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La caja china

Nelson Camilo Sánchez León
julio 18, 2015

Publicado en: El Espectador

En materia de seguridad parece que a las autoridades hoy día les importa más la percepción que la acción. Cuando lo que vale es lo que los ciudadanos perciben, las estrategias se encaminan más al marketing de los problemas que a las soluciones de fondo.

 

Lo que importa no es saber la respuesta o dar la respuesta correcta. Lo trascendente es tener una respuesta y que ésta impacte, así sea desviando la atención. A esto es a lo que se denomina “la caja china” en la magistral película La dictadura perfecta, del director mexicano Luis Estrada. La caja china es una estrategia de distracción con alto impacto en la opinión pública.

La manera en la que se ha desenvuelto la investigación de las 15 personas capturadas en Bogotá, inicialmente acusadas de haber sido las autoras de los atentados contra las oficinas de Porvenir del 2 de julio, parece acercarnos a una versión colombiana de esta estrategia.

La espectacular captura vino acompañada de mensajes oficiales que no dejaban duda. El caso ya estaba resuelto. El propio presidente Santos trinó diciendo: “capturadas 11 personas del Eln responsables de petardos en Bogotá… pagarán por los atentados”. El general Palomino confirmó luego el “positivo”. Con esas altas fuentes reiterando, la labor de la prensa era sencilla: simplemente reproducir la historia. Caso cerrado.

Pero con el pasar de los días van entrando las dudas. La información difundida en prensa sobre el proceso de judicialización muestra que las pruebas presentadas ante los jueces no parecen ser tan contundentes para condenar por esos hechos. Por ejemplo, sustentar que se es guerrillero por leer cierto tipo de libros, tener determinadas afinidades ideológicas o estar vinculado a universidades públicas. A juicio de abogados, parecen también poco sólidas las supuestas pruebas que relacionan a los acusados entre sí y que pretenden mostrar que son una célula o grupo organizado. No todos los capturados están en la misma situación; existen diferencias entre ellos.

Y el punto fundamental es que la base probatoria presentada hasta ahora por la Fiscalía para relacionar a varios de los investigados tiene que ver con unas papas bomba usadas para unas manifestaciones en la Universidad Nacional, varios meses atrás, pero hasta ahora sin mayor relación con los hechos del 2 de julio. Es decir, parece que se hubiera aprovechado una investigación en curso sobre otros hechos para presentarla como una respuesta efectiva a lo que sucedió recientemente.

Pero el golpe de opinión ya está dado. No importa cómo avancen las investigaciones que, dado el promedio colombiano, pueden tardar entre tres y cuatro años. Mientras tanto, estratégicamente se van filtrando pruebas a la prensa para que el tribunal de la opinión pública, sin toga y sin martillo, vaya haciendo juicios de responsabilidad desde su computador. Independientemente de lo que determine la justicia en el caso (conclusiones en las cuales confío y justicia a la que respaldo), el juicio que importa ya se habrá hecho.

Puede ser que con la firma de acuerdos de paz y la finalización del conflicto podamos empezar a construir una democracia en donde, como dice Carolina Villadiego, se investigue para capturar y no se capture para investigar.

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