¿Humo negro del cigarrillo en el Congreso?

Por: César Rodríguez Garavitojunio 16, 2009

ESTA NOCHE SE SABRÁ QUÉ TIPO DE humo se respira en el Congreso colombiano. Puede ser que haya humo blanco para dos leyes que salvarían la vida de miles de fumadores activos o pasivos que están destinados a morir de cáncer de pulmón y otros males. Pero puede ser que el humo que termine saliendo sea el negro de los cigarrillos de las empresas tabacaleras, que tienen montado un poderoso lobby contra esas leyes.


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ESTA NOCHE SE SABRÁ QUÉ TIPO DE humo se respira en el Congreso colombiano. Puede ser que haya humo blanco para dos leyes que salvarían la vida de miles de fumadores activos o pasivos que están destinados a morir de cáncer de pulmón y otros males. Pero puede ser que el humo que termine saliendo sea el negro de los cigarrillos de las empresas tabacaleras, que tienen montado un poderoso lobby contra esas leyes.

Como se sabe, por el escándalo sobre supuestos sobornos de las tabacaleras a congresistas, los proyectos de ley que se definen hoy buscan limitar la venta, publicidad y consumo de cigarrillos. No se trata de una cruzada prohibicionista como la del Gobierno con la dosis personal, sino de esfuerzos sensatos por regular el consumo, que es lo que hay que hacer.

Un proyecto del senador José Name busca convertir en ley la afortunada regulación que expidió el Ministerio de Protección Social el año pasado y que prohíbe fumar en espacios cerrados. La norma ha sido todo un éxito: gracias a ella, hoy es posible trabajar, rumbear o salir a comer sin chupar el humo del fumador de al lado, y hasta los dueños de restaurantes y bares la apoyan, porque la clientela ha aumentado.

El otro proyecto, de la senadora Dilian Francisca Toro, es aún más importante. Porque da tres pasos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), son esenciales para combatir lo que ésta ha llamado la “epidemia global del tabaquismo”, que cobra más de 5 millones de vidas al año (80% de ellas en países pobres como Colombia). Mejor dicho: más muertes anuales que las producidas conjuntamente por el sida, la tuberculosis y la malaria, y miles de veces más que las que causará la bendita gripa AH1N1).

La primera medida del proyecto de Toro es prohibir la publicidad de cigarrillos, incluyendo el mercadeo agresivo que usan las tabacaleras en eventos deportivos y otros espacios para enganchar a nuevos consumidores, entre ellos los jóvenes. La segunda es incluir en las cajetillas fotos explícitas que muestren el daño causado por el cigarrillo, y no sólo letreritos ilegibles e inútiles que digan que “fumar es nocivo para la salud”. La última es prohibir la venta de cigarrillos sueltos, que son los que pueden comprar los adolescentes y los consumidores de países pobres.

Si hay humo blanco para estas iniciativas, el Congreso no estará haciendo nada distinto que cumplir con las obligaciones que asumió Colombia al firmar, el año pasado, el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco. Se trata de un consenso mundial, como lo muestra el hecho de que 169 países lo hayan suscrito.

Si los proyectos se hunden, el Congreso quedará rodeado de un humo negro de sospechas. Como lo dijo Name, “no es gratis que hayan hundido 22 proyectos antitabaco en el Congreso”.

El lobby de la industria parece estar surtiendo efecto: al proyecto de Name le colgaron dos micos que lo hacen inútil y permiten volver a fumar en espacios cerrados. Y no hay que olvidar la insólita carta que el Viceministro de Agricultura le envió hace unos meses a la Comisión Nacional de Televisión para defender la publicidad de cigarrillos en horarios nocturnos.

Para despejar cualquier duda, es fundamental que la votación de los proyectos de ley sea nominal, como lo pidieron Name y Toro. Así se conocerá cómo votó cada congresista. Y se sabrá también si los parlamentarios escucharon la contundente advertencia de la OMS en el informe global más completo sobre el tema: “Todas las epidemias tienen una forma de contagio… En el caso de la epidemia del tabaquismo, no se trata de un virus, una bacteria u otro microorganismo, sino de la industria (tabacalera) y su estrategia comercial”.

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