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La carta de Jamaica

Rodrigo Uprimny Yepes
septiembre 13, 2015

Publicado en: El Espectador

Los 200 años de la llamada Carta de Jamaica de Simón Bolívar han pasado relativamente inadvertidos en Colombia.

 

Algunos pocos columnistas han destacado, con razón, la paradoja de que en Venezuela celebren oficialmente este documento, que llama a la integración latinoamericana y defiende la tesis de que la Nueva Granada y Venezuela debían formar un solo país, mientras el Gobierno de Venezuela, que se reclama bolivariano, cierra la frontera entre nuestras naciones hermanas. Pero en Colombia no ha habido un debate público y académico vigoroso sobre este trascendental documento.

 

Afortunadamente, el colega y amigo de las universidades Nacional y de Antioquia, Juan Guillermo Gómez, salva el honor de la academia, al publicar un importante libro que asume el desafío de debatir si 200 años después, la Carta de Jamaica en particular y la figura de Bolívar en general, mantienen su pertinencia política y constitucional.

La lectura del fructífero libro de Gómez y la relectura de la Carta de Jamaica me convencieron de que este documento es fundamental, no sólo para aproximarse al pensamiento político de Bolívar, que es a veces contradictorio, pero que fue siempre pertinente, creativo y vigoroso, sino también para reflexionar sobre ciertos desafíos muy complejos que han enfrentado la formación de las naciones y del constitucionalismo en América Latina.

Estas breves notas son entonces una invitación a la lectura y a la discusión de estos textos. Y quisiera comenzar este debate, siguiendo en parte las reflexiones de Gómez, destacando cuatro originalidades de este documento que Bolívar escribiera mientras estaba refugiado en Jamaica: i) su postura anticolonial, que es un aporte original del pensamiento independista latinoamericano pues, como lo ha destacado el historiador John Lynch, el liberalismo europeo no debatió el colonialismo, tal vez porque eran potencias coloniales; ii) sus anotaciones sobre la identidad latinoamericana, que ve cómo naciones complejas, que no son europeas ni indígenas, ya que se caracterizan por la presencia de diversas etnias y culturas; iii) su idea de no copiar mecánicamente las instituciones representativas europeas o estadounidenses por cuanto era necesario pensar en diseños constitucionales propios, dada nuestra precaria tradición de autogobierno y nuestras particularidades; y iv) su llamado a una fuerte integración latinoamericana.

Estas breves referencias muestran que la Carta de Jamaica no sólo tuvo importancia en su momento histórico, sino que, como bien lo señala Gómez, sus planteamientos aún nos interpelan.

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Adenda: La lista de las 28 mujeres que se inscribieron como aspirantes para reemplazar en la Corte Constitucional a Mauricio González me confirma la pertinencia de mi propuesta de que el presidente Santos debería hacer una terna de sólo mujeres para lograr mayor equidad de género en las altas cortes. En esta lista hay suficientes mujeres de gran calidad ética y profesional que permitirían hacer una terna femenina de lujo.

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