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La violencia detrás de la Ruta del Oro

Natalia Duarte
abril 21, 2016

Publicado en: Global Rights Blog

Para leer esta entrada en inglés haga clic acá.Mientras toda minería causa varios problemas, incluyendo ambientales y sociales, estos son magnificados por prácticas de minería ilegal del oro.

 

Un reciente artículo de periodismo de investigación documentó los intercambios ilegales de oro entre algunos países de América del Sur (Colombia, Bolivia, Perú y Brasil) y del Norte Global (Canadá, Estados Unidos, Suiza, Islas Malvinas, Panamá y Europa). Si bien la minería en general tiene sus problemas (por ejemplo, la contaminación de los ríos), éstos se magnifican cuando las acciones en torno a la extracción de oro se realizan fuera del marco de regulación legal.

Primero, la explotación ilegal de oro tiene consecuencias negativas directas sobre los ingresos fiscales de un país. Bolivia, en lugar de recibir 30 millones de dólares por regalías mineras de oro, sólo recibió 500.000 dólares en 2011. Lo mismo ocurrió en Brasil en 2012. Mientras que la producción oficial de oro fue de 70 toneladas, la producción ilegal aumentó esta cifra a 91 toneladas, una diferencia del 30% que corresponde al no pago de impuestos. Por último, en el Perú se cree que la producción ilegal de oro alcanza casi 40 toneladas al año, lo que se traduce en una pérdida de US$257.618.358 millones de impuestos sobre la renta.

Fuente: Actualidad Ambiental Perú. Región amazónica del Perú.

Segundo, la mayoría de los casos de trata de personas relacionados con la extracción de oro se producen en las minas ilegales. Según la Organización Mundial del Trabajo, en Bolivia y Perú para 2005 13.500 y 50.000 niños/as, respectivamente, trabajaban en pequeñas minas informales. En Perú, aproximadamente 4.500 personas fueron explotadas sexualmente en 2012 en la región de Madre de Dios (en donde el 97% de las actividades mineras son ilegales y/o informales), el 78% de estas víctimas eran menores de edad. De acuerdo con la Iniciativa Global contra la delincuencia organizada de 2016, una importante cantidad de mujeres y menores son engañados con falsas promesas de trabajo o reclutados por intermediarios que les ofrecen puestos de trabajo en los campos mineros ilegales como cocineros, empleados de las tiendas o camareras. Una vez allí, las mujeres se ven obligadas a prestar servicios sexuales en los restaurantes, bares o campamentos mineros.

Minería ilegal del oro en la selva Amarakaeri en Perú. Fuente: Climate Alliance Org

Tercero, los grupos armados financian sus operaciones por medio del tráfico de oro como es el caso de las guerrillas y los grupos neo-paramilitares en Colombia o los traficantes de drogas brasileños que desplazan a los propietarios de tierras y lavan dinero en zonas de explotación de oro.[1] Además, la minería criminal conduce a altas tasas de homicidios. Un estudio realizado en Colombia encontró que el aumento en el precio internacional del oro aumenta la rentabilidad de las actividades mineras ilegales, lo que lleva al aumento de la tasa de homicidios y del número de víctimas de masacres perpetradas por grupos armados ilegales.

Cuarto, los conflictos por la tierra debido a la minería ilegal de oro son muy frecuentes. Por ejemplo, en Brasil, los garimpeiros (mineros pequeños e informales) invaden los territorios indígenas en busca de oro. Los garimpeiros incluso han traspasado a los países vecinos como Bolivia, Perú, Colombia y Guyana, provocando conflictos violentos y el asesinato de líderes indígenas. Los conflictos internos de la comunidad también son habituales debido a la cooptación de indígenas, por parte de los garimperios, para trabajar en las minas. Por otro lado, hay traficantes de tierras en Bolivia que invaden, toman posesión y comercian tierras protegidas por derechos de uso reconocidos por el Estado, como concesiones forestales y bosques primarios o de plantación. Por último, los trabajos de minería ilegal son altamente inseguros porque los mineros no reciben seguridad social, la remuneración es muy baja y los niños y las mujeres suelen ser explotados.

Una vez más, tanto la extracción de oro legal como la ilegal tienen graves problemas en común. Sin embargo, bajo el supuesto de que un cierto grado de minería es necesario para la tecnología y otras industrias cruciales, es importante clausurar la ruta de la minería de oro ilegal. Para esto, las autoridades locales, nacionales y transnacionales deben fortalecer la colaboración entre los países, se debe garantizar la presencia del Estado, sobre todo, en las fronteras de los países donde este tipo de minería se lleva a cabo principalmente, es necesaria una legislación más clara que diferencie los tipos de minería y sus impactos, y por último implementar una estricta reglamentación para garantizar la minería ambiental y socialmente sostenible.

En cuanto a los consumidores, la falta de títulos mineros facilita el tráfico de oro haciendo que la mayor parte del oro ilegal pueda ser fácilmente fundido con el oro extraído legalmente.[2] En este sentido el consumidor podría estar contribuyendo con la extracción de oro en situaciones injustas y violentas. Para evitar que esto pase, los mismos consumidores deberían reclamar por regulación más estricta y hacerse conscientes acerca de lo que pagan, porque puede ser que también estén pagando por violencia y desesperación.

[1] Vortex Foundation (2015). Gold Trafficking in Colombia and the Andean Region (In press).

[2] La minería ilegal usualmente se confunde con la minería informal. La primera es aquella que no puede ser formalizada por no cumplir ciertos características (no es ecológica) y que puede resultar en minería criminal. La minería informal consiste en la falta de títulos mineros legales que puedan ser formalizados con el tiempo.

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