Antecedentes:

Rencores y venganzas de familias, orígenes de la guerra en el Tolima

E

n el Tolima, como en buena parte del país, la ausencia del Estado fue aprovechada por los grupos armados irregulares para hacer presencia territorial. En las zonas en que dicha presencia fue más constante, algunas disputas y rencores familiares terminaron confundiéndose y traslapándose con la guerra y la violencia sociopolítica.

En los años 50, las guerrillas que habían proliferado en la Violencia se organizaron en dos bandos, claramente distinguibles: los limpios y los comunes. Los limpios estaban conformados por campesinos ya establecidos en el sur del departamento y permanecían fieles al partido liberal; los comunes eran campesinos recién llegados de otras zonas del país, de filiación comunista, y ajenos a las instrucciones de los partidos tradicionales. 

De acuerdo con Andrés Aponte, investigador del CINEP y autor del libro Grupos armados y construcción de orden social en la esquina sur del Tolima, 1948-2016, estos grupos forjaron una alianza como “un acto espontáneo y pragmático de defensa de los núcleos familiares que cada bando representaba”.

La persecución estatal contra comunes y limpios, ocasionó numerosos desplazamientos de familias que luego se fueron organizando en veredas y corregimientos en la esquina sur del Tolima. Entre los limpios estaban los Loaiza, Los García, los Rada, Oviedo, Cerquera; por parte de los comunes estaban “Manuel Marulanda” “Tirofijo”, Jacobo Frías Álape o “Charro Negro”, Andrés Bermúdez y Ciro Trujillo.

Con el avance de la pacificación bipartidista, los limpios y los comunes, antiguos aliados contra las fuerzas conservadoras, se convirtieron en enemigos irreconciliables, debido a la participación de los limpios en la persecución oficial contra los comunes. Las posiciones se han mantenido a lo largo del tiempo, al punto que los comunes dieron origen a la guerrilla más longeva y más numerosa de Latinoamérica, las FARC-EP, mientras los limpios pasaron por todas las figuras creadas para la participación de fuerzas no oficiales en la lucha contrainsurgente y desembocaron en la confederación paramilitar de las AUC en los noventa.

En Puerto Saldaña

Centralidad de Puerto Saldaña.
Foto Bibiana Ramírez

El corregimiento de Puerto Saldaña, en el municipio de Rioblanco, junto con Santiago Pérez en Ataco y Bilbao en Planadas, fueron los lugares en que se establecieron los limpios luego del destierro de los comunes y el cese de la confrontación bipartidista. Uno de los habitantes del Puerto, como lo llaman sus pobladores, destaca la influencia que ejerció Ernesto Caleño, alias ‘Canario’, en la conformación de los grupos paramilitares y el carácter “familiar” de esta organización armada:

“Puerto Saldaña quedó como un grupo de los limpios que era comandado por Ernesto Caleño, le decían ‘Canario’, era un viejito muy humilde pero pensante de las cosas, creo que era iletrado. Ahí se dio inicio a las Autodefensas campesinas. La mayoría de familias era de esos antiguos combatientes que se denominaron limpios y que se le abrieron a Manuel Marulanda. Ahí se encontraba Ernesto Caleño, las familias Madrigal, Delgado, Marín, Guerrero, todos ellos eran las familias armadas”. 


De acuerdo con la versión de una de sus hermanas, la participación de ‘Canario’ en la guerra se dio como respuesta al ataque sufrido en una finca en la que se hallaban hospedados:

“Un señor Wilson Rubiano, de Herrera, atacó esa finca y les quemó la casa, robaron el café, el ganado, los caballos y luego le metieron candela. Estaba mi hermano Ernesto de unos 13 años de edad y se armaron, él y mis dos primos Fidel y Joselo”.


A Wilson Rubiano le habían asesinado al padre en el corregimiento La Herrera, de Rioblanco, en el año 1951. Después lo querían asesinar a él y por eso se armó en una guerrilla para vengar la muerte de su padre. De acuerdo con el relato de otro poblador del Puerto:

“En el 58 hubo aquí un par de familias grandes, peliones, que eran unos señores Rubiano y unos señores Tapiero, de ahí de La Cascada. Entre ellos resultó un problema y se salieron matando. Los unos cogieron para el Ejército y otros para la guerrilla. El señor se llamaba Juan Tapiero, vivía en el Puerto y lo mataron los Rubiano. De ahí en adelante se siguió la pelea. Eso bajaban unos y se mataban y subían los otros y también se mataban”. 

En este sentido, Aponte señala que “la guerra en la esquina sur del Tolima estuvo históricamente atravesada por disputas y vendettas familiares que retroalimentaron los repertorios de violencia de cada grupo”.

Esas divisiones trajeron serios problemas para los campesinos, pues eran acusados constantemente de pertenecer a uno u otro grupo, como lo recuerda un antiguo inspector de Rioblanco:

“La contraguerrilla decían que quienes no los siguieran a ellos, era porque eran auxiliadores de la guerrilla y la guerrilla decía que todos los que vivíamos en ese sector era de las autodefensas. Ese ha sido una constante aquí”.

Ernesto Caleño y su grupo se ubicaban en la vereda La Ocasión, antes de llegar a Puerto Saldaña, viajando desde Rioblanco. Y las Farc se ubicaban a lado opuesto, saliendo de Puerto Saldaña hacia el corregimiento de Herrera, también de Rioblanco.

Río Saldaña.
Foto Bibiana Ramírez

La hermana de Ernesto Caleño lo recuerda cuando llegaba a la casa a visitar a sus padres. Ella, siendo una niña, grabó en su memoria las palabras y acciones de su hermano:

“Sé que trabajaba con el gobierno, contraguerrilla se llamaba en ese entonces. Él fue el primer inspector de Puerto Saldaña. Mi hermano Ernesto llegaba a la casa y mi papá le decía que no fuera a atropellar a la gente, siempre lo aconsejaba. Ernesto era analfabeta, pero la gente lo buscaba para que le ayudara o a que le solucionara los problemas. El ejército les pagaba para que patrullaran con ellos. Un primo que le decían “el Pescado” trabajaba con ellos y lo mataron, un primo que se llamaba José Lobo Tapiero, murió también”.

Según la versión de un líder de Puerto Saldaña, la incursión de la familia Caleño en la guerra lejos de darle réditos fue el origen de su ruina:

“Los hijos de Ernesto Caleño tenían fincas, trabajaban por ahí. Que sin necesidad se metieron a eso, ellos tenían fincas con ganado, café, cacao, aguacate, tenían plata, pero de un momento a otro, no sé qué pasó porque se dejaron vencer de esa situación, perdieron casi todo y eso está abandonado”.

Luego de la toma de las Farc a Puerto Saldaña, ‘Canario’ salió rumbo Ibagué, donde pasó sus últimos años de vida. En palabras de su hermana, a pesar de su feroz enemistad con la guerrilla, los insurgentes nunca pudieron dar con él:

“Desde que yo tengo uso de razón se escuchaba decir que la guerrilla iba a matar a todos los sapos, iban donde mi hermano que a matarlo, pero él se les escondía, se iba. Nunca le hicieron nada. Tanto así sería que a él no lo mató la guerrilla sino que murió de viejito en Ibagué. Una vez lo cogieron y lo metieron a la cárcel, duró 5 años, después de que salió se enfermó y a los cinco años murió”.

De esquina a esquina. Los líos de sangre y la guerra en el norte del Tolima 

Plan del Tolima visto desde San Juan de la China.
Foto Bibiana Ramírez

Al igual que en el sur, en San Juan de la China, corregimiento de Ibagué, se tienen registros y testimonios de la proliferación de riñas familiares que luego desataron la violencia armada.

Todo empezó por un problema entre la familia Ramírez y la familia Zabala, como lo recuerda un antiguo docente del colegio de San Juan de la China:

“El papá de unos de ellos se llamaba Marcos Ramírez, era matarife y vivía detrás del puesto de la Policía, y Nemesio Zabala tenía la casa cerca”. 

“Eran antiguos habitantes San Juan de la China – agrega el docente –. Los Zabala eran como los que mandoniaban y Nemesio era de los menores, pero era loco porque no se le daba nada darle candela al que fuera. Él tenía cantina y la esposa era la cantinera”. 

Además, recuerda el hecho que determinó el inicio de una tragedia local:

“Una vez, Marcos iba pasando por allí y le dio una palmada en las nalgas a la cantinera y el loco se dio cuenta y ahí empezó el problema entre ellos. En una ocasión se dieron bala en la plaza”.

Marcos Ramírez tuvo dos hijos que hicieron parte de las Farc: Robinson, alias de ‘El Chulo’, y Wilson, el menor de la familia, quien fue conocido con el remoquete de ‘Bizcocho’.

“El hijo de Marcos, al que le dicen ‘Bizcocho’, estando en la finca La Isabela en una fiesta, mató a un cliente ahí adentro, donde estaban tomando y bailando, luego Nemesio lo sacó y lo echó para allá afuera”,

recuerda el profesor y continúa:

“Un día estaba Nemesio allá en el filo donde Wilson había matado al otro y cuando llegó Marcos, le atropellaron el caballo con el carro y casi lo hacen caer, entonces allá el Marcos le echó la madre ‘si me dejan llegar al pueblo esta noche mato a este hijueputa’ le decía a Nemesio”.“Los del carro se vinieron antes y lo esperaron allá en el pueblo al lado del colegio, cuando pasó Marcos de una vez soltaron un tiro que quedó en el caballo y entonces le cayeron los otros y lo mataron a machete. Wilson escuchó el tiro y se vino, pilló quienes estaban dándole machete al papá y los que lo mataron se tiraron para abajo para la quebrada. El chino llegó a la casa, buscó unos revólveres, se armó y entonces le dijo a la mamá -me mataron al papá- y salió de una vez. La mamá buscó a la policía y les dijo – vayan, no vayan a dejar que mi hijo la vaya a cagar por allá – La policía salió detrás del chino. Por allá, al pie del cementerio subía uno de los que le dio machete al papá, él lo cogió de cerquita y le disparó, le agarró una vena de un tiro y ahí quedó, lo mató”. 
El ataque a Marcos sucedió en la madrugada del 10 de diciembre de 1993. Después llegó la venganza, que se concretó en la masacre perpetrada a finales de ese año. Registro de lo ocurrido quedó consignado en la versión libre dada en noviembre de 2008 ante las autoridades por Wilson Ramírez Peña, en calidad de sindicado de la matanza:

“El comandante del Frente 21, ‘Milton’, y ‘Olivo el Indio’, acordamos para subir el 30 de diciembre y ejecutáramos de esta familia 24 unidades de ellos, órdenes del camarada Adán Izquierdo”.

Y continuó:

“Nos desplegamos el 26 de diciembre y nos hicimos a los alrededores del pueblo. Estábamos de camuflado y de policía. El 30 de diciembre en horas de la noche nos fuimos para la finca del señor Gonzalo Saavedra porque había indicios de que allí se encontraba Nemesio Zabala y el hijo de Gonzalo, Aristóbulo Saavedra. Se había hecho inteligencia de que esta gente hacía parte de un grupo llamado “autodefensas”. La inteligencia la hice yo. Yo era parte de la columna ‘Norma Patricia Galeano’. Adán Izquierdo me dio la orden de hacer la inteligencia”..

La primera acción armada fue contra la casa de Gonzalo, a quien asesinaron delante de su familia. Terminado el ataque, los guerrilleros se trasladaron a media noche al centro poblado de San Juan de La China.

Centralidad de San Juan de la China.
Foto Bibiana Ramírez

“Éramos 30 unidades para hacer esta masacre. A la cabeza del grupo iban ‘Olivo El Indio’, ‘Ricardo’, ‘La Morocha’, ‘Milton’ y ‘Vicente’. Llevábamos fusiles Galil, R15, pistolas 9 milímetros, revólver 38, de toda clase de armas. Nosotros seguimos la marcha hacia San Juan de la China, llegamos a la primera casa, despertamos al señor Oscar Millán y le dijimos que fuera a la estación de Policía para que hablara con el comandante y que no nos fuera a combatir, que éramos 200 guerrilleros. El señor subió con la razón de que hiciéramos lo que quisiéramos, que ellos no se iban a meter para nada”,
relató alias ‘Bizcocho’.

En su versión, el exguerrillero detalló cómo se ubicaron sus compañeros en el pueblo por si había algún ataque en respuesta y precisó la ruta que siguió en busca de las personas que iban a asesinar:

“Yo salí con ‘Olivo El Indio’, con ‘Caturra’, ‘Isidro’, como unas seis unidades para donde un señor que se llamaba Jairo Zabala, le golpeamos la puerta, salió por una ventanita y le dijimos que era de parte del Ejército, dijo que no salía, que tenía que venir un comando de la Policía. Empujé la puerta y se abrió, ellos salieron corriendo, y ejecuté a Jairo Díaz Zabala. El hijo, Mauricio, menor de edad me salió por un sótano, se vuela, hace unos tiros desde un costado y ‘Olivo’ le dio unos tiros con el fusil y lo mató”.

Luego de esos asesinatos, los guerrilleros se apropiaron del vehículo de Jairo Díaz y de algunas armas que tenía en su casa, y se trasladaron a la zona rural del corregimiento, en busca de otras víctimas.

“Nos fuimos para la vereda la Isabela, en cierta parte el carro iba fallando y entre todos lo tiramos por un barranco. Llegamos a la finca de Arnulfo Guzmán, un señor que tenía gallera y canchas de tejo, nos aportaba mucho a nosotros, y planeamos ir donde Rodolfo Ospitia, Carlos Zabala, Vidal Zulieta, Alexander, hijo de una señora renguita. Iban a ser las seis de la mañana, nos ubicamos por los costados de la finca y ejecutamos al resto”,indicó el exguerrillero.

Un habitante del corregimiento, que por razones de seguridad pidió la reserva del nombre, tiene muy presente lo sucedido:

“Recuerdo la matanza que hicieron aquí en el pueblo, mataron a un señor que le decían ‘Pata de Cebo’, no recuerdo el apellido; después, en la casa de aquí abajito, a Jairo Díaz y al hijo, luego en China Media mataron a Carlos Zabala y a otros dos de los Zabalas Ospitia y en el Rubí a Gonzalo Saavedra”.

Esos hechos fueron recogidos en el reportaje publicado el 9 de enero de 1994 por El Tiempo, en donde se dejó rastro sobre los responsables de esos hechos y los presuntos motivos de su ataque “Algunos habitantes del pueblo afirman que los hermanos Ramírez ingresaron al Frente 21 de las Farc y lograron que algunos de sus miembros los apoyaran en el ataque”.


Contenidos

Créditos:
Créditos:
Investigación:
Juana Dávila - Dejusticia
Felipe León - Dejusticia
Juan Diego Restrepo - VerdadAbierta.com
Bibiana Ramírez - VerdadAbierta.com
Ricardo Cruz - VerdadAbierta.com

Fotos:
Bibiana Ramírez
Archivo de prensa

Podcast:
Carlos Mayorga -VerdadAbierta.com

Desarrollo web:
Anderson Rodríguez M

Agradecimientos:
Pablo Gómez, Marcela Madrid, Alejandro Jiménez -Dejusticia