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La igualdad: una bella construcción colectiva

Mauricio Albarracín
abril 13, 2016

Publicado en: El Espectador

Las palabras de la Constitución son sueños colectivos que cada generación interpreta y moviliza, siempre es una constitución viviente.

 

Por eso, quienes afirman que el matrimonio igualitario es una imposición de seis magistrados, se equivocan. La igualdad es una bella construcción colectiva que ha sido escrita por millones de manos en un libro que habita nuestra conciencia. “La primera y originaria fuente del Derecho está dentro del corazón”, dijo el gran jurista alemán Rudolf von Ihering. Ha sido el corazón de millones de colombianos que han dado la lucha por la igualdad desde pequeños espacios hasta en centros de poder.

Los opositores a los derechos LGBT dicen que el 70% de los colombianos se opone al matrimonio igualitario. Eso puede ser verdad aunque los números tienden a disminuir en las últimas encuestas. Lo que me parece más interesante es imaginar quiénes son ese 30% que apoya el matrimonio igualitario. Gays, lesbianas, bisexuales y trans siempre hemos sido una minoría estadística. Entonces, supongamos que de ese 30%, el 10% corresponde a la minoría que lucha directamente por sus derechos. Así las cosas, el 20% sería heterosexuales aliados que han comprendido que existe una injusticia. Este hecho nos ayuda a ver que se ha creado una gran coalición social por la igualdad, donde los heterosexuales son la mayoría y resguardan como una gran muralla a una minoría; un verdadero acto de solidaridad.

Esta lucha la hemos dado gays, lesbianas, bisexuales y trans desde nuestras casas, trabajos, calles, medios de comunicación, universidades y, finalmente, ante la Corte Constitucional. Las parejas valientes y las organizaciones del movimiento social LGBT son un ejemplo visible de una comunidad organizada que da la pela con argumentos y la frente en alto. También ayudaron las familias de parejas del mismo sexo que apoyaban en silencio, sin duda cada gay, lesbiana, bisexual o trans ha participado en esta lucha con sus actos cotidianos en los que se afirma su autonomía y su felicidad. Días como hoy debemos recordar también a las personas LGBT de generaciones anteriores que abrieron los caminos que hoy disfrutamos, a aquellos que por años dieron una lucha sin éxito, a aquellos que sufrieron los peores rigores de la injusticia y que al final murieron sin ver los derechos que hemos conquistado.

Sin embargo, los derechos LGBT no se han logrado solamente por nuestra afirmación colectiva de la dignidad o por una estrategia de litigio. Los heterosexuales multiplicaron nuestra voz, nos acompañaron en momentos difíciles, argumentaron con nosotros, marcharon como si fueran de los nuestros, nos amaron y respetaron como iguales. Esos heterosexuales son las juezas que casaron, las académicas y abogados que nos ayudaron, las formadoras de opinión que nos respaldaron, las congresistas que fueron derrotadas, los magistrados que por fin comprendieron la injusticia. Son nuestras madres y padres, hermanos, amigas, compañeras de trabajo, vecinos y todas aquellas personas que nos sonríen con complicidad. El trabajo de todas estas personas ha creado una interpretación social sobre la igualdad que tiene un origen popular y participativo, aunque todavía no es mayoritario. Su respaldo nos ha dado fuerza y protección, nos han permitido soñar con una Colombia en la que podamos vivir tranquilos y juntos como hermanos.

A la pregunta de si el matrimonio igualitario debió haberse decidido en el Congreso o en la Corte, quiero proponer una alternativa: lo decidimos todos aquellos que creemos en la igualdad. Y esa interpretación de la Constitución quedará en nuestras almas, siguiendo el poema de Walt Whitman: “la Justicia es grande / no la establece los legisladores ni las leyes / está en el alma”.

Por eso, quiero rendir homenaje en esta columna a todas las personas que han trabajado por la igualdad desde hace muchos años o hace pocos días, a las visibles y a los invisibles, a los que tienen mucho compromiso o poco. A todas ustedes las necesitamos y debemos multiplicarnos. Lo que nos espera es seguir en la construcción social de la igualdad, para convencer con argumentos tranquilos a ese 70% que todavía tiene dudas, poca información o simplemente tiene miedo al cambio.

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