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Los santandereanos que no amaban a las mujeres

Mauricio Albarracín
diciembre 8, 2015

Publicado en: El Espectador

Los asesinatos de mujeres ocurren ante nuestros propios ojos, en nuestros barrios y a cualquier hora del día.

 

Según Medicina Legal, entre el 2014 y el 2015 se han presentado 1.351 feminicidios, es decir, homicidios contra las mujeres por el solo hecho de serlo. Por ello el pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, la Fundación Mujer y Futuro, organización feminista santandereana, inició una campaña llamada “Ser mujer sin ser asesinada en el intento”, con el propósito de hacer visibles los feminicidios en Santander, que para este año ya suman 14. Los hechos reunidos en la denuncia de la organización son aterradores y han sido reportados de forma sistemática por la sección judicial del periódico Vanguardia Liberal.

El 6 de enero de 2015, una mujer cuyo nombre no se hizo público (35 años) fue asesinada por su compañero sentimental con un arma de fuego, en el barrio La Castellana de Floridablanca. El hombre se suicidó después del homicidio y, según informa el cronista, estaba en “un aparente ataque de celos”. Todo esto ocurrió frente al hijo de la víctima. Unas semanas después, el 31 de enero de 2015, Natalia Prada (21 años) fue asesinada por su excompañero con un disparo durante una cita que habían acordado para discutir la custodia de su hijo, en el barrio Portal de Belén de Piedecuesta. Después de cometer el homicidio, el hombre se suicidó.

El 25 de febrero de 2015 a las 12:30 pm, Crudelia Valbuena (45 años) fue asesinada con disparos de arma de fuego propinados por su compañero sentimental, en el barrio Las Américas de Bucaramanga. El hombre se suicidó después de cometer el hecho. A Crudelia la sobrevive su hija de 8 años. Horas más tarde, aproximadamente a las 7:20 pm, Eraida Calderón (37 años) fue asesinada en el barrio Villa de San Carlos de Piedecuesta por su excompañero sentimental, quien la apuñaló en la cara, el cuello, el pecho, los brazos y la espalda. Según Vanguardia Liberal, los hechos se dieron “en medio de una acalorada discusión de tipo pasional” y el comandante de la Policía de Bucaramanga comenta: “Ellos habían tenido una relación sentimental, pero ella había decidido ponerle fin”.

El 1 de junio de 2015 a las 4:50 am, Flor Ángela Hernández (21 años) fue asesinada por su compañero sentimental con una herida en el tórax causada por un arma cortopunzante, en el barrio Nuevo Girón. Según informa Vanguardia Liberal, “[c]uando la mujer apareció, se generó una discusión por celos y, según datos entregados por las autoridades policiales, el esposo le reclamaba por qué había llegado tan tarde a casa y le había apagado el celular”. El mes siguiente, el 13 de julio de 2015 a las 5:30 pm, Angélica Cala (28 años) fue asesinada por su compañero a machetazos a la vista de sus vecinos en el barrio Mateguada de San Gil. Según informa Caracol Radio, estaba “borracho y al parecer cegado por los celos”.

El 10 de agosto de 2015, asesinaron a dos mujeres en Bucaramanga. Aproximadamente a las 5:30 am, Rosa Delia Camacho (30 años) fue asesinada con varias puñaladas en el cuello propinadas por su novio, en el barrio Claveriano. Hora más tarde, Teresa Rojas Flórez (31 años) fue asesinada por su excompañero sentimental con cuatro puñaladas que le propinó en la vía pública del barrio Villa Sara.

El 6 de octubre de 2015, Leidy Katherine Pérez (19 años) murió a causa de una puñalada en el cuello propinada por su exnovio, en el sector de Los Colorados de Bucaramanga. Según informa Vanguardia Liberal, “[t]odo apunta a que la pareja se encontraba en ese sector discutiendo sobre el futuro de su relación, pues, al parecer, ella quería terminar con él”. Al día siguiente a las 6:00 pm, Diana Marcela Mantilla (28 años) fue encontrada semidesnuda, con signos de violencia sexual y muerta, al parecer por asfixia mecánica causada por una bolsa plástica. Esto ocurrió en su residencia en el barrio Paseo España de Piedecuesta en la cual también tenía una tienda.

El 8 de noviembre de 2015 a las 6:30 am, Mónica Roldán (35 años) fue asesinada por su esposo con dos puñaladas por la espalda, en el barrio Zarabanda de Bucaramanga. Según se cuenta en el barrio, “las peleas entre la pareja eran frecuentes y en ocasiones anteriores ya se habían agredido físicamente”. Su caso es aún más grave porque ella fue herida por su esposo, los vecinos la llevaron al centro de salud y posteriormente al CAI y la policía la devolvió a la casa donde finalmente fue asesinada.

Estos casos ocurridos en Santander son sólo una muestra regional de una crisis nacional. La crueldad con las que las asesinaron se agrava con la indolencia estatal y nuestra incapacidad de indignarnos. Todos estos crímenes han sido cometidos por parejas o exparejas de las mujeres y regularmente han ocurrido en sus casas, eventualmente con la presencia de sus hijos. También los asesinos se tratan de excusar en sus celos, enojo u otras reacciones contra las mujeres. Otra regularidad que se deduce de los relatos es que estas mujeres tomaron decisiones autónomas frente a los agresores. No se trata de monstruos ni psicópatas, tampoco de crímenes pasionales o domésticos, lo que estamos presenciando es una epidemia de machismo que mata brutalmente en silencio y con complicidad social.

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