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Ignorancias alucinantes

Rodrigo Uprimny Yepes
marzo 2, 2014

Publicado en: El Espectador

Muchos de quienes se oponen a cualquier cambio de las políticas de drogas incurren en errores que son tan alucinantes, que serían cómicos si no fuera por sus efectos trágicos; su ignorancia o sus prejuicios perpetúan una política que es equivocada y sigue ocasionando mucho sufrimiento en el mundo.

 

Colombia tuvo recientemente dos muestras monumentales de esas ignorancias alucinantes.
A comienzos de enero, el senador Juan Carlos Vélez tuiteó la “noticia” de que en el primer día de legalización de la marihuana en Colorado habían muerto 37 personas por sobredosis. Vélez tomó la “noticia” del periódico humorístico Daily Currant y era claramente una sátira. Pero bueno, a veces las sátiras periodísticas están tan bien hechas que uno puede terminar engañado por ellas.
Lo más grave es entonces que el senador Vélez crea sinceramente que alguien puede morir por sobredosis de marihuana. Esto es un error, pues no hay ningún caso documentado de muerte por sobredosis de marihuana. Las personas mueren por sobredosis de otras drogas, como la heroína, la cocaína o incluso el alcohol. Y la marihuana obviamente tiene riesgos, pero su toxicidad directa es muy baja para provocar sobredosis.
El segundo ejemplo es del también senador Hernán Andrade, quien sacó un video para oponerse a la legalización de las drogas. El video muestra a unos niños que en el recreo sacan de su lonchera un cacho de marihuana para consumirlo; el senador interpela entonces al televidente: si usted desea eso (esto es la legalización de las drogas), entonces no vote por mí.
El prejuicio alucinante del senador Andrade es suponer que quienes hemos defendido la legalización de las drogas estamos a favor de un comercio libre de estas sustancias, que permita a un niño comprar marihuana o cocaína, como si fueran papas fritas. Nadie es tan insensato y nadie lo ha planteado. Siempre hemos defendido un mercado estrictamente regulado de las drogas, pues sabemos que son sustancias riesgosas. Y por eso todas las propuestas excluyen a los menores de la posibilidad de consumo. Igual sucede hoy con el alcohol, que es una sustancia legal pero que, por ser riesgosa, incluso más que la marihuana, no puede ser adquirida por menores de edad.
Dos senadores como Vélez y Andrade, que han tomado decisiones sobre drogas, muestran entonces que no conocen realmente los efectos y los riesgos de las drogas ni el contenido de las propuestas alternas a las políticas vigentes.
Lo más triste es que los casos de estos senadores no son aislados. Existen muchos otros ejemplos. Por ejemplo, la coca fue prohibida con base en un estudio de 1950 de la ONU que, sin ninguna evidencia y con altas dosis de racismo, concluyó que el mambeo era dañino y debía ser erradicado.
La historia de la prohibición de las drogas es entonces, en gran medida, una historia de ignorancias, miedos y prejuicios convertidos en política pública. ¿No será ya tiempo de salir de esa irracionalidad y defender una política más humana y basada en evidencias?

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