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La bofetada a Yidis

Nelson Camilo Sánchez León
junio 25, 2008

Publicado en: Semana

La ira del Presidente Uribe contra Yidis Medina va en contravía de un proyecto de ley que busca prevenir la violencia contra la mujer.

 

Hace unos días, el presidente Uribe declaró en televisión nacional que si se hubiera enterado de un intento de soborno “quizás le habría dado una bofetada” a la ex congresista Yidis Medina. Esto sucedió justamente cuando en el Congreso se tramitaba una nueva ley para erradicar la violencia contra la mujer. Ahora – paradójicamente- tras la aprobación del proyecto en el Congreso, solo resta la firma del Presidente para que la ley entre en vigencia. 

La iniciativa parlamentaria, que logró unir a las congresistas de todos los espectros políticos, está destinada a combatir la penosa tradición de violencia contra las mujeres. Son reiterados los pronunciamientos de instancias internacionales que señalan que en Colombia las mujeres son habituales víctimas de violencia no sólo con ocasión del conflicto armado –en donde ya de por si son particularmente explotadas y abusadas por los grupos armados- sino además, de otros tipos de violencia de los que muchos saben pero pocos hablan, como es el caso de la violencia doméstica. 

En efecto, las cifras del Instituto de Medicina Legal, citadas en el proyecto de ley, son alarmantes: en el 2006 se registraron en Colombia 37.047 casos de maltrato conyugal y de cada 10 mujeres ultrajadas, solo 2 se arriesgaron a denunciar. La semana pasada, en un nuevo informe, el mismo Instituto reportó que entre el 2000 y 2006 se registraron 1.140 asesinatos de mujeres en Bogotá, de los cuales el 80 por ciento está en la impunidad.
Frente a este oscuro panorama, en buena hora las mujeres del Congreso – que son menos del 15 por ciento de esta colectividad – han impulsado esta ley, que incluye importantes medidas de protección en casos de violencia intrafamiliar. Entre ellas: la inclusión de la violencia sexual dentro de la definición de violencia; la adopción de medidas de sensibilización en el tema de violencia contra la mujer; y el fortalecimiento de los mecanismos de recolección de información sobre el tema. 

Para que estas medidas resulten efectivas se requiere del apoyo decidido de todas las ramas del poder público, especialmente del Ejecutivo. Sin embargo, intervenciones como las del Presidente poco contribuyen con esta causa. El alto grado de credibilidad con el que cuenta el primer mandatario, en virtud de su cargo, le obliga a una especial mesura al momento de dirigirse a la ciudadanía. La población ve en la figura del Presidente un ejemplo a seguir; la imagen del hombre a imitar. Si el mensaje que el pueblo escucha es de aprobación de la violencia, es probable que este patrón de comportamiento se asuma como legítimo y se reproduzca. 

Es por ello que las declaraciones de Uribe además de desafortunadas resultan peligrosas. Ahora que el balón está en su cancha, Uribe tiene una oportunidad inmejorable para rectificarse aprobando la ley y aprovechando para lanzar un mensaje en que el reitere que nada, ni siquiera la corrupción, sirve de excusa para justificar o tolerar actos de violencia en contra de las mujeres. Este apoyo es fundamental para evitar que con sus declaraciones no termine dándole, desde el silbatazo inicial, una gran bofetada a la ley. 


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