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Los milagros de las pirámides

César Rodríguez Garavito
diciembre 1, 2008

Publicado en: El Espectador

LOS CULEBREROS DE PUEBLO TENÍAN razón: las pirámides sí son objetos mágicos, talismanes que logran lo que parecía imposible. Para la muestra están los dos milagros que obraron las pirámides financieras al venirse abajo en las últimas semanas.

 

LOS CULEBREROS DE PUEBLO TENÍAN razón: las pirámides sí son objetos mágicos, talismanes que logran lo que parecía imposible. Para la muestra están los dos milagros que obraron las pirámides financieras al venirse abajo en las últimas semanas.

El primer milagrito es la discusión pública entre los analistas que han querido explicar la crisis. Algo muy raro en un país donde los intelectuales y la sociedad aborrecen la introspección, ese psicoanálisis colectivo que muestra lo más oscuro del alma nacional.

Pues bien: el milagro es que en ese contexto hayan proliferado el debate y las hipótesis alternativas sobre la causa del descalabro de las pirámides. Algunos hemos dicho que se encuentra en la combinación explosiva de una cultura traqueta y un Estado precario. Otros nos han criticado centrándose en el lado cultural del argumento (olvidando su lado estatal) y diciendo que la cultura mafiosa no explica mucho, porque pirámides se han caído en otras partes del mundo. Y otros menos rigurosos, como Alfredo Rangel, critican el argumento del país mafioso pero se limitan a hacer un llamado a estudiar las crisis de otros países.

Soy el primero en sumarse al entusiasmo por la sociología y la ciencia política comparadas. Porque nada le ha hecho más daño a las ciencias sociales criollas que la tesis implícita de muchos colombianólogos y violentólogos, según la cual aquí no hay nada que comparar porque vivimos una situación única en el mundo.

Así que bienvenidos los paralelos con otras pirámides, con otros castillos de naipes que se han caído en Rusia, Albania y otros países. Pero mi argumento sigue en pie y gana en cobertura geográfica: allá también se vivía la fiebre de la plata fácil, pero combinada, repito, con el tipo de Estado precario, poroso y fragmentado que el gobierno de Uribe ha impulsado en Colombia.

Lo cual nos lleva al segundo milagrito de las pirámides: haber rayado el teflón que parecía cubrir a este gobierno. Los triangulitos mágicos parecen estar logrando el efecto que no tuvieron la parapolítica, la yidispolítica o los nexos oscuros de tantos funcionarios y políticos de la coalición uribista.

Queda ahí otro acertijo para los colegas politólogos y sociólogos, que llevaban años devanándose los sesos para explicar el desafío del uribismo a la ley de la gravedad política. Yo, por mi parte, arriesgo una hipótesis y una predicción.

La hipótesis es que, como ya otros lo habían advertido, la luna de miel de Uribe se debió, en buena parte, a unas circunstancias internacionales excepcionales. Con la economía mundial a todo vapor y el clima político derechizado por la “guerra contra el terrorismo” de Bush, el barco de Uribe tenía el viento a su favor. Ahora que vienen las épocas de las vacas flacas y Bush sale por la puerta trasera, veremos cuánto impulso tenía el Gobierno por sí solo.

Creo que no tanto. Por lo menos no el suficiente para aguantar una de las amenazas más serias que pueda enfrentar un gobierno: la furia masiva de quienes ayer tenían y hoy no tienen nada. La misma furia que desatan todas las crisis financieras que han tumbado gobiernos, desde el corralito argentino de 2001 hasta los colapsos bancarios ecuatorianos de la década pasada.

Por eso, el pronóstico es que la rayadura del teflón va a ser permanente. Y va a forzar una transición en el uribismo y en la pelea por la Presidencia en general. Para darle gusto a los que piden análisis comparados, la situación más cercana es la de Menem hace exactamente 10 años, cuando su hegemonía de una década en la política argentina comenzaba a hacer agua. Y ya sabemos cómo terminó la historia.

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