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Mockus, ¿el Obama colombiano?

César Rodríguez Garavito
abril 5, 2010

Publicado en: El Espectador

A PRIMERA VISTA, NO PUEDEN SER más distintos: la palidez arrítmica de Mockus parece la antípoda de la carismática cadencia del afroamericano. Pero el fenómeno Mockus puede ser el equivalente criollo del fenómeno Obama. Y con la oportuna unión con Fajardo, tiene chance de acabar como en Estados Unidos: con el reemplazo de un gobierno polarizador y venial por otro moderado y transparente.

 

A PRIMERA VISTA, NO PUEDEN SER más distintos: la palidez arrítmica de Mockus parece la antípoda de la carismática cadencia del afroamericano. Pero el fenómeno Mockus puede ser el equivalente criollo del fenómeno Obama. Y con la oportuna unión con Fajardo, tiene chance de acabar como en Estados Unidos: con el reemplazo de un gobierno polarizador y venial por otro moderado y transparente.

La campaña de Mockus es la del típico “outsider”. Así fue la de Obama hace un par de años, cuando nadie apostaba un dólar a que ganaba la nominación demócrata porque enfrentaba a Hillary Clinton, la candidata de la maquinaria, la que venía haciendo carrera toda su vida para llegar a la presidencia.

La Hillary de Mockus se llama Noemí. Con Santos en punta pero incapaz de ganar en primera vuelta, lo interesante es ver si el 30 de mayo ganan los verdes o los azules. Es la clásica pelea de los independientes contra la maquinaria. De ahí que los verdes, como los voluntarios de la campaña de Obama en su momento, sean los más activos en Facebook y Twitter.

Entre tanto, Noemí recibe gustosa las adhesiones de los caciques políticos y de los mismos sectores del empresariado rural que se beneficiaron de la gestión de Andrés Felipe Arias. Ya tiene el apoyo de los palmicultores y, como compañero de fórmula, a un líder de los agroindustriales y los mineros. Por eso suena cada vez más como Arias (aunque litigue contra él) y, por supuesto, a Juan Manuel Santos. Por eso también su propuesta más “original” es revivir el fuero penal militar que dejaría sin castigo los “falsos positivos” del ministerio de Santos.

Pero lo importante es ver si es posible un movimiento político independiente que produzca una segunda vuelta entre Mockus-Fajardo y Santos-Angelino, que tendría un claro paralelo con la disputa Obama-McCain. La diferencia, claro, es que los verdes se enfrentan a un gobierno popular. Por eso, producir una mockusmanía requiere aún más tino y suerte que la obamanía. Para eso, tres lecciones de ésta pueden ser útiles.

Primero, hay que hablar de frente sobre los temas difíciles. Si Obama le hubiera sacado el cuerpo al tema del terrorismo, la salud o el racismo, hoy no sería presidente. Mockus y Fajardo hablan claro sobre la seguridad y no titubean en su condena a las Farc y los ‘paras’, pero tienen que hablar igual de duro y diferenciarse del uribismo en otros temas clave, como la salud, la educación, el desplazamiento o la política de tierras. Ya Mockus avanzó con la idea de la “legalidad democrática”, pero hace falta aterrizarla y complementarla.

Segundo, el crecimiento de los verdes depende de sacar a votar a los que no participan en la política por fastidio a las maquinarias. Los jóvenes urbanos que difunden el mensaje por redes virtuales; las minorías (sexuales, étnicas, etc.) que lo hacen también por redes reales; y los muchos indiferentes que quisieran algo distinto.

Tercero, para movilizar ese público disperso, la campaña de Mockus tendría que ser mucho más rápida y eficiente. Si Obama hubiera sometido todo a deliberación académica antes de reaccionar, no habría tenido ningún chance frente a la estrategia publicitaria de sus rivales y el poder de los medios que los favorecían. En lugar de ello, hizo una campaña profesional, disciplinada y audaz, que entusiasmó a miles de voluntarios, facilitó las pequeñas donaciones por internet y enviaba a diario un boletín de noticias y propuestas a miles de correos electrónicos.

Una victoria de los verdes sería una hazaña del voto de opinión contra el clientelismo. Pero de pronto la Virgen que tanto invoca Noemí Sanín por estos días le hace el milagrito a la democracia colombiana.

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