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Michelle y Madonna

Nelson Camilo Sánchez León
diciembre 24, 2016

Publicado en: El Espectador

En esta columna voy a tomarme la libertad de hacer dos recomendaciones a quienes quieran aprovechar el descanso navideño para escuchar o repetirse dos discursos poderosos e inspiradores. Para mí, los dos mejores discursos pronunciados este año.

 

El primero es el discurso de Michelle Obama en la campaña presidencial de Hillary Clinton días después de que se conoció el audio en el que Donald Trump se vanagloriaba de hacer avances sexuales no consentidos a mujeres, sin ninguna consecuencia negativa para él.

Como es un discurso político, hacia la mitad se vuelca sobre la candidata y sus virtudes, pero nada de eso invalida los preciosos primeros 12 minutos en los cuales la señora Obama clama por sociedades que “enseñen a las niñas a que deben ser tratadas con dignidad y respeto y que sus voces deben ser escuchadas”. Un discurso en donde denuncia y se opone a la cultura del machismo que se precia de ejercer violencia contra las mujeres, incluso de naturaleza sexual. Esto gracias a una sociedad que parte de la “creencia de que los hombres pueden hacer lo que quieran con las mujeres”.

Es como si estuviera describiendo, en parte, a la sociedad colombiana, y ojalá sus palabras salieran del contexto de la campaña de los Estados Unidos y se repitiera su mensaje de que los “verdaderos hombres, esos que son modelos a seguir, no necesitan pordebajear a las mujeres para triunfar”. Tanto como debería repetirse su sentido grito de “¡Ya basta!”.

El segundo gran discurso del año lo dio hace unas semanas la Reina del Pop, Madonna, en la aceptación del premio a la mujer del año de la industria musical norteamericana. El de Madonna parece un discurso menos calculado, más audaz, más personal, pero igualmente poderoso.

Es el discurso de una mujer que ha tenido que enfrentar distintos tipos de violencia por ser mujer, y aún más por ser una mujer con carácter y sueños. De las cosas que más me impactaron de su discurso es cómo los ataques provienen de distintos frentes (buena parte de lo que se consideraría fuego amigo) y no terminan ni habiendo alcanzado fama y prestigio.

Madonna denuncia no sólo haber sido abusada y discriminada por la industria de la música cuando era una novata intentando hacer una carrera (y que sólo pudo tener un descanso cuando se casó y “tuvo un hombre a su lado”), sino además por la sociedad en general, que le exige comportarse de una manera específica, o por un sector del feminismo, que la ha acusado de ser una traidora de la causa por “sexualizarse”.

Como lo dice en su discurso, no es sólo “comportarte como los hombres quieren que te comportes, sino comportarte como a muchas mujeres les parece que deberías comportarte cuando estás cerca de los hombres”.

Y esas reglas sociales no terminan cuando ya se es una mujer empoderada y exitosa. En la sociedad machista, a las mujeres exitosas les está prohibido envejecer. Y eso lo ha vivido Madonna con la incesante crítica a su edad y lo que debería ser o hacer hoy en día. Como lo puso en su discurso: “He sido muy controversial, pero lo más controversial ha sido perdurar”.

Por mi parte, espero que haya mucha Michelle y mucha Madonna para rato. Felices fiestas.

* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de Dejusticia.

@NCamiloSanchezL

 

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