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Mucha multa y poco cobro

Mauricio García Villegas
enero 22, 2010

Publicado en: El Espectador

EN ESTOS DÍAS TOMÉ UN TAXI PARA ir al centro de la ciudad. El conductor del vehículo era de esos a los que les gusta hablar. Me preguntó que si tenía noticias del paro. ¿Cual paro?, le dije yo. Pues el paro de transporte, me contestó.

 

EN ESTOS DÍAS TOMÉ UN TAXI PARA ir al centro de la ciudad. El conductor del vehículo era de esos a los que les gusta hablar. Me preguntó que si tenía noticias del paro. ¿Cual paro?, le dije yo. Pues el paro de transporte, me contestó.

Entonces me explicó que los conductores de servicio público iban a paralizar la ciudad para impedir el cobro de los comparendos que tienen más de tres años. Vamos a exigir la prescripción de esa vaina y que nos respeten nuestro derecho al trabajo, me dijo. ¿Y usted cuánto debe?, le pregunté. Yo, dieciséis millones, me respondió impávido. No pago desde 2002, agregó; esta mañana me hicieron otro parte, dizque por estacionar mal, o no sé por qué; yo ya ni pregunto cuando me los hacen, simplemente recibo el papelito y después lo rompo, ¿qué más puedo hacer? ¿O acaso quieren que deje de llevar plata a mi casa?

Hace veinte años los comparendos eran escasos y baratos. Por eso una buena parte de los conductores desconocía las normas de tránsito y no pasaba nada. El Código Nacional de Tránsito intentó remediar esa situación aumentando el monto de los comparendos. Pero hubo dos obstáculos: primero, la incapacidad institucional para hacer efectivo el cobro, y segundo, la marrullería de buena parte de los conductores de transporte público. Resultado: en la Secretaría de la Movilidad de Bogotá hay 928 mil comparendos que no han sido pagados, lo cual representa una cartera de 355 mil millones de pesos.

Esto prueba que no basta con aumentar las multas para que la gente cumpla. También se necesita que la administración sea capaz de cobrar. La combinación de estos dos elementos —multas y pago efectivo— da lugar a cuatro situaciones posibles: 1) mucha multa y mucho cobro, 2) poca multa y poco cobro, 3) mucha multa y poco cobro y 4) poca multa y mucho cobro. Hace veinte años estábamos en la situación número dos —pocas multas y pocos cobros—, hoy estamos en la tres —muchas multas y pocos cobros— que, a mi juicio, es la peor de todas, debido a que no sólo fracasa en lo que se propone, sino que crea dos problemas adicionales.

Uno, promueve la corrupción: como las multas son tan caras, como la administración es tan débil y como los conductores son tan vivos, mucha gente, empezando por los policías de tránsito, busca el camino ilegal para salir del asunto; y dos, tener a miles de conductores por fuera de la ley y circulando diariamente por la ciudad no sólo es una vergüenza para el Estado, sino un peligro público para la ciudadanía.

Antanas Mockus y Peñalosa hicieron un esfuerzo muy importante por lograr el pago efectivo de las multas, mejorando la capacidad de la administración pública y promoviendo una cultura ciudadana de la legalidad. Desafortunadamente, todo indica que esto se ha ido desvaneciendo con los alcaldes del Polo.

La combinación tres que vengo comentando —mucha multa y poco cobro— casi siempre termina en una amnistía, que es lo que quiere el taxista que mencioné al inicio y que seguramente es lo que va a pasar. Pero es una lástima que eso suceda: el perdón de las multas premia a los vivos, castiga a los que pagan y debilita la capacidad institucional.

Esto me recuerda una frase de alguien que conocía bien los secretos del fortalecimiento institucional; me refiero al rey de Francia Luis XIV (El rey sol). Según él, “quien perdona mucho, se la pasa castigando inútilmente el resto del tiempo”.

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