Dejusticia-WHITE-with-transparent-background

La identidad latinoamericana

Juan Fernando Jaramillo
octubre 16, 2009

Publicado en: Semana

Latinoamérica solamente será reconocida en el mundo en la medida en que sea fiel a su identidad mestiza y mulata.

 

Latinoamérica solamente será reconocida en el mundo en la medida en que sea fiel a su identidad mestiza y mulata.

Hace algún tiempo, el escritor mexicano Carlos Fuentes publicó un artículo en el que se quejaba de que la BBC no hubiera incluido ningún caso latinoamericano en una serie de reportajes sobre las grandes civilizaciones de la historia. El reproche de Fuentes expresa el sentimiento de muchos latinoamericanos de no ser valorados suficientemente en el mundo.

Pero, con independencia de la arrogancia propia de los países del norte, esta situación ha sido producto de nuestras mismas decisiones. Una vez obtenida la independencia, las nuevas repúblicas latinoamericanas decidieron negar sus raíces, para intentar ser como otros, como los desarrollados del momento, fundamentalmente como los países anglosajones. En el camino, amplios grupos sociales continuaron siendo discriminados y sometidos por causa de su origen étnico.

El argentino Juan Bautista Alberdi lo expresó de la mejor manera, en su libro “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, publicado en 1852. En el escrito, afirmó que las elites americanas de ese momento “no eran otra cosa que europeos nacidos en América.” Añadió que “en América, todo lo que no es europeo es bárbaro” y que en la región no había más división que entre “el indígena, es decir, el salvaje”, y el europeo, “es decir, nosotros, los que hemos nacido en América y hablamos español, los que creemos en Jesucristo y no en Pillán (dios de los indígenas).”

Al mismo tiempo, sin embargo, él les negó a los españoles la posibilidad de contribuir al progreso, y por eso propuso favorecer la inmigración de personas amantes de la libertad y el desarrollo, los anglosajones.

También por esos años el argentino Domingo Faustino Sarmiento manifestó que América tenía que escoger entre la civilización y la barbarie, y que la primera estaba representada por el mundo europeo y la segunda por los indígenas, los negros y los criollos.

Pero Alberdi y Sarmiento son solamente ejemplos del pensamiento de la época. Por eso, durante más tiempo del que uno podría creer se ha hablado en nuestra región del problema que representan las “razas inferiores” para el desarrollo. Buena muestra de ello son los escritos de autores colombianos como José María Samper, Luis López de Mesa y Laureano Gómez.

Por todo eso, durante mucho tiempo nuestros países le dieron la espalda a su realidad. Y esa fue una decisión fatídica, pues como lo comentaba el peruano Manuel González Prada, cuando a finales del siglo XIX analizaba la humillante derrota de su país ante Chile en la Guerra del Pacífico, era imposible crear repúblicas democráticas y poderosas en medio de la exclusión y la opresión de millones de personas.

Pero las cosas han venido cambiando, a pesar de que los grupos indígenas y las comunidades afrodescendientes siguen siendo marginados y objeto de discriminación y explotación. Es decir, si bien en nuestros países todavía ronda el racismo, cada vez es más claro para muchos que, como bien lo dice el mismo Carlos Fuentes, independientemente del color de cada uno de los individuos, nuestra identidad “es multirracial: indígena, europea, negra y, sobre todo, mestiza, mulata.”

En toda esta transformación ha desempeñado un papel fundamental el arte. Por eso, los latinoamericanos tenemos una deuda profunda con personas como Mercedes Sosa, Celia Cruz y tantos otros que nos enseñaron a descubrir y valorar nuestra alma.

Sólo se puede ser universal cuando se tiene conciencia de lo propio. Y Latinoamérica solamente será reconocida en el mundo en la medida en que sea fiel a su identidad mestiza y mulata. Y esto, pocos días después de la celebración del día de la raza, nos recuerda nuestro deber de reivindicar los derechos de todos los que han sido discriminados y sometidos en razón de su color.

Nota: Estamos todos extrañados con el despido (pues no hubo renuncia) de la columnista Claudia López de El Tiempo. ¿Qué dirá la Sociedad Interamericana de Prensa sobre ese hecho?

Powered by swapps