Halcones, palomas y derechos humanos

Por: César Rodríguez Garavitonoviembre 3, 2008

CUALQUIERA QUE HAYA SEGUIDO LA polémica reciente sobre la política de derechos humanos estará pensando que, en efecto, este país es de locos.


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CUALQUIERA QUE HAYA SEGUIDO LA polémica reciente sobre la política de derechos humanos estará pensando que, en efecto, este país es de locos.
Cuando todo el mundo aplaudía, con razón, la decisión del Gobierno de retirar a los militares involucrados en los falsos positivos, el presidente Uribe salió a despotricar de Human Rights Watch, Amnistía Internacional y las ONG que hace rato venían advirtiendo sobre esos abusos y pidiendo esas medidas sin que nadie escuchara en la Casa de Nariño.

¿Por qué el Gobierno borra con el codo lo que hace con la mano? Una explicación ligera diría que así es Uribe: impulsivo, contradictorio, buscapleitos. Pero un análisis más detenido sugiere que los bandazos se deben, en buena parte, al pulso entre los halcones y las palomas de los derechos humanos dentro del Gobierno.

En el lenguaje de los politólogos, los halcones prefieren la mano dura, la negación del problema y la confrontación. En el círculo íntimo del Presidente, José Obdulio es un buen exponente de esta posición. Las palomas, por el contrario, se inclinan por la concertación, la diplomacia y la reforma gradual ante las críticas. Esta parece ser la posición, por ejemplo, del Ministerio de Relaciones Exteriores y, dentro de las Fuerzas Armadas, del sector encabezado por el general Padilla.

Es sabido que el gobierno Uribe ha estado dominado por halcones, comenzando por el Presidente. Sólo así se entiende que José Obdulio tenga vía libre para hablar sobre derechos humanos y cometer el monumental desatino fáctico, ético y político de negar la existencia del desplazamiento y el conflicto armado a escasas cuadras del Capitolio dominado por los demócratas en Washington.

La puja nacional y mundial entre halcones y palomas también ayuda a entender la evolución de la posición del Gobierno en la materia. El primer mandato de Uribe fue el de los halcones en pleno vuelo. Todavía están frescas en la memoria las imágenes del Presidente, en el calor de un desfile militar, denunciando irresponsable e injustamente a las ONG como cómplices del terrorismo. Eran las épocas en las que ser halcón era rentable internacionalmente, porque las mismas aves se posaban sobre la Casa Blanca y emprendían su vuelo catastrófico hacia Irak.

Las cosas se complicaron en noviembre de 2006, cuando las palomas del Partido Demócrata se tomaron el Congreso estadounidense. Fue entonces cuando el Gobierno se equivocó. En lugar de cambiar de plumaje y corregir el rumbo ante las críticas fundadas, siguió con la estrategia del halcón, resistió con las uñas y cedió apenas lo indispensable para mantener viva la esperanza del TLC.

El resultado fue un híbrido contrahecho, una especie de ave rapaz con falsete de pajarito copetón. De ahí las contradicciones diarias. Basta recordar una reciente: al mismo tiempo que reivindica las medidas para disminuir la violencia antisindical, el Presidente critica a las organizaciones internacionales por preocuparse por los derechos de “muchos delincuentes disfrazados de sindicalistas”.

El problema es que los tiempos no están para halcones. Porque hoy probablemente el pueblo estadounidense hará historia y llevará una paloma a la Casa Blanca. Así que es tiempo de que el Gobierno, por fin, saque sus palomas del sombrero y las deje volar libremente.

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