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La mala educación

Mauricio Albarracín
agosto 10, 2016

Publicado en: El Espectador

Estamos en presencia del más grande matoneo nacional contra lesbianas, gays, bisexuales, personas trans e intersex del que tengamos memoria en años recientes. 

 

Los políticos evangélicos fundamentalistas han iniciado una campaña sin precedentes para impedir que estudiantes con una orientación sexual o identidad de género diversa sean respetados y no discriminados en todos los colegios del país como lo ordenó la Corte Constitucional. A lo que han hecho eco dos aliados frecuentes de la exclusión: el procurador Alejandro Ordóñez y el expresidente Álvaro Uribe. Y como por si fuera poca la gavilla, ahora se sumó la jerarquía de la Iglesia Católica.

Toda esta campaña homofóbica refleja nuestra mala educación y tiene todos los ingredientes de una cacería de brujas. Llevamos dos semanas de mentiras, manipulaciones y exageraciones anónimas que han distribuido a través de las redes sociales como Twitter, Facebook, Whatsapp y Youtube.

La primera gran prueba de la mala educación es hacer creer a los padres y madres que se está distribuyendo una cartilla con contenido pornográfico a los estudiantes. Nada es más falso e irresponsable, que ha sido desmentido hasta la saciedad. Otra mentira difundida por el expresidente Uribe y su bancada: decir que la organización Colombia Diversa recibió 1.500 millones por revisar los manuales de convivencia. Esto es absolutamente falso: el convenio tiene ese valor que suma los aportes de cada institución. De hecho, Colombia Diversa aportó 50 millones de pesos en especie que consisten en la producción de un video animado sobre el tema.

Además, desde hace dos semanas han difundido la idea de que los colegios deben cambiar sus manuales de convivencia según la “ideología de género” y que para ello enviaron unas preguntas obligatorias y una cartilla que debe enseñarse a los estudiantes. Todo esto es una tergiversación de un proceso que se ha hecho con buena fe y transparencia para acompañar a los rectores en el cumplimiento de la orden de la Corte Constitucional, que establece que los manuales de convivencia deben garantizar los derechos de los estudiantes LGBTI.

No sobra seguir aclarando lo que se ha convertido en tormenta en un vaso de agua. El cuestionario de preguntas que usa el Ministerio de Educación es una herramienta de discusión con preguntas orientadoras basadas en casos que la Corte Constitucional ha estudiado sobre convivencia escolar y no pretende imponer ninguna norma particular. De hecho, las comunidades educativas mantienen su autonomía para reformar los manuales de convivencia y los padres tienen derecho a escoger la educación de sus hijos, pero todas las personas y los colegios deben respetar un mínimo democrático: garantizar la igualdad y la no discriminación de todos los estudiantes en razón de su sexualidad.

Lo que llaman la “cartilla” es un documento elaborado por una consultora de UNFPA en el marco de ese convenio entre varias instituciones, entre ellas tres agencias de Naciones Unidas (UNICEF, UNFPA y PNUD),  que desde el título anuncia que se trata de “aspectos para la reflexión”, y posteriormente se reafirma que “este documento es también una invitación”. Es evidente que es una publicación sin ningún carácter vinculante y que no fija ninguna política. O no saben leer o no quieren leer. Los panfletarios de esta estrategia se han dedicado a sacar entrecomillados de un documento como si fueran parte de un decreto, una ley o una orden de la ministra. Otra forma de mala educación: engañar a la gente con resaltados malintencionados y sin contexto de un documento no vinculante.

Todo esto lo han acompañado de chismes y mensajes en cadena que simplemente hacen una apología a la ignorancia diciendo que la ministra Gina Parody quiere imponer estas normas porque es lesbiana. Nada más falso que esto. La ministra Parody ha mantenido el tema de su orientación sexual en su vida íntima y está ejecutando esta acción por una orden de la Corte Constitucional para evitar toda forma de matoneo escolar, incluyendo la discriminación y violencia contra estudiantes LGBTI. Linchar anónimamente a una persona es otra forma de mala educación. Así operaba la cacería de brujas en la edad media cuando se usaban rumores anónimos durante mucho tiempo para no permitir la herejía ni la difusión de la herejía.

Lo más grave es que en medio de toda esta polémica se perdió el debate central: la evidente discriminación contra estudiantes LGBTI en las escuelas y las graves consecuencias del odio para la vida de nuestros niños y niñas. De hecho, quienes están detrás de esta campaña de odio están dando un pésimo ejemplo a los niños y niñas. Otro efecto de la mala educación: olvidar lo importante en un mar de amarillismo.

No nos llamemos a engaños: esta campaña contra la ministra Parody se hace con el fin de seguir discriminando en las escuelas y de paso es un linchamiento público contra todas las personas LGBTI que tanto estorbamos a los fundamentalistas.

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