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Política de huracanes

Meghan Morris
octubre 23, 2017

Publicado en: Global Rights Blog

A medida que evaluamos y reconsideramos lo que pasa en Puerto Rico después de los huracanes, así como las muchas crisis y huracanes que atraviesan el mundo, debemos prestar atención a la crisis, pero no perder nuestro sentido de lo estructural, lo crónico, lo orgánico.

 

Mientras Puerto Rico intentaba recuperarse de la devastación de los huracanes Irma y María, los titulares cubrían como el presidente del país de donde todos los puertorriqueños son ciudadanos tenía poca empatía con la isla.Puerto Rico ya era un “desastre antes de los huracanes,” sufría de una “total falta de rendición de cuentas”, y estaba en una crisis financiera que “en gran parte era su propia creación”, criticó Trump en Twitter. A la misma vez, tres semanas después del huracán María, la mayor parte de la isla todavía no tenía electricidad, la gente estaba desesperada por agua potable, y muchos todavía carecían de una forma de comunicarse. Como en muchas otras situaciones de crisis, las historias detrás de las cuentas pendientes e inmediatas -en términos de inversión pública y salud – se encuentran justo debajo de la superficie del huracán.

A la vez, otra historia de crisis sobre la devastada Puerto Rico se escondía en los titulares. Se trataba de un tipo diferente de crisis de salud pública: la escasez potencial de drogas farmacéuticas que pronto podría ocurrir en los Estados Unidos. Puerto Rico es el hogar de más de cincuenta plantas de producción farmacéutica, incluidas las filiales de muchas de las principales compañías farmacéuticas del mundo: Eli Lilly, Novartis, Pfizer, Merck, Bristol-Meyers Squibb. La isla produce dieciséis de las veinte principales drogas en los Estados Unidos en términos de ventas, y siete de las diez primeras a nivel mundial. En 2016, los productos farmacéuticos representaron más del 72% de las exportaciones de Puerto Rico y los dispositivos médicos y productos químicos médicos un 17%, con el sector médico representando el 89% del total de las exportaciones de la isla. Estos productos incluyen medicamentos vitales como medicamentos para el VIH, drogas para el cáncer e inmunosupresores. Solo la producción de Puerto Rico representa el 25% de las exportaciones farmacéuticas estadounidenses. Los EE.UU. estaban tan preocupados por la posibilidad de la escasez de medicamentos que la Unidad de Escasez de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos se puso en contacto con los fabricantes, incluso antes de que los huracanes tocaran tierra para planificar los impactos, y creó un grupo de trabajo especial para los huracanes y drogas como consecuencia de Irma y Maria.

Citizens-Soldiers of the Puerto Rico National Guard supplying water in the municipalities of Aibonito, Bayamón, Caguas, Maunabo and Santa Isabel. Photo by: The National Guard

Ciudadanos y soldados de la Guardia Nacional de Puerto Rico proporcionando agua en las municipalidades de Aibonito, Bayamón, Caguas, Maunabo y Santa Isabel. Foto: The National Guard

 

Con el tiempo, esto condujo a una situación altamente favorable para las empresas, y una situación en la que era extremadamente difícil para cualquier empresa puertorriqueña tener éxito. Esto resultó en una base fiscal dramáticamente baja para Puerto Rico. Sólo en mayo pasado, la isla quiso declarar bancarrota, enfrentándose a una crisis de pensiones y $74 mil millones en obligaciones de renta fija, en gran parte a los compradores que se aprovecharon de las políticas fiscales favorables.  

 

En su libro La compañía farmacéutica de al lado, Alexa Dietrich detalla los costos adicionales del sistema económico de Puerto Rico en salud pública y medio ambiente. Dietrich describe la importancia de las fuentes locales de agua dulce para la industria farmacéutica y la contaminación del aire y las vías fluviales que ocurrieron en la isla como resultado de la expansión de la industria. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos ha identificado 18 sitios de desechos peligrosos en Puerto Rico – llamado sitios de ‘Superfund’ – la mitad de los cuales son sitios en los que el agua subterránea está contaminada con productos químicos industriales como el tetracloroetileno. Esto se ha visto agravado por un deterioro público tanto en la energía eléctrica como la infraestructura de agua, incluyendo las pruebas de agua, debido a la falta de fondos para invertir. La industria farmacéutica también participó en la construcción de infraestructura a lo largo de las costas, lo que redujo la capacidad de resistir huracanes.

 

Life Science Manufacturing in Puerto Rico. Source: PRIDCO

Mapa de fabricas biotecnológicas, farmacéuticas, agroindustriales y de dispositivos médicos en Puerto Rico. Fuente: PRIDCO

 

En los últimos días, una de las escenas que ha llegado a los titulares es una imagen de los puertorriqueños, desesperados por el agua, llenando baldes y botellas con agua tomada de un sitio Superfund. La situación es tratada por muchos como una crisis, y de hecho, es una crisis de enormes proporciones. Pero no es solo una crisis. Es crónica y estructural, una forma de lo que Robert Nixon llama “violencia lenta”. La violencia lenta no es sensacional, pero gradual y, a menudo silenciosa. Raramente aparece en los titulares.

En su trabajo sobre la política farmacéutica, Kaushik Sunder Rajan hace hincapié en que, a fin de situar estas políticas, hay que determinar la relación entre lo que Gramsci llama lo “coyuntural” y lo “orgánico” –  los eventos y puntos de crisis, así como lo crónico, problemas estructurales que subyacen esos eventos y crisis. Prestar atención a uno u otro no es suficiente.

A medida que evaluamos y reconsideramos la situación de Puerto Rico después de los huracanes, así como de las muchas crisis y huracanes que atraviesan el mundo, debemos prestar atención a la crisis y a la vez no perder nuestro sentido de lo estructural, lo crónico y lo orgánico. La escasez de medicamentos tienen una historia, y los sitios de Superfund no aparecen de la nada. Pero también, las crisis importan y pueden cambiar el curso de los eventos. Espero que en esta tarea podamos desarrollar una “política de huracanes”, en la cual se hace más fácil preguntar al mismo tiempo: ¿qué es esta crisis, y también, cómo hemos llegado hasta aquí? Eso nos puede ayudar a ver no sólo que la magnitud de los daños de muchos desastres naturales es en realidad un producto de las desigualdades históricas, pero también apuntar hacia soluciones más duraderas.

 

* Meghan L. Morris es una becaria de post-doctorado en la American Bar Foundation y una investigadora afiliada a Dejusticia (Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad).

Foto destacada: Antti Lipponen

 

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