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Gaseosas y cigarrillos

César Rodríguez Garavito
agosto 7, 2015

Publicado en: El Espectador

Hay que comenzar por atar cabos con otros países y otras industrias. Así se entiende por qué la propuesta es atinada, pero también por qué se queda corta.

 

Es atinada porque ayuda a resolver, como en carambola, dos problemas importantes. Mitiga el hueco fiscal del sector salud, que contribuye a la crisis de los hospitales y la inequidad del sistema: sólo con eliminar la injustificable exención de IVA que tienen las gaseosas y fijar el impuesto sobre todas las bebidas azucaradas en 20%, la medida recaudaría 3.9 billones de pesos anuales para la salud. También desincentivaría un hábito masivo que ahonda el déficit de la salud. Como lo muestran estudios que sirvieron de base para medidas similares en México y Chile, el consumo de gaseosas y comida chatarra en general —alentado por la incesante publicidad dirigida deliberadamente a los menores de edad— hace parte de la dieta que ha disparado la obesidad y los costos correspondientes para los sistemas de salud, que terminamos pagando todos.

Por eso la OCDE le recomendó a Colombia crear “impuestos dirigidos a productos que pueden contribuir a la carga de enfermedades crónicas”, como el tabaco y las bebidas azucaradas. También por eso también brilla por su ausencia en la propuesta del ministerio el alza del impuesto al consumo de cigarrillo.

La omisión es especialmente llamativa porque los expertos tienen claro que hay un parentesco cercano entre los intentos por regular la comida chatarra y el cigarrillo. Y porque el libreto de saboteo que sigue la industria de la alimentación es calcado del que inventaron las tabacaleras: publicidad engañosa, estudios tendenciosos y litigio contra los países (como Uruguay) que se atreven a ponerles límites. De ahí que el exrelator de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, haya concluido que “la comida chatarra y las bebidas azucaradas son como el tabaco y merecen ser tratadas de la misma forma”.

Un estudio tras otro de la Organización Mundial de la Salud recomienda subir el gravamen al cigarrillo por ser la medida más eficaz para reducir el consumo y las múltiples formas de cáncer que provoca. La medida es uno de los deberes derivados del Convenio Marco de la ONU para el Control del Tabaco, que Colombia ratificó y sigue incumpliendo, como lo muestra su deshonroso tercer lugar en el ranking de los países latinoamericanos donde los cigarrillos son más baratos (el primero es Paraguay, cuyo presidente es dueño de una empresa tabacalera). Aquí una cajetilla cuesta 1.8 dólares, mientras que en ningún estado de EE.UU. cuesta menos de 4.5 y en Canadá vale 10.5.

Habrá que ver si la Comisión Tributaria sigue el ejemplo de Chile y decide recaudar recursos preciosos con mayores impuestos a los cigarrillos y la comida chatarra. Y habrá que estar atentos a los intentos de las industrias para que no suceda.

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