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¿Lectores frívolos o medios frívolos?

César Rodríguez Garavito
marzo 7, 2011

Publicado en: El Espectador

DANIEL SAMPER PIZANO PUBLICÓ, en El Tiempo dominical, una columna sobre la banalidad de las noticias preferidas por los lectores de ese diario.

 

DANIEL SAMPER PIZANO PUBLICÓ, en El Tiempo dominical, una columna sobre la banalidad de las noticias preferidas por los lectores de ese diario.

Con la agudeza de siempre, plantea preguntas provocadoras: “Para dar gusto a sus lectores, ¿debería El Tiempo abrir más espacio a las noticias ligeras? ¿Es la violenta realidad del país la que lleva a los lectores a escapar leyendo notas sobre romances, televisión y crímenes específicos?”.

Adelanto mis respuestas: no y no. Pero vamos por partes. Las preguntas salieron de una comparación de las notas más leídas en eltiempo.com, de un lado, y en periódicos como The New York Times, Le Monde y El País, del otro. En El Tiempo las noticias más visitadas tenían que ver con la lechuza muerta a patadas en Barranquilla, el programa de televisión de Los Simpsons, lo que “debes hacer” para mantenerte bella después de los 40 y la pinta de Lady Gaga. Los lectores de los otros diarios leían asuntos un tris más serios, como las revoluciones del mundo árabe, las más importantes en 30 años.

Ante semejante contraste, Samper sospecha que aquí “las que destacamos los periodistas como noticias gordas no suelen coincidir con las que interesan a los lectores”. Pero, ¿y si el problema es el contrario, es decir, que los periodistas aquí se dedican a resaltar lo frívolo, y los lectores les siguen la cuerda? ¿No será que los lectores son insustanciales cuando lo son los medios que consumen?

Para explorar esta otra mitad de la historia basta hacer otra comparación rápida, entre eltiempo.com y otros medios competidores. Resulta que, en todos, hay una relación previsible entre lo que el medio resalta y lo que la gente lee. Por ejemplo, este domingo, la imagen de eltiempo.com que atrapaba de inmediato la atención era la foto destacada de una mujer en topless, cuyos labios rojísimos se alargaban como en un beso y parecían susurrar al oído del lector el siguiente titular: “¿Por qué el sexo oral y el cáncer de boca y garganta van juntos?”. Qué sorpresa que la noticia estuviera entre las más visitadas. En cambio en Semana, que resaltaba noticias de política, lo más leído eran las agudas opiniones de sus columnistas. Algo parecido se veía en La Silla Vacía, que abría con una larga entrevista con el director de Planeación Nacional y cuya audiencia devoraba noticias sobre el uribismo y el Partido Verde. Y los lectores de El Espectador seguían el ritmo de las trascendentales revelaciones de Wikileaks, que ocupaban el cabezote de su portal virtual.

Así que los lectores se pueden inclinar por cosas distintas, dependiendo de lo que les propongan. Cuando la oferta consiste en un contenido hecho para encajar en un formato de revista de farándula, los lectores consumen eso: el pan y el circo de la era digital. Lamentablemente, esa es la opción que parece estar tomando El Tiempo. Y esos son los lectores que está cultivando.

Más allá de ese caso, la comparación deja preguntas para los medios escritos nacionales en general. Es verdad que lo ligero vende, y que hasta en los mejores periódicos del mundo hay temas livianos que causan furor entre los lectores. Basta ver cómo circulan las historias sobre dietas o salud en The New York Times. También es cierto que los colombianos leemos poco y que sería suicida para un medio publicar crónicas tan extensas como las que son rutinarias en esos diarios.

Pero me cuesta entender por qué ni las revistas se atreven a publicar textos de esa extensión. O por qué los diarios rara vez les dan rienda suelta a las crónicas y reportajes que no quepan en un par de páginas.

El resultado es que este país, lleno de historias por contar, se queda con ellas guardadas, como lo dijo Germán Castro Caicedo. Bastaría que les dejaran un rincón entre la historia de la lechuza, la de Lady Gaga y la del sexo oral. Seguro estarían entre las más leídas.

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