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Las FARC y el derecho humanitario

Nelson Camilo Sánchez León
mayo 6, 2012

Publicado en: El País

En los momentos en que más álgido se ha puesto el debate sobre el marco jurídico para la paz, más han ayudado las FARC, con sus acciones, a que se dificulte un posible escenario de negociación política del conflicto armado.

 

En los momentos en que más álgido se ha puesto el debate sobre el marco jurídico para la paz, más han ayudado las FARC, con sus acciones, a que se dificulte un posible escenario de negociación política del conflicto armado.

La equivocada tesis del “prisionero de guerra” que se pretende usar para intentar legitimar la detención del periodista francés Roméo Langlois es tanto jurídicamente insostenible, como políticamente odiosa.

Es jurídicamente insostenible pues la retención de civiles configura una infracción grave al derecho internacional humanitario. El secuestro es incluso considerado por el Estatuto de la Corte Penal Internacional como un crimen de guerra que si no es investigado en las cortes nacionales puede ser eventualmente objeto de juzgamiento por parte de dicho tribunal internacional.

De nada sirve sostener que al momento de la acción bélica el periodista fue confundido con un miembro de la fuerza pública, pues una vez se conoció que se trataba de un civil, la obligación del grupo armado era liberarlo. El derecho humanitario protege, a través del principio de distinción, de manera primordial a los civiles.

Por otro lado, el argumento es políticamente odioso pues justifica una conducta que el propio grupo armado ha considerado como reprochable y, por ello, hace menos de un mes se había comprometido a erradicarla.

Además, el doble discurso de las FARC le envía claras señales al país de que no tienen el compromiso para honrar, siquiera mínimamente, los esfuerzos que se hacen en el Congreso para no echarle llave del todo a una salida negociada al conflicto.

Esta semana se decía que el marco jurídico para la paz había logrado unir en su contra a actores tan disímiles como José Miguel Vivanco y Álvaro Uribe. Ahora parece que un tercer aliado inesperado se les suma: la propia guerrilla.

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