Los foros

Por: Mauricio García Villegasnoviembre 14, 2008

EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y pluralista todos deberían poder decir lo que quieran, incluso cuando lo que dicen es, a todas luces, infundado


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EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y pluralista todos deberían poder decir lo que quieran, incluso cuando lo que dicen es, a todas luces, infundado.
Tolerar las opiniones de los demás, aún cuando esas opiniones sean intolerantes, es una exigencia fundamental de las sociedades democráticas. Fundados en este ideal, los periódicos de casi todo el mundo han creado foros en sus páginas virtuales para que los lectores comenten lo que se publica. Pero el resultado de este experimento, por lo menos entre nosotros, es más bien desalentador.

Lo primero que habría que decir es que quienes comentan no representan bien a los lectores. Hay muchos que nunca participan, empezando por los mismos periodistas y columnistas. Se sabe que los jóvenes y los residentes en el exterior, en cambio, están sobre-representados. Eso crea no sólo un sesgo en favor de los temas relativos a la violencia, sino también un marcado maniqueísmo en los comentarios políticos. No obstante, el hecho de que el foro se presente como una especie de evaluación popular de las opiniones, hace que muchos columnistas terminen adaptando sus escritos a la sensibilidad promedio de sus comentaristas.

Pero eso es un mal menor. El gran problema de los foros está en la falta de responsabilidad de los que participan. No me refiero a lo que dicen los foristas, sino más bien a lo que no dicen, es decir, al hecho de que no están obligados a responder por sus comentarios. A diferencia de cualquier otro foro – desde el Agora griega hasta el Parlamento inglés – aquí, en el periódico, siempre es posible decir una barbaridad y salir corriendo. Pero los foristas no sólo no responden, sino que ni siquiera se identifican. En el Hide Park de Londres existe un sitio conocido como The Speaker Corner, en donde la gente se para en un banquito y dice lo que quiere, sin que nadie tenga derecho a callarlo. Allí también hay libertad total para expresar lo que uno piensa, pero, a diferencia de lo que sucede en nuestros foros, la gente da la cara y se expone ante los demás, lo cual es una manera de responder.

Los comentarios de nuestros foristas se parecen más a los grafitis que se escriben en las paredes de los baños públicos que a las opiniones del Agora o del Speaker Corner. Son una ocasión para el desahogo. Por eso suele haber mucho de privado, de íntimo, en los comentarios que se hacen a las columnas. A veces parecen más gritos que ideas. El forista escribe desde una soledad libertaria que lo inclina a descargar sus pasiones y sus frustraciones, más que a involucrarse con otros en un intercambio de ideas.

¿Significa esto que los periódicos deban acabar con los foros? No lo creo. Eso sería tanto como botar al bebe con el agua de la bañera, como se dice. Lo que hay que hacer es crear las condiciones para que se logre la mayor participación e intercambio de opiniones posibles. ¿Cómo se logra eso? No lo sé. Sólo tengo en mente un principio general, que es este: tolerar a los intolerantes siempre y cuando sus comentarios no pongan en tela de juicio el carácter plural y participativo del foro. Es fácil decirlo; otra cosa es lograrlo, lo sé. Pero el hecho de que sea difícil y costoso no es una justificación para mantener lo que hoy en día tenemos.

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