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Más negros que Neymar

César Rodríguez Garavito
julio 15, 2014

Publicado en: El Espectador

Alguna vez le preguntaron a Neymar si había sido discriminado por su color de piel. “Nunca, ni dentro ni fuera del campo de juego”, respondió. “Porque yo no soy negro, ¿verdad?”

 

La duda al final de la respuesta del 10 brasilero –como preguntándole al entrevistador de qué color lo ve y pidiendo confirmación de su blancura— recuerda que la raza no es un asunto puramente subjetivo. Uno no escoge su color ni el trato distinto que recibe dependiendo de si su piel es oscura o clara. El racismo y la identidad racial dependen no sólo de la autopercepción, sino de la mirada y las reacciones de los demás.

Por eso es problemático decir que “negro es todo el que se sienta negro”, como lo hizo un magistrado del Consejo Nacional Electoral al explicar la decisión que avala el robo de las dos curules para afros en la Cámara de Representantes por parte de candidatos que nunca han tenido que soportar los vejámenes de la discriminación racial, por la simple razón de que nadie los reconocería como negros. Como lo denunciaron líderes afrocolombianos que presentaron una tutela para evitar la usurpación, la tez clara de Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante no es su único impedimento: nunca han trabajado por las comunidades negras y fueron respaldados por una organización desconocida que sería manejada por el controvertido representante Yahir Acuña.

¿Por qué el Consejo Electoral no ve lo que los demás notan?

Porque decir “negro es todo el que se sienta negro” se ha vuelto la forma políticamente correcta de esquivar la incómoda conclusión de que el color y los rasgos físicos tienen consecuencias en una sociedad desigual. Quienes tienen tez oscura o rasgos afro siguen recibiendo menos oportunidades políticas, educativas o laborales en Colombia, como lo han mostrado estudios del Observatorio de Discriminación Racial y el proyecto PERLA de la Universidad de Princeton. Si cualquiera se pudiera autorreconocer como negro, perderían sentido las iniciativas diseñadas para contrarrestar esa discriminación, como las curules especiales.

Afortunadamente, hay experiencias exitosas que muestran que es posible evitar el oportunismo tipo Bustamante y Orozco. Por ejemplo, las universidades brasileras llevan una década dando cupos especiales a los ciudadanos negros o mulatos como Neymar, que solían llegar sólo hasta la secundaria. Los comités de admisión no se contentan con el autorreconocimiento del candidato, sino que tienen en cuenta su color de piel y su potencial para contribuir a cerrar las brechas entre blancos y negros.

La alusión a Brasil nos lleva de regreso a Neymar y el mundial que acaba de pasar. La prueba de que la raza importa y no es sólo un asunto de autopercepción es que, así como Bustamante y Orozco se intentan “oscurecer”, Neymar ha hecho todo por “blanquearse” en los últimos años (vean sus fotos en internet). Como sabe que el racismo es común en su deporte y en su país, se ha tinturado y alisado el pelo, coloreado de rubio la barba y cuidado de mantener su piel menos oscura. Pero muchos lo siguen viendo como el típico mulato brasilero de las fotos de la adolescencia, más cercano en color y estatus social a Juan Camilo Zúñiga, el jugador colombiano que sufrió toda suerte de insultos raciales por haberlo lesionado.

Lo cual recuerda que la mayoría de jugadores de nuestra selección es parte de la población afro que sigue siendo discriminada y para quien el robo de las curules es una afrenta. El mínimo homenaje que les puede hacer el Gobierno nacional es cumplir su promesa de objetar esa elección. A pesar de lo que piense Yahir Acuña. 

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