| Por: Mauricio García Villegasagosto 21, 2007

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Los héroes de Bavaria: Una cuña cuestionable

Mi reproche contra esta publicidad, según la cual obreros y campesinos “héroes” merecen una cerveza al final del día, no es de tipo moral; es un argumento de política pública.

Según Bavaria, en este país abundan los héroes. Ellos son los millones de obreros y campesinos colombianos que al final de la jornada de trabajo han cumplido con su deber. Por eso, por hacer lo que deben, merecen tomarse una cerveza Pilsen. Eso dice una publicidad de Bavaria que por estos días inunda al país.

La cuña no suena mal. Más aún, parece algo banal y hasta gallarda, por la exaltación que hace del trabajo obrero y campesino. Sin embargo, tiene muy poco de ingenua y menos aún de dignificante. Para decirlo en el lenguaje descarnado de los publicistas, la cuña busca aumentar los niveles de consumo de cerveza entre campesinos y obreros, es decir, en esa franja de la población en donde está el grueso del mercado de la cerveza (un negocio que produce más de 300 mil millones de pesos en utilidades al año). Para capturar este mercado, la publicidad invita a obreros y campesinos -no a sus mujeres- a consumir cerveza durante la semana, con el mensaje de que su trabajo -no el de sus mujeres- es un acto heroico, y por eso merece ser recompensado con un par de cervezas.

No voy a recurrir al viejo discurso moralista y clasista que desde la colonia se utiliza, sobre todo por la iglesia, para criticar el consumo de alcohol en los barrios bajos, y según el cual, cuando los pobres se emborrachan, pecan y delinquen más de lo normal.

Mi reproche contra la publicidad de Bavaria no es de tipo moral; es un argumento de política pública. Bavaria está en todo su derecho de vender sus cervezas a quien quiera. Lo que no me parece es que, a través de la radio y de la televisión, utilice el espectro electromagnético, que es un bien público -el bien público que más influye en la formación de la cultura social y política del país- para vender un producto cuyo consumo causa serios problemas sociales, como, por ejemplo, la violencia intrafamiliar y el alcoholismo, para solo citar dos de ellos.

Teniendo en mente estos problemas, hace dos años la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) prohibió la publicidad de licores y cigarrillos. Pero Bavaria y las demás compañías productoras pusieron el grito en el cielo. Entonces la CNTV, con la falta de independencia que la caracteriza, se echó para atrás y permitió que esa publicidad pasara en horario nocturno. Según Bavaria, la publicidad resulta inofensiva si los derechos de los niños no se vulneran, y eso se consigue si se transmite después de las 10 de la noche. Con eso quedó convencida la CNTV.

Pero la defensa que los cerveceros hacen de la niñez es una farsa. Según la OIM, el consumo de alcohol es responsable en el 16 por ciento de los casos de maltrato de mujeres y en el 5 por ciento de los casos de violencia contra los niños. Sin embargo, cuando el consumidor tiene una cultura machista y, además, padece dificultades económicas, el riesgo de que ocurran actos de violencia intrafamiliar supera el 50 por ciento. La propaganda de Bavaria propicia justamente la unión de estos tres factores: se dirige a estratos pobres de la población; es marcadamente machista -el trabajo heroico es el de los hombres, no el de las mujeres- y por supuesto promueve el consumo de alcohol. Como quien dice, el peligro está en que la publicidad manipule a los adultos, no a los niños. Mejor dicho, los niños y las mujeres resultan ser las verdaderas víctimas del alcohol que consumen “los héroes” que tienen por padres y por maridos.

Es difícil entender cómo un gobierno que asume esta actitud complaciente con el consumo de cerveza lidere una cruzada contra la despenalización del consumo mínimo de droga que estableció la Corte Constitucional. Pero pedir al Gobierno consistencia en estos asuntos es, eso sí, esperar de él un acto heroico.

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