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La promesa y el perdón

Mauricio García Villegas
junio 25, 2016

Publicado en: El Espectador

En La condición humana, Hannah Arendt dice que no podemos modificar el pasado ni controlar el futuro porque el pasado es irreversible y el futuro es impredecible. 

 

Sin embargo, agrega, podemos hacer dos cosas para enfrentar esa realidad: podemos perdonar para redimir parcialmente el pasado y podemos hacer promesas para asegurar parcialmente el futuro. El perdón y la promesa son pues dos remedios para enfrentar el paso del tiempo.

Al escribir esta columna, en la mañana del jueves 23, justo antes de que se anuncie en La Habana el fin del conflicto armado, pienso que tal vez estas ideas de Arendt pueden ser útiles. En el proceso de paz, el perdón es un acto de arrepentimiento y la promesa son acuerdos destinados a finalizar la guerra. Hasta el momento hemos tenido mucha promesa y poco perdón, y tal vez por eso el posconflicto va a ser muy difícil. Me explico.

La gran mayoría de la población siente una gran antipatía por las Farc y por sus dirigentes. Los acuerdos logrados hasta el momento y la firma conseguida hoy para el fin del conflicto no disminuyen sustancialmente esa antipatía, ni avanzan de manera significativa hacia la reconciliación y el desarme de los espíritus, que son la garantía esencial de la no repetición. Más aún, en lo acordado hay cosas que aumentan la repulsión de la población hacia las Farc y por eso mismo van en contravía de la reconciliación. Una de ellas es la ausencia de penas de cárcel para los máximos responsables de la guerrilla. Si las Farc hubiesen aceptado, por razones simplemente políticas, que una parte de su dirigencia pase dos o tres años en la cárcel o al menos tenga una privación efectiva de la libertad y no simplemente una “restricción” de esa libertad (como está previsto ahora), el posconflicto, e incluso el futuro político de las Farc, tendrían hoy el panorama mucho más despejado. En este punto me parece que ambas partes se equivocaron y con esa equivocación política le dieron motivo a la extrema derecha uribista para hacer de las suyas. Nada de lo que digo, sin embargo, me impedirá seguir apoyando la paz, ni dejar de votar con entusiasmo por el sí, cuando llegue el referendo.

Aquí es donde el acto de pedir perdón puede jugar un papel importante. Si los comandantes de esa organización subversiva piden perdón a nivel nacional, en ceremonias públicas, significativas y solemnes, eso le ayudaría a la reconciliación.

Lo otro son las promesas, es decir, los acuerdos, las leyes y las reformas constitucionales que se requieren para asegurar un futuro en paz. Así como se ha hecho poco en materia de perdón y reconciliación, se ha hecho mucho en materia de promesas normativas para garantizar el futuro. Quizás el espíritu legalista que impera en Colombia (en esto las Farc son más santanderistas que el Gobierno) ha creado un desbalance a favor de las soluciones jurídicas (acuerdos, leyes, etc.) y en detrimento de las soluciones políticas encaminadas a conseguir el apoyo popular que la paz requiere.

Los actos de perdón son actos de humildad, mientras que los actos de promesa, al menos en este proceso de paz, son pactos entre iguales. Hasta el momento las Farc se han comportado como un ejército que nunca ha sido vencido (lo acaba de decir Timochenko por la televisión). Pero si las Farc quieren hacer política y conseguir el respeto de la población, tienen que dejar la arrogancia militar que hasta el momento las identifica y mostrar que pueden pedir perdón por sus actos. Para alguien que tiene pasado de victimario y quiere convertirse en un actor político y pretende, además, ganarse el respeto de la población, el acto de perdón no solo no envilece sino que engrandece.

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