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Con esta nueva publicación hicimos memoria sobre algunos daños que sufrieron las poblaciones campesinas a causa de las fumigaciones aéreas con glifosato en Caquetá. | Ilustración: Elizabeth Builes

Lanzamos informe sobre el glifosato y la guerra en Caquetá, que será presentado a la Comisión de la Verdad

Si la coca fue la gasolina del conflicto, la política de drogas fue la catalizadora de la violencia del Estado en los territorios cocaleros de Caquetá.

Por: DejusticiaJuly 15, 2020

Dentro de un proceso de investigación que realizamos con el apoyo de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro) en el departamento del Caquetá, hicimos memoria sobre algunos daños que sufrieron las poblaciones campesinas a causa de las fumigaciones aéreas con glifosato. El informe que se titula “El daño que nos hacen: glifosato y guerra en Caquetá” recoge un ejercicio de memoria histórica a través de las voces de cuatro campesinos sobre el territorio, la presencia de la coca, la guerra y los daños del glifosato en Caquetá.

¿Por qué hablar de memoria histórica sobre los daños provocados por las aspersiones aéreas desplegadas por el Estado colombiano? Por la relación que tuvieron con el conflicto armado.

Si la coca fue la gasolina del conflicto, la política de drogas fue la catalizadora de la violencia del Estado en los territorios cocaleros de Caquetá. La memoria sobre los sucesos de la guerra, en un país como Colombia, se queda corta si no cuenta las violaciones de los derechos humanos que han implicado las políticas antinarcóticos sobre poblaciones campesinas. Las fumigaciones son una estrategia éticamente reprochable, que ni siquiera cuenta con suficientes mecanismos institucionales para recopilar, documentar y evaluar daños sobre las poblaciones que se asientan en los territorios cocaleros, ni mucho menos mecanismos de reparación.

El debate alrededor del uso del glifosato, vigente en la actualidad por los intentos del gobierno por reanudar la práctica, se sigue realizandocon estudios a nivel internacional y con poca evidencia aplicable al caso de las aspersiones aéreas en el campo colombiano. Lo que muestra cierta negligencia del Gobierno nacional de evaluar de manera adecuada sus estrategias antinarcóticos.

Este informe pretende recordar, en el marco de los procesos ante la Comisión de la Verdad, que bajo las avionetas quedó silenciada la población campesina sobre los daños que causa el glifosato en sus cuerpos y en sus tierras. Por esta razón, el texto cuenta con cuatro relatos escritos en primera persona, tejidos a partir de las observaciones, las entrevistas, los talleres y las conversaciones realizadas durante el trabajo de campo. Consideramos que presentar las historias de personajes como Licho, Adolfo, Lucía y Beatriz contribuye a la mayor inclusión de las opiniones y visiones de las poblaciones que sufrieron los rigores de la guerra, además de resaltar sus explicaciones y sentimientos alrededor de las afectaciones sufridas por el glifosato

A partir de las principales conclusiones extraídas de los relatos, el informe da algunas ideas sobre las aspersiones aéreas y su relación con el DIH para pensar las afectaciones como parte de infracciones al derecho internacional humanitario cuyas víctimas deben ser atendidas bajo los estándares del derecho internacional reconocidos por Colombia. Lo que quiere decir que existe una necesidad de reconocer y atender los derechos de las víctimas, más allá del debate jurídico, por parte de instancias de memoria histórica que reconozcan tal calidad a las familias habitantes de zonas cocaleras que no solo en Caquetá, sino en varias regiones del país, padecieron las campañas de fumigación.

Al final entregamos recomendaciones a la CEV con el propósito de impulsar el reconocimiento de verdad sobre las afectaciones, la superación de las condiciones marginales que mantienen las familias en las regiones cocaleras y recomendar al Gobierno nacional un conjunto de garantías de no repetición.

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