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Monseñor Castro: ¿construir puentes o muros?

Mauricio Albarracín
noviembre 12, 2015

Publicado en: El Espectador

La Iglesia Católica ha jugado un papel importante en la búsqueda de la paz en Colombia. Sin embargo, el extremismo de los obispos contra la adopción igualitaria envía un mensaje contradictorio a la sociedad.

 

En septiembre del año pasado, la Corte Constitucional reconoció el derecho de una mamá lesbiana a adoptar a la hija biológica de su compañera. En medio de la polémica, monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal, dio unas declaraciones en la radio en las que comparaba la adopción de parejas del mismo sexo con el secuestro de niños durante la dictadura argentina de los años setenta. Una vez terminó la entrevista, llamé directamente al celular de monseñor Castro para reclamarle por esta injusta comparación. Empecé reconociendo su papel en el paro agrario y el proceso de paz, pero pasé de inmediato al fondo de la cuestión: “¿cómo puede la iglesia estar ayudando en el proceso de paz y al mismo tiempo estar haciendo la guerra contra la igualdad?”. Hablamos 20 minutos por teléfono. En esa conversación, monseñor Castro me dijo que la adopción de las mamás lesbianas de Medellín era “un caso razonable” (una declaración similar fue dada en una entrevista al periódico El Tiempo). Después de eso, hice una propuesta osada a Monseñor: ¿por qué no desayunamos?

Desayunamos muy cordialmente en la Conferencia Episcopal. Con paciencia y tranquilidad, le expliqué la decisión de la Corte. Le reclamé por la posición que ha tenido la jerarquía de la Iglesia Católica contra los derechos LGBTI. Le conté de nuestra lucha y de las violaciones de los derechos humanos contra nuestra comunidad. Monseñor insistió en su desacuerdo con la adopción conjunta. No estaba de acuerdo con sus argumentos pero lo seguí escuchando. Al final hablamos un poco de religión y de cómo se habían sentido las famosas palabras del papa Francisco: “¿quién soy yo para juzgar?” cuando le preguntaron sobre los gays. Monseñor Castro me contó que había empezado a usar estas palabras para el acompañamiento pastoral de las mamás de hijos homosexuales. Guardo con mucho cariño ese diálogo y lo cuento a otros porque creo que contiene algunas claves para la reconciliación.

La semana pasada los obispos de la Iglesia Católica dijeron que estaban “tristes” por la decisión de la Corte sobre la adopción igualitaria y que se trataba de una “dictadura de la rama judicial”. En el comunicado oficial, monseñor Castro dijo que la Conferencia Episcopal: “lamenta y rechaza” la decisión de la Corte e invitó a los católicos a que “se movilicen para salvaguardar la naturaleza auténtica de la familia”. Muy distintas las palabras y el tono que compartimos en nuestro desayuno.

Monseñor Castro, la actitud de los obispos está levantando un gran muro de odio contra las personas LGBTI, sus familias e hijos. El papa Francisco en su homilía del 24 de enero de 2014 resaltó que el diálogo se construye con humildad y que las divisiones entre hermanos “llevan siempre a muchas peleas, a muchas divisiones, incluso al odio”. Francisco agregó así “comienza el camino de la paz: con el diálogo” y remató “con el diálogo se construyen puentes en la relación, y no muros, que nos alejan”. Monseñor Castro, usted es un hombre razonable y cree en el diálogo. Sabe perfectamente que los enemigos de los derechos de los niños son la pobreza, el abandono, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual y la desigualdad. Por eso hacer una gran cruzada contra la adopción igualitaria es un acto de arrogancia que tiene el peligroso efecto de generar la agitación del odio contra nuestras familias.

Defiendo el principio constitucional de la división entre la Iglesia del Estado y en la correlativa separación entre derecho y religión. Sin embargo, el diálogo social es necesario: Monseñor Castro, construyamos puentes para la igualdad y por la reconciliación. Las ofensas de los obispos contra nuestras familias son también contra los católicos que nos quieren y apoyan. Por eso, monseñor Castro, le hago otra propuesta audaz: escuche por un rato a parejas del mismo sexo que sean padres o madres y conozca a sus hijos e hijas. Muchas de estas familias son católicas. Cuando comparta con estas familias, estoy seguro que en un espacio de respeto podrá reconocer que todos estos casos son perfectamente razonables.

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