Héctor Abad Gómez

Por: Mauricio García Villegasagosto 28, 2009

EN EL MES DE AGOSTO SE CONMEmora el asesinato de dos grandes personalidades de la Colombia de finales del siglo XX.


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EN EL MES DE AGOSTO SE CONMEmora el asesinato de dos grandes personalidades de la Colombia de finales del siglo XX.

Ellos son Luis Carlos Galán y Héctor Abad Gómez. Ambos se enfrentaron a esa combinación terrible de clientelismo, paramilitarismo y narcotráfico que, a mediados de los años ochenta, empezaba a tomar forma en Colombia y que hoy ha capturado buena parte del país. La semana pasada hablé de Galán; hoy quisiera escribir algo sobre Abad Gómez.

A juzgar por sus orígenes, Héctor Abad era eso que llaman un “antioqueño de pura cepa”. Había nacido en Jericó, un pueblo del suroeste antioqueño, en el seno de una familia de padre ganadero y madre dedicada a la educación católica de sus hijos. No obstante, Abad se salió muy pronto del libreto que estaba previsto en los genes sociales de su ancestro antioqueño. Primero lo hizo como médico dedicado a la salud pública, cuando esa disciplina era casi desconocida en Colombia. Luego lo hizo impartiendo una cátedra abierta y crítica en la Universidad de Antioquia, cuando nadie se apartaba de la enseñanza magistral; por último, lo hizo defendiendo los derechos humanos al interior el Partido Liberal, cuando el clientelismo y las componendas políticas eran la única manera de ganar votos.

Abad Gómez creía que el subdesarrollo era un estado de la mente y que la pobreza de la cultura era la causa, no el efecto, de la pobreza material. (Eso lo pensó mucho antes de que Lawrence Harrison escribiera su célebre libro Underdevelopment is a state of mind). Por eso, alguna vez, cuando le preguntaron por su fecha de nacimiento, Abad Gómez respondió que, según el calendario, había nacido en 1921, pero que según la situación histórica y cultural de su pueblo, había nacido a principios del siglo XIX. Así se ganó muchos enemigos, sobre todo jerarcas de la iglesia, terratenientes y políticos, que veían en sus ideas mansas una amenaza contra los valores sociales y religiosos de la sociedad antioqueña tradicional. Por eso y por defender los derechos humanos, lo mataron. (Siempre he pensado que, así como las patrias tienen fechas de celebración, deberían tener fechas de vergüenza… esta sería una de ellas).

Si Héctor Abad Gómez hubiese nacido y vivido en una sociedad mentalmente más desarrollada, su vida y sus ideas se habrían confundido con las de sus conciudadanos y por supuesto nadie habría pensado en matarlo. Pero vivió, enseñó y escribió en Medellín —y en Colombia— en una sociedad en donde las ideas más simples de tolerancia, honestidad y libertad eran, y todavía son, peligrosas, sobre todo cuando alguien toma la decisión, como él la tomó, de defenderlas pública y abiertamente.

Hace veinte años mataron a Galán y hace veintitrés años mataron a Héctor Abad Gómez. Ambos tenían ideas liberales moderadas. Ninguno de los dos era un fanático ni un extremista. No obstante, ambos fueron asesinados por lo que pensaban y decían. Peor aún, el proyecto de sociedad que defendían fue herido de muerte.
EN EL MES DE AGOSTO SE CONMEmora el asesinato de dos grandes personalidades de la Colombia de finales del siglo XX.

Con el asesinato de Galán, Colombia perdió a un modelo de hombre público, de estadista y de gobernante. Con la muerte de Héctor Abad, el país perdió a un ciudadano ejemplar. Ojalá estas dos conmemoraciones de agosto sirvieran para mejorar la política y para despertar a la ciudadanía del letargo negligente en el que se encuentra, sobre todo hoy, cuando asistimos inermes al espectáculo deplorable de la aprobación de la Ley del Referendo. Creo que si Galán y Abad estuvieran vivos, se harían matar de nuevo.

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