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Lo que se le escapa a los vagones rosados

Laura Gabriela Gutiérrez Baquero
marzo 14, 2014

Publicado en: La Silla Vacia

Partiendo del hecho de que la destinación de vagones especiales para mujeres en el Transmilenio es una medida de choque, y que por lo tanto solo pretende mitigar los efectos de un problema puntual, no se le pueden hacer exigencias de gran alcance.

 

En este sentido, se sobreentiende que la separación no va a eliminar los elementos culturales que permiten a algunos hombres apropiarse del cuerpo de las mujeres, ni tampoco va a erradicar otro tipo de violencias aparte del acoso.

Lo anterior per se ya es un problema, y es asimilable a la discusión sobre si atacar de fondo los problemas de iniquidad social que promueven la inconformidad o a las estructuras armadas, para garantizar el derecho a la paz. Por lo menos 50 años de historia nos muestran los efectos de no atacar los problemas de fondo. Pero esta es una discusión mucho más amplia.

Volviendo a la medida provisional, hay por lo menos tres indicadores que nos señalan si una medida de este tipo se debe o no rechazar de tajo. El primero es que la medida no sirva de nada. Aquí encuentra un punto a favor –relativo- a mi modo de ver, ya que en efecto separar a los hombres de las mujeres va a evitar que estos tengan facilidad para acosarlas, quizás tanto como es efectivo no sacar el celular en la calle para que no se lo roben.

El segundo indicador apunta a que la medida tenga efectos contraproducentes. En este punto la medida pierde, ya que, aparte de no contribuir en la eliminación de estructuras machistas y patriarcales, termina reforzándolas en la medida en que (con o sin intención) indica que los abusadores no pueden cometer sus actos es por el hecho de no tener físicamente al alcance a las mujeres y no porque no deban hacerlo. En consecuencia, incluso podría suceder que se genere la creencia de que, si una mujer se sube a un vagón mixto, es porque quiere que la toquen. Pero además, la medida puede también limitar el empoderamiento de las mujeres frente a estos escenarios, pues se refuerza su condición de vulnerabilidad y se le protege excesivamente, lo cual, impide que estas situaciones se manejen entre iguales. Justamente por esto, podría considerarse que el primer indicador es relativo, en la medida en que al hacer el balance costo/beneficio, la medida termina siendo muy costosa para el beneficio puntual que se recibe.

Finalmente, el tercer indicador apunta a que la medida dilate la adopción de otras más profundas. Frente a este punto, los vagones también se rajan por dos razones. Primero, porque en efecto hasta el momento no se han anunciado medidas de mediano y largo plazo que ataquen las estructuras culturales y sociales permisivas con este tipo de abusos. Pero además, tampoco se han anunciado medidas pares, es decir, otras estrategias de choque que ataquen el problema desde otras perspectivas. Ejemplo de estas podrían ser la capacitación a los conductores para reaccionar en estos casos, la culturización de los usuarios a través de mensajes contundentes en estaciones y buses, y la destinación de un grupo móvil que apoye a las mujeres en los casos puntuales.

Con dos puntos y medio en contra sobre tres, la destinación de vagones sólo para mujeres parece rajarse incluso como plan de choque.

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