| Por: Dejusticiaseptiembre 17, 2009

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Para la columnista María Teresa Herrán, el libro “Normas de Papel” de Mauricio García es un valioso aporte

PARA QUIENES, DE TIEMPO ATRÁS, hemos trajinado el tema del abismo entre el deber ser que predicamos y el ser colombiano, resulta un valioso aporte el libro dirigido por Mauricio García Villegas, Normas de papel, la cultura del incumplimiento de reglas.

PARA QUIENES, DE TIEMPO ATRÁS, hemos trajinado el tema del abismo entre el deber ser que predicamos y el ser colombiano, resulta un valioso aporte el libro dirigido por Mauricio García Villegas, Normas de papel, la cultura del incumplimiento de reglas.

Además de la fundamentación teórica de García Villegas sobre la cultura de pactos y los perfiles de cumplimiento e incumplimiento, el análisis de casos permite reflexionar sobre motivaciones: el tránsito, el fraude académico, saltarse la fila en bancos y cines, el cultivo de la amapola (crónica de Héctor Abad), los vendedores informales, los pimpineros, el conflicto de tierras en las Islas del Rosario, radios comunitarias que buscan legalizarse pero que sistemáticamente el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones excluye, estos dos últimos excelentes aportes de María Paula Safón.

Lo que subyace es el irrespeto al ser humano por serlo. Lleva a ignorar los fundamentos más elementales de la convivencia. Tiene consecuencias trágicas o cómicas y causas irrisorias o trascendentales, pero un denominador común: el menosprecio de lo que se considera de menor valor que lo propio.

El irrespeto, que no debe confundirse con la crítica, también produce reacciones en aquello que se irrespeta, trátese de patrias, instituciones o personas, de niños o de viejos, de mujeres o de hombres, de blancos, indígenas o negros. El parlamentario irrespeta a su electorado pero también al Congreso, así como los presidentes irrespetan a su país y al vecino cuando lo invaden o cuando lo insultan.

A la larga, el irrespeto produce reacciones, de anomia en el irrespetado, pero también en el que irrespeta. Éste reafirma, por la fuerza física o mental, una posición de dominancia que lleva a la justificación automática de sus contradicciones, a sacar de taquito, a odiar al otro y a darle una puñalada a un hincha de Millonarios.

A diferencia de lo que cree el Ministro de Hacienda cuando dijo que su ética era el cumplimiento de la ley, el respeto es uno de los valores éticos que la trasciende. Puede aglutinarnos como nación, llevarnos a negociar acuerdos o, por el contrario, instalarnos en la permanente disolución.

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