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La maquinaria homofóbica

Mauricio Albarracín
octubre 5, 2016

Publicado en: El Espectador

La campaña del No al plebiscito por la paz movilizó una maquinaria homofóbica basada en las mentiras y en la satanización de una comunidad históricamente discriminada. Fuimos el chivo expiatorio del debate sobre la paz.

 

Cualquiera que haya leído el acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC puede notar que no incluye nada sobre el matrimonio o la adopción de parejas del mismo sexo, la educación sin discriminación, ni sobre el aborto, ni ningún tema moral relevante. En relación con las personas LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex), el acuerdo establecía en el preámbulo que se “presta atención a los derechos fundamentales… de la población LGBTI”. Seguidamente,  en el punto de participación política, se incluyeron dos menciones, en particular, en el fortalecimiento de los movimientos sociales y la promoción de una cultura democrática. Posteriormente, en el punto del fin del conflicto, el Gobierno y el partido surgido de la desmovilización de las FARC se comprometían a promover  un Pacto Poli?tico Nacional dónde también estaban incluidas las “organizaciones de la diversidad sexual”. Finalmente, en el punto de víctimas, se estableció que tanto la Comisión de la Verdad como la Jurisdicción Especial para la Paz tendrían en cuenta el enfoque diferencial en el desarrollo de su trabajo para determinar las afectaciones de la violencia contra las personas LGBTI. Esto último era lo más sustancial, porque reconocía que las personas LGBTI fueron víctimas de crímenes atroces, como el cometido por la guerrilla de las FARC al realizar pruebas de VIH obligatorias en la zona de despeje y desplazar a un grupo de homosexuales, como conté en una columna anterior.

Con estas referencias mínimas, que de hecho repiten lo establecido en la ley de víctimas, crearon el fantasma homosexual en el acuerdo de paz. Un concejal autodenominado “de la familia”, llegó a decir la ridiculez de que se instauraría una “dictadura homosexual”. La procuradora para la familia, la jurista Ilva Myriam Hoyos, hizo un documento para denunciar el “enfoque de género” del acuerdo de paz, algo que es sorprendente porque ella conoce de primera mano la violencia sexual contra las mujeres en el conflicto, incluido el aborto forzado. Alejandro Ordóñez hizo su parte con un video apocalíptico contra la ideología de género y el resto de fanáticos religiosos le hicieron eco.

La guerra sucia homofóbica se extendió como pólvora por las redes sociales y en las comunidades religiosas. La cereza del pastel y parte de triunfo lo dió Uribe en su discurso del domingo cuando dijo: “Reiteramos nuestro respeto a la libertad, a la intimidad de cada ciudadano y reiteramos la necesidad de estimular los valores de la familia, sin ponerla en riesgo. Los valores de familia, defendidos por nuestros líderes religiosos y pastores morales”. Incluso el expresidente señaló ayer que las iglesias evangélicas deberían estar presentes en la renegociación del acuerdo.

A todo esto lo llaman la “ideología de género”, que no es más que la homofobia con una nueva fachada. Las FARC y el Gobierno tenían una negociación acotada: tierras, participación política, política de drogas y fin del conflicto. Vale la pena reiterarlo hasta el cansancio: en el acuerdo de paz no se acordó nada sobre el contenido de los derechos sexuales y reproductivos, la familia o las libertades.

Entonces, ¿cómo es posible que la llamada “ideología de género” movilizara votantes en un acuerdo que no tiene nada que ver con asuntos morales? Lamentablemente, presenciamos una manipulación política sin precedentes de las que son responsables pastores cristianos fanáticos y el Centro Democrático a la cabeza de Álvaro Uribe. Esta campaña de guerra sucia inició con la marcha de las cartillas contra la Ministra de Educación que fue, sin lugar a dudas, el laboratorio de movilización del No para el plebiscito por la paz. Además, esta estructura de movilización tiene una relación directa con el comité promotor del referendo contra la adopción de parejas del mismo sexo y personas solteras, liderado por Viviane Morales y Carlos Alonso Lucio.

Toda esta maquinaria homofóbica nos satanizó durante la campaña. Nos dieron tratamiento de guerrilleros cuando nuestra lucha ha sido con argumentos. Llenaron de miedo a creyentes de buena voluntad que confían en sus iglesias. Le mintieron al país con el único propósito de sabotear la paz. Vale la pena aclara que no fueron todos los católicos ni todos los cristianos, porque muchos de ellos votaron Sí al plebiscito y no se dejaron manipular.

También es claro que esta maquinaria homofóbica es pequeña, pero ha empezado a secuestrar políticos que le temen a defender la libertad con la frente en alto. Por ejemplo, chantajean al gobierno a su antojo, como lo hizo Viviane Morales antes del plebiscito.

Es por eso que quienes votamos Sí y No en el plebiscito, así como quienes somos creyentes o no, debemos denunciar esta vulgar estratagema política, porque la mezcla entre fanatismo religioso y política amenaza gravemente el pluralismo garantizado por la Constitución.

Mi principal tristeza del domingo fue que algunos votantes muy religiosos se dejaron llevar por las mentiras difundida por esta maquinaria. Cuando pienso en lo ocurrido el domingo, recordé la Biblia: “Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso” (1 Juan 4:20). Aquí la mentira fue doble: no sólo votaron por el odio contra las personas LGBTI, sino que además votaron por algo que no tenía nada que ver con el acuerdo de paz. Lo más grave es que nos dejaron ad portas de volver a la guerra. Con sinceridad me preguntó ¿Es esto una actitud cristiana? O al menos ¿es esto una actitud cívica?

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