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La insoportable levedad de Peñalosa

César Rodríguez, de DeJusticia, sostiene que en Bogotá ha cambiado el gobierno, pero no la política, y que la culpa la tienen los mismos alcaldes y sus partidos.

Por: César Rodríguez Garavitooctubre 13, 2007

Entiendo a los bogotanos que no se soportan a Peñalosa como candidato. Tanto antes, cuando le salía su arrogancia sincera, como ahora, cuando se muestra humilde para recuperar los puntos perdidos en las encuestas.

También cuesta aguantarse a sus candidatos al Concejo y a las JAL. Todos niños y niñas bien que posan para las páginas sociales de las revistas light mientras prometen mano dura contra el crimen. La misma mano con la que han levantado los absurdos muros de la infamia para violadores y promueven inútiles leyes en el Congreso para crear más delitos y aumentar las penas. Como si endurecer los castigos sobre el papel alguna vez hubiera servido para algo distinto de ganar votos.

Es difícil soportarlos porque representan la levedad de la política de los ricos en Bogotá. La misma que nos tiene inundados de candidatos gomelos a concejales y ediles de los barrios ?bien?, con caras perfectas para los afiches, pero con corazones puros de politiqueros de 20 años. Mejor dicho: el cruce perfecto entre yuppie y manzanillo de los uribistas bogotanos, comenzando por Vargas Lleras y su Cambio Radical.

Pero es igualmente grave la pobreza de la política de los pobres. La del viejo clientelismo del TL$ (tamal, lechona y plata). La que ahora sabemos que sigue vivita y coleando en los barrios populares, donde se compran ediles por 30 o 50 millones, cuando creíamos que eso pasaba sólo en Sincé o en Riohacha. La misma política que, incluso sin plata de por medio, produce el esperpento del ?fenómeno Vinasco? y les da alas a las ratas de los Moreno de Caro.

Todo lo cual muestra que en Bogotá ha cambiado para bien el gobierno, pero no la política. Que las buenas administraciones (incluida la del mismo Peñalosa) no han transformado la cultura electoral ni abierto el camino a nuevos políticos competentes.

La culpa la tienen los mismos buenos alcaldes que convirtieron a Bogotá en un mero trampolín a la Presidencia y se olvidaron de consolidar agendas y partidos serios y duraderos. Comenzando por Mockus, que dejó botado el puesto para intentar el salto mortal a la Presidencia. Siguiendo con Peñalosa, que se lanza de nuevo por el premio de consolación porque no tuvo éxito en la política nacional. Y terminando con Lucho y el Polo, que se enredaron en peleas internas por la candidatura presidencial a 2010 y terminaron con un candidato respaldado por las viejas maquinarias políticas que el Polo debería reemplazar. Ah, y por los socios del Country Club, que no creo que sean precisamente de izquierda.

Ahora todos están pagando el precio. Mockus, quemado para siempre en la política. Peñalosa, sufriendo unas elecciones que creía tener en el bolsillo. Y el Polo, sin ideas nuevas que puedan capitalizar los logros de una administración que hizo milagros en política social.

Si las encuestas están en lo cierto, es probable que Peñalosa gane, e incluso que haga una buena Alcaldía. Pero eso no soluciona el problema. Porque, a menos que él y los demás partidos se tomen en serio la política en Bogotá, nada garantiza que el día de mañana aparezca un aventurero carismático que nos haga retroceder 20 años en políticas urbanas. ¿O ya olvidamos que Peñalosa le ganó por un pelo justamente a Moreno de Caro, que estará preparando su regreso triunfal desde Suráfrica?

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