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Hiroshima y Szilárd

Rodrigo Uprimny Yepes
agosto 9, 2015

Publicado en: El Espectador

Hoy hace 70 años fue lanzada la bomba de Nagasaki que, junto con la de Hiroshima, causó cerca de 250.000 muertos.

 

Una persona hoy poco recordada estuvo muy ligada a las contradicciones éticas que planteó este desarrollo científico: Leó Szilárd. Su historia merece ser recordada. 

Szilárd fue un brillante científico húngaro que hizo aportes fundamentales a la física, que sirvieron de base al desarrollo de la energía nuclear. En particular fue quien concibió teóricamente en 1933 la idea de la reacción en cadena.  Pero Szilárd era consciente de las implicaciones militares de este tipo de investigaciones.

Szilárd era judío y había abandonado Alemania, donde trabajaba, pues comprendió rápidamente la amenaza que Hitler significaba para la paz y la libertad. Por eso, a pesar de su pasión por los avances de la física teórica, al principio quiso congelar o al menos retardar los desarrollos de la física nuclear y pidió a sus colegas no publicar los resultados de las investigaciones sobre fisión atómica, para que éstas no cayeran en manos de los nazis.

Eso no fue suficiente pues ciertas publicaciones convencieron a Szilárd de que los físicos alemanes estaban avanzando en investigaciones nucleares. Tomó entonces una decisión controvertida, que fue impulsar a su amigo Einstein a que le escribiera en 1939 al presidente Roosevelt para que Estados Unidos se adelantara en esta carrera por conquistar militarmente la energía nuclear. Esta carta condujo al nacimiento del “Proyecto Manhattan”, en el cual participó activamente Szilárd, y que logró construir las primeras dos bombas atómicas. 

Algunos defienden todavía el lanzamiento de esas bombas ya que consideran que era la única forma de que Japón se rindiera. Esas bombas habrían sido “humanitarias” pues habrían ahorrado mayores sufrimientos.

Hoy sabemos que no es así. Szilárd, junto con otros científicos, propusieron una alternativa humanitaria y razonable: que Estados Unidos, en vez de arrasar ciudades habitadas usando sin previo aviso estas nuevas bombas, hiciera una demostración al Gobierno japonés del poder mortífero de una bomba nuclear, lanzándola en un lugar desierto. Esto hubiera dado a Japón la posibilidad de rendirse, lo cual era factible, pues había información de que el mando militar estaba buscando una disculpa para hacerlo pero con honor. 

La propuesta de Szilárd no fue apoyada y las bombas fueron lanzadas. Profundamente desilusionado, Szilárd abandonó su gran pasión, que era la física, para consagrarse a la biología, con la esperanza de poner su inteligencia al servicio de la vida y no de la destrucción. En las décadas siguientes, hasta su muerte, trabajó incansablemente por la paz y el control de las armas nucleares. 

Leó Szilárd personifica la posibilidad de que exista una ciencia con conciencia. Y nos recuerda que uno de los grandes desafíos contemporáneos es regular éticamente lo que la ciencia hace, lo que deja de hacer y cómo se usan sus resultados, y todo eso respetando la libertad científica.

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