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Investigadores de Dejusticia explican por qué el defensor del pueblo debería apartarse de su cargo.

 

Por mandato legal, la Defensoría no tiene otro poder que el moral como no puede sancionar, el peso de su labor se lo dan la coherencia y la rectitud de sus funcionarios, por lo cual es un despropósito que Jorge Armando Otálora siga en su puesto.

César Rodríguez y Rodrigo Uprimny lo escribieron ya hace un par de meses. Ante las acusasiones de acoso laboral el Defensor debía renunciar. Tras el escándalo del acoso sexual Mauricio Albarracín lo vuelve a reiterar. El Defensor se tendría que ir ya.

No hace falta comprobar si la relación sentimental que alega el defensor fue cierta o no, –de haber exisitido en todo caso habría sido asimétrica, por estar el defensor en condición de superioridad–. El argumento de que la situación hace parte de su vida privada, aunque pertinente jurídicamente, moralmente es engañoso porque es el que se ha usado por mucho tiempo para encubrir las arbitrariedades cometidas contra las mujeres en los ámbitos domésticos y laborales. 

Links relacionados

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