ser interesante si se tiene en cuenta que muchos católicos, aunque saben quién es el papa y pueden tenerle una devoción genuina, parecen no poner mucha atención a su doctrina en temas como la sexualidad, que para la Iglesia católica son trascendentales.
Por ejemplo, la doctrina de los papas condena el uso de anticonceptivos, como la píldora o el preservativo, pues para el control de la natalidad sólo admite la abstinencia y el incierto método del ritmo. Pero en Colombia, la gran mayoría de las parejas católicas (afortunadamente) no sigue esa doctrina papal y recurre a diversos métodos anticonceptivos. Igualmente, millones de parejas católicas conviven y tienen hijos sin haberse casado, a pesar de que esa situación es considerada pecaminosa por el catolicismo.
Un buen número de estos católicos no sigue las doctrinas papales no por falta de voluntad o de fe, pues su religiosidad es fuerte y genuina. Y por ello no sienten culpa sino que justifican su opción con palabras como las siguientes: “Yo soy católico, creo en Cristo y respeto al papa, pero en estos temas sexuales la doctrina eclesiástica es muy atrasada y no tengo por qué seguirla; una cosa es la interpretación que el papa y los obispos hagan de la Biblia y otra cosa es lo que yo creo, a partir de mi comprensión personal de las enseñanzas de Cristo”.
Este tipo de respuestas es respetable y representa un progreso democrático pues fortalece el pluralismo y la autonomía personal. Ninguna autoridad, ni política ni religiosa, debería imponernos su criterio en conductas tan íntimas como la moralidad sexual. Pero esta defensa de estos católicos de su posibilidad de discrepar frente al magisterio de la Iglesia y frente a las doctrinas papales no deja de ser paradójica, pues parece propia de un protestante. En efecto, una de las grandes tesis de la reforma protestante es que la interpretación de la Biblia es un asunto personal, mientras que el catolicismo considera que la interpretación verdadera de la Biblia es establecida por el papa y los obispos. Uno de los momentos decisivos de la Reforma fue entonces cuando Lutero tradujo al alemán la Biblia, a fin de que todos pudieran leerla e interpretarla directamente.
¿Será que un cierto espíritu de la Reforma protestante se está instalando en el catolicismo? Puede que no sea así y que sean otras las razones que explican la distancia entre las doctrinas papales y el comportamiento sexual de millones de católicos. Pero la pregunta parece relevante: ¿qué importancia espiritual tiene hoy el papa para ese número creciente de católicos, que defienden, y con razón, su autonomía moral y religiosa?

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