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"En medio de escombros": así fue una toma de las Farc en el Tolima

Este capítulo del informe ‘La guerra en movimiento’ reconstruye una de las tomas más devastadoras de las Farc en el Tolima. A través de material de archivo y testimonios de sobrevivientes, periodistas y políticos de la época, conocimos cómo se vivió esta toma simultánea en tres municipios del departamento.

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os días previos al ataque en Dolores la vida cotidiana transcurría en calma, hasta la tarde del 17 de noviembre de 1999, cuando el frente 25 de las FARC-EP se tomó por segunda vez el pueblo. Esta vez arremetieron de manera simultánea en los municipios vecinos de Prado, Villarrica y el corregimiento La Arada, de Alpujarra. Para esa fecha se adelantaban las conversaciones de paz entre el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana con las FARC-EP en el municipio de San Vicente del Caguán, Caquetá. Un docente jubilado recuerda con angustia aquel día de la nueva incursión de la guerrilla:

“Yo salí del colegio, me vine para la casa y almorcé rápido porque tenía que volver a salir a preparar la banda marcial para la despedida del colegio, cuando a las dos de la tarde sonó un tiro de pistola e inició la balacera”.

Durante toda la noche del martes y hasta el mediodía del miércoles los enfrentamientos fueron constantes. Una de las particularidades de esta incursión armada es que en ella, por primera vez, las FARC-EP empleó cilindros bomba en el Tolima.

“Un desmovilizado contó que en 1999 aprendieron a armar los cilindros bomba por medio de unos catálogos que sus superiores les enviaron. Agregó que la primera toma guerrillera que hicieron con cilindros en Tolima fue en Dolores, y que a esa le siguieron las tomas de La Alpujarra, La Arada y El Prado”.

Foto: Archivo El Nuevo Día

El docente jubilado cuenta que las FARC-EP armaban los cilindros a la vista de los temerosos vecinos del barrio El Mango, parte alta del pueblo, desde donde eran lanzados hacia la estación de Policía.

“Eso le quitaban arriba la llave, le abrían el hueco y lo revolvían con pólvora y pedazos de todo, hasta materia fecal, le ponían una bomba como una especie de impulsor y abajo una catapulta, o sea que un cilindro grande como base y sobre el cilindro de cien libras ponían los pequeños de cuarenta libras, los recortaban y los metían ahí. Eso no tenía ninguna dirección, al cuartel le metieron un resto y terminaban en otra parte, en las casas”.

Una mujer que vive en la parte alta del pueblo y presenció el ataque ahora recuerda que desde ese sitio se podía ver y escuchar todo lo que ocurría en el centro del pueblo. Era un lugar de paso de los guerrilleros que bajaban del cerro La Cruz, del que estaban apoderados.

“Estábamos en la casa, me paré en la puerta de la cocina y me pasó una bala al pie del cuello; quedó incrustada en la pared de la cocina, me tocó meterme debajo de la cama y eso daban mucha bala. Por ahí debajo de los palos de café y banano se metían y echaban bala de arriba para abajo y los otros de abajo para arriba y los helicópteros también soltando balas. Esos cilindros hacían mover la tierra como si fuera un temblor, hacían huecos gigantes en la tierra”.

El periódico El Nuevo Día tuvo como portada el 18 de noviembre la foto de un agente la Policía levantando las manos en medio de los escombros a los que quedó reducido buena parte el centro de Dolores. Así reportaron lo que ocurrió en los cuatro municipios atacados:

“Los insurgentes atacaron con bazucas, lanzagranadas y cilindros de gas. La incursión de Farc en los cuatro pueblos dejó 8 policías muertos, 11 heridos y siete civiles heridos. En todos los sitios atacados fueron destruidas las estaciones de policía, entidades bancarias y viviendas aledañas a estas”.

Foto: Archivo El Nuevo Día

En el municipio de Prado perdieron la vida 6 policías, destruyeron un templo de la iglesia católica y una torre de energía conectada a la central hidroeléctrica Hidroprado, lo que tuvo como consecuencia que toda la región se quedara sin servicio eléctrico. En Villarrica un policía perdió la vida y dos resultaron heridos; y en La Arada quedaron dos policías heridos. El director de la Policía Nacional de ese entonces, General Rosso José Serrano, declaró al Nuevo Día que “esos ataques y guerrilleros habían salido del Caguán, apenas la Policía respondió ellos retrocedieron y volvieron al Caguán”.

Un fotógrafo del diario El Nuevo Día siguió el camino hacia Dolores, que estaba a dos horas de Prado, por carretera destapada. Otros colegas suyos, de los informativos televisivos de RCN, CM& y Caracol conformaron un grupo de trabajo para reportar los hechos perpetrados por las FARC-EP:

“Como cuatro veces nos pararon los guerrillos uniformados. Salían del monte y decían ‘¡quieto!’ y uno les mostraba el carné y decían ‘mucho cuidado que eso allá están en combate duro, se están dando con el avión fantasma y los helicópteros’. Uno veía motos, cantinas de leche, tulas, bultos por el borde de la carretera, de pronto eran minas o algo así”.

Los reporteros dejaron los vehículos a la entrada del casco urbano de Dolores porque aún se escuchaban disparos, y entraron caminando al centro de pueblo en un momento en el que cesaron los enfrentamientos. En la plaza principal encontraron escombros. “Eso fue tenaz, en el piso había un tapete de casquillos, las paredes llenas de agujeros”, recuerda el fotógrafo, y agrega:

“Bajaron un poco de guerrilleros y le gritaban a la Policía ‘se entregan, llegó la prensa, se salvaron, ratas, porque le íbamos a meter candela a ese puesto, llegó la prensa a tirarse todo’. Cuando al rato se oyó el grito de alguien ‘¡prensa, prensa, prensa!’ y salió un policía con las manos arriba y al lado de nosotros había como 20 guerrillos y le apuntaban. Él con las manos arriba dijo ‘¡prensa no nos dejen matar, ayúdenos!’. Uno apuntando con la cámara y ellos con el fusil”.

La comunidad salió a ayudar a cuatro policías heridos y a ver, con profunda tristeza, cómo había quedado el pueblo. En Dolores aún conservan imágenes en video que muestran a jóvenes guerrilleros apuntando sus fusiles a los policías sobrevivientes, a quienes condujeron hacia las montañas vecinas. Los lugareños pensaron que los iban a matar, pero más tarde fueron entregados a los reporteros. El 19 de noviembre, El Nuevo Día publicó un nuevo artículo ofreciendo más datos de la incursión de las FARC-EP:

Foto: Archivo El Nuevo Día

“Unos 60 cilindros lanzaron los subversivos contra la estación. Tenían armamento pesado, una punto 60, la alcaldía quedó destruida en un 60 por ciento y unas veinte casas afectadas. También fueron afectadas las instalaciones de la Fiscalía, casa de la cultura y concejo municipal. Y las sedes bancarias de Bancafé, Coopdesarrollo, Cooperamos. Murieron un civil y un agente de policía”.

El civil era Rómulo Calderón, quien vivía una casa ubicada al lado de la estación de Policía donde tenía una microempresa familiar de bizcochos. Allí cayó un cilindro que tumbó las paredes y uno más impactó en su cuerpo quitándole la vida inmediatamente. La familia estaba en Bogotá en diligencias médicas. Así lo recuerda su esposa:

“Cuando nos enteramos de la toma al pueblo, empezamos a llamar y nadie contestaba. Mi hermano, que estaba con Rómulo y que logró salvarse, me contó después que a las diez de la noche cayó un cilindro en la casa y destruyó todo. A las 5:15 de la mañana quedó todo en silencio, salió a buscar a Rómulo y vio la mano debajo de la pared, la cara machacada y sangre, vio que estaba muerto. Al rato empezó la balacera nuevamente, como a las tres de la tarde lo pudieron sacar. Nosotros llegamos al otro día al entierro. Lo perdimos todo”.

El agente de la Policía Farid Arciniegas Gómez murió en similares circunstancias a las de Rómulo: un cilindro cayó dentro de la estación de Policía y derrumbó paredes. El Alcalde no estaba ese día en el pueblo, pero cuando entró al día siguiente, lo encontró convertido en gran parte en escombros:

“Daba tristeza todo destruido desde Prado. Empecé a pedir ayuda por todos lados. Cuando estaba entrando había gente todavía en la carretera como del Caguán, por las boinas. Eran como de la Teófilo Forero. Creo que esa toma la lideró Romaña con los del Caguán”.

Foto: Archivo El Nuevo Día

No hay cifras concretas de cuántos combatientes de las FARC-EP murieron en la incursión.  El fotógrafo del diario Nuevo Día vio algunos cadáveres en la plaza principal, pero no recuerda la cifra porque se concentró en los que quedaron vivos:

“El trabajo de los guerrilleros, esa mañana que llegamos, era saquear el puesto de Policía y sacar sus muertos. Le daban a la gente el televisor, los colchones, lo que quedó servible. Ellos se llevaron lo que encontraron en armas, comunicación, dotación y sus muertos”.

Y de nuevo la comunidad de Dolores tuvo que salir a las calles a limpiar el pueblo. Los niños, en su natural curiosidad, a hurgar en las calles, a ver qué encontraban:

“Por la vía central eran tantos los cascos de las balas que eso parecía un río de puro casquete de munición y reguero de pólvora, nosotros por casualidad lo recogíamos y la guerrilla nos decía ‘recójanme todo eso’ porque con eso taqueaban los cilindros. Yo cogí como una o dos y corra para la casa”.

Foto: Archivo El Nuevo Día

Estando la gente en la calle en labores de aseo, estalló una granada que había quedado tirada en el suelo. Bella Encizo, empleada de una entidad financiera, fue víctima de las esquirlas que le produjeron varias heridas. Un testigo del hecho habla de aquel momento: “Éramos muy imprudentes por la curiosidad. Entre esa curiosidad hubo una víctima a quien, andando entre los escombros, le explotó una granada sin activar, eso fue al frente de la iglesia”. Pero más allá de las anécdotas, la incertidumbre se apoderó de los doloreños y su tejido social quedó fragmentado:

“Después de esa toma, la historia de Dolores y de muchas familias se partió en dos; además, quedamos sin Policía y sin Ejército, y a merced de la guerrilla del Frente 25. Ellos eran la autoridad, ya nadie acudía a las instituciones para presentar quejas. Ya todo lo arreglaban ellos, pusieron sus propias normas, toque queda y ley seca. Carro surtidores de alimentos que ingresaba, ellos lo retenían y se robaban todo el producto”.

El primero de enero de 2001 se posesionó Mercedes Ibarra como alcaldesa de Dolores. En su segundo día de mandato comenzó a ser hostigada por las FARC-EP, particularmente por el guerrillero Joselo Girón González:

“[…] como el lunes era festivo solo empezamos a trabajar hasta el dos de enero, ese mismo día llegó a las 5 de la tarde el comandante ‘Joselito’ y nos sacó a todos, nos arrinconó y nos pegó tremenda humillada. Entonces empezó una rivalidad entre ellos como guerrilla y yo como alcaldesa. Yo le dije que dentro de la Alcaldía no permitiría que ellos entraran. El comandante ‘Joselito’ me dijo ‘es que para nosotros usted simplemente es una alcaldesa, nosotros permitimos que fuera elegida, pero acá mandamos nosotros‘”.

El mismo año de la posesión de Ibarra se empezó a construir una nueva estación de Policía, pero las FARC-EP, empecinadas en imponer su autoridad a través del Frente 25, hostigaron varias veces ese año el lugar. Además, como lo recuerda un habitante del pueblo, a finales de 2001 fue muerto Girón González:

“Una vez pidieron una extorsión a un comerciante de Natagaima, en un sector que llaman El Paso de La Barca, el tipo no llevó la plata, sino el Gaula y Policía, allá hubo un enfrentamiento y lo mataron. Fue enterrado acá en Dolores”.

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Créditos:
Investigación:
Juana Dávila - Dejusticia
Felipe León - Dejusticia
Juan Diego Restrepo - VerdadAbierta.com
Bibiana Ramírez - VerdadAbierta.com
Ricardo Cruz - VerdadAbierta.com

Fotos:
Bibiana Ramírez
Archivo de prensa

Podcast:
Carlos Mayorga -VerdadAbierta.com

Desarrollo web:
Anderson Rodríguez M

Agradecimientos:
Pablo Gómez, Marcela Madrid, Alejandro Jiménez -Dejusticia