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Fútbol y paz

Rodrigo Uprimny Yepes
junio 22, 2014

Publicado en: El Espectador

Como ya derrotamos a Costa de Marfil (CM), expreso sin reticencias mi admiración por su estrella Didier Drogba.

 

Y no sólo por su magia futbolística, sino por sus esfuerzos por la paz en ese país. Su historia merece ser recordada en Colombia.

CM vivía desde 2002 una guerra civil compleja, cuyos orígenes provocan aún debate, que llevó a una división de facto del país. El norte, cuya principal ciudad es Bouaké, era controlado por los rebeldes, y el sur, donde queda la entonces capital Abidján, por el gobierno. El conflicto armado adquirió una dinámica regional, que a su vez expresó y agravó otras tensiones étnicas y religiosas. El norte es más musulmán, tiene más inmigrantes y predomina la etnia Malinke, lo cual había llevado a que en el sur, que es más cristiano y en donde predominan otras etnias, existiera una tendencia a cuestionar la verdadera identidad marfileña de los habitantes del norte. La guerra podía entonces haber adquirido una dinámica étnica y religiosa, que la hubiera hecho más cruel y difícil de solucionar.

En octubre de 2005, CM logró por primera vez clasificar a un Mundial de Fútbol, luego de derrotar a Sudán. Fue una alegría nacional para este país fracturado por la guerra civil. La selección incluía jugadores de distintas etnias y regiones, pues algunos eran del norte y otros del sur. Mientras el triunfo era celebrado en toda CM, por iniciativa de Drogba, frente a las cámaras de televisión, el seleccionado se puso de rodillas y pidió que cesara la guerra y hubiera paz. En pocas frases, Drogba formuló un argumento tan sencillo como poderoso. Esa selección nacional diversa había mostrado que los marfileños podían, a pesar de sus diferencias, vivir en paz y hacer cosas grandes.

Al año siguiente, en 2006, ganó el premio al mejor futbolista del año de África. El presidente realizó una ceremonia en su honor en la entonces capital Abidján pero Drogba, quien es de la misma etnia Beté que el presidente, pidió que le permitieran celebrar su triunfo también en el norte, en Bouake, aún controlado por los rebeldes. La recepción a Drogba en el norte fue multitudinaria y allí Drogba anunció que, como una contribución a la paz y a la unión nacional, uno de los partidos de la eliminatoria de la Copa Africana sería celebrado en Bouake. En junio de 2007, CM derrotó en Bouake a Madagascar y en ese partido estuvieron tanto el presidente como el líder rebelde, que habían firmado la paz pocos meses antes.
La firma de la paz no dependió sólo ni esencialmente de Drogba y la selección de fútbol. Y CM sigue viviendo tensiones graves, que la llevaron a un resurgimiento temporal de la guerra civil en 2011, luego de unas elecciones divisivas. Pero Drogba y la selección nacional jugaron, literalmente, un papel simbólico de unidad y reconciliación nacional para un país dividido. Algo que no es menor y que muestra que a la paz se puede contribuir desde muy distintos escenarios. Son enseñanzas importantes para un país dividido y en busca de la paz como Colombia.

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