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La cruzada contra la marihuana medicinal

Jorge Alberto Parra Norato
septiembre 3, 2014

Publicado en: La Silla Vacia

Colombia está cerca de legalizar el uso de marihuana con fines terapéuticos. El proyecto de ley radicado por el senador Juan Manuel Galán busca autorizar, en cabeza del Gobierno, el cultivo, cosecha y uso del cannabis con fines de investigación científica o para la elaboración de productos terapéuticos o medicinales.

 

Sin embargo el proyecto ha recibido las mismas críticas de los mismos de siempre: el procurador Alejandro Ordóñez y el autodenominado ‘concejal de la familia’ Marco Fidel Ramírez.

Y no es que el proyecto no deba ser discutido públicamente. Al contrario, cualquier reforma a la política de drogas nacional debe estar respaldada por un debate democrático amplio. El problema es que los argumentos de Ordóñez y Ramírez son malintencionados, pues desinforman al público al anteponer la moralidad propia de su conservadurismo extremo a la evidencia científica disponible sobre la materia. Estos son sus errores más evidentes:

No es cierto que regular el uso medicinal de la marihuana sea la antesala para regular su uso recreativo.

Según Ordóñez y Ramírez, siempre que se ha legalizado la marihuana con fines terapéuticos se sigue necesariamente con la legalización de su uso recreativo.

Sin embargo, la inmensa mayoría de las experiencias internacionales de regulación del consumo del cannabis medicinal no han desembocado en la legalización de su uso recreativo. En Estados Unidos ya son 23 los Estados y Distritos que han legalizado el uso terapéutico de la marihuana, pero tan solo en dos de ellos, Colorado y Washington, se ha ampliado la medida al consumo recreativo. Ni siquiera en California, en donde se reguló el uso medicinal desde 1996, han tenido éxito las iniciativas de legalizar su uso recreativo. Y en Europa, pese a que países como República Checa, Romania, Francia y España admiten el uso medicinal, ninguno ha legalizado el uso recreativo.

De manera que afirmar que existe una especie de consecuencia necesaria entre la regulación del uso terapéutico de la planta y su uso con fines recreativos es una mera sospecha sin soporte empírico alguno. En realidad se trata de dos debates diferentes. Los argumentos que llevaron a regular el uso terapéutico de la marihuana en Washington en 1998 son muy diferentes de los argumentos que respaldaron la legalización de su uso recreativo en 2012. E incluso la legalización del cannabis recreativo puede darse sin que previamente se haya regulado el medicinal, tal y como ocurrió en Uruguay el año pasado.

No es cierto que regular el uso medicinal de la marihuana de paso a su uso recreativo masivo.

Ramírez acusa al proyecto del senador Galán de promover un consumo masivo de la marihuana más allá de la dosis personal, adelantando unos “metros adicionales”.

El concejal no solo se equivoca en la unidad de medida de la dosis personal, pues legalmente está definida en gramos (unidad de peso) y no en metros (unidad de longitud). Sino que también es un error afirmar que la regulación de un tipo particular de consumo de drogas (en este caso la marihuana con fines terapéuticos) genera un incremento general del uso de la sustancia.

De hecho, la evidencia científica prueba lo contrario. Un estudio publicado en Abril de 2014 en el Journal of Adolescent Health y realizado por médicos del Hospital de Rhode Island en Estados Unidos, analizó econométricamente las tasas de consumo de marihuana en adolescentes durante veinte años en los Estados donde se aprobaron leyes de regulación de la marihuana medicinal y sus Estados vecinos. El resultado indica que no hay un aumento en el uso de la planta que sea atribuible a la regulación de la marihuana con fines terapéuticos, pues no se encontró diferencia estadística alguna entre los niveles de consumo antes y después de la implementación de las leyes.

Un argumento similar al de Ramírez ha utilizado el procurador Ordóñez en contra de la despenalización de la dosis para uso personal, acusándola de generar un aumento en el consumo de drogas en Colombia. Sin embargo, un estudio realizado en 2010 por la Universidad de los Andes señaló que no hay evidencia empírica suficiente que permita afirmar que la causa del aumento del consumo de drogas en el país en los últimos años sea la despenalización de la dosis personal que se dio en 1994 mediante un fallo de la Corte Constitucional.

No es cierto que la marihuana no tenga efectos medicinales probados científicamente.

Dice el procurador Ordóñez que no hay ningún documento científico serio que reconozca que la marihuana tenga efectos medicinales.

Al respecto solo basta remitir a la exposición de motivos presentada por el senador Galán como respaldo de su proyecto de ley. En dicho documento se relacionan al menos ocho estudios científicos publicados en revistas internacionales indexadas, que demuestran que el uso regulado de marihuana es altamente eficaz en pacientes que padecen de enfermedades como el cáncer en etapas avanzadas.

La evidencia científica es tan extensa que recientemente el famoso neurólogo Sanjay Gupta, conocido por sus programas en CNN, pidió públicamente perdón por haberse opuesto a la regulación del uso medicinal de la planta. Dijo no haber investigado lo suficiente y que luego de estudiar y reportar diferentes casos alrededor del mundo (como el de una niña de 6 años que pasó de sufrir 300 ataques de epilepsia a la semana a entre 3 y 8 al mes tras iniciar un tratamiento médico a base de marihuana) no tiene ninguna duda de los efectos medicinales del cannabis.

La propuesta de regular el uso medicinal de la marihuana merece un debate público de altura y basado en la evidencia científica disponible. Los argumentos del procurador Ordóñez y el concejal Ramírez son formulados como verdades irrefutables pero no cuentan con respaldo empírico alguno. Todo parece indicar que su propósito es confundir antes que debatir. Por eso, una vez más la cruzada contra la reforma a las políticas de drogas se quedó corta.

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