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Objeción de conciencia

Mauricio García Villegas
abril 17, 2009

Publicado en: El Espectador

EL PADRE JAVIER GIRALDO ES UN RESpetable defensor de derechos humanos. Como muchas de las personas que trabajan por las víctimas en Colombia, Giraldo no cree en la justicia.

 

EL PADRE JAVIER GIRALDO ES UN RESpetable defensor de derechos humanos. Como muchas de las personas que trabajan por las víctimas en Colombia, Giraldo no cree en la justicia.

Por eso, él y las comunidades con las que trabaja se niegan a colaborar en las diligencias judiciales en las que se solicita su presencia. Recientemente, Giraldo envió a la Fiscalía un extenso memorial en el cual, por razones de objeción de conciencia, se rehúsa a acudir a un proceso en el cual un coronel del Ejército lo acusa de calumnia.

Las razones del padre para desconfiar de la justicia son de peso. Como lo relata en su escrito a la Fiscalía, sus innumerables denuncias sobre la participación del Ejército en las masacres cometidas contra miembros de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó nunca fueron atendidas. No obstante, los hechos recientes —las declaraciones de alias Melaza y la confesión del capitán Armando Gordillo— parecen demostrar que el padre Giraldo tenía la razón y que el delito de calumnia que se le imputa no tiene ningún fundamento.

A pesar de lo dicho y del respeto que me merece la labor del padre Giraldo, no estoy seguro de compartir su decisión de no colaborar con la justicia y estas son algunas de las dudas que tengo:

1. La objeción de conciencia tiene pleno sentido cuando se dirige contra una norma o contra una acción concreta del Estado. No contra el Estado en general. Más aún, la objeción de conciencia supone que uno acepta la legitimidad del Estado. Eso no significa estar de acuerdo con el Gobierno o con las sentencias de los jueces, sino aceptar que las instituciones son legítimas. El rechazo de la justicia —de toda la justicia— que hace el padre Giraldo es complicado, porque está en la mitad entre la oposición particular a un acto oficial y la oposición general al Estado. Por eso se parece a un acto de resistencia al poder —que no es un acto de rebelión—, más que a un acto de desobediencia civil.

2. Yo entiendo que el padre Giraldo hable de “la podredumbre de la justicia” cuando se refiere a la Fiscalía de Luis Camilo Osorio, pero es difícil utilizar semejantes apelativos cuando se trata de la Fiscalía actual y de muchos jueces que hoy están comprometidos con el derecho y con la aplicación imparcial de la ley.

3. La justicia en Colombia tiene múltiples problemas. Pero uno de ellos se origina en el hecho de que no cuenta con la colaboración de la ciudadanía para llevar a cabo sus investigaciones. Aquí estamos ante un círculo vicioso: la ciudadanía no colabora porque no cree en la justicia; eso hace que la justicia sea inoperante, lo cual conduce a que la gente no crea… no colabore… No digo que toda la inoperancia de la justicia se explique de esta manera, pero sí que es parte del problema.

4. La falta de colaboración no sólo debilita a la justicia, sino que contribuye a que el aparato judicial termine siendo tal como la extrema derecha quiere que sea: ineficaz para proteger los derechos de las víctimas. La decisión de no colaborar con la justicia es, por eso, una decisión tan arriesgada políticamente como aquella que consiste en no participar en unas elecciones con el argumento de que son ilegítimas.

Como digo, tengo muchas dudas sobre la justificación de la decisión tomada por el padre Giraldo. Pero de una cosa estoy seguro: de que se trata de un debate fundamental para los defensores de derechos humanos y para el país.

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