¿Para qué narrar una masacre que estuvo a punto de olvidarse?

Por: Mariana Escobar Roldánseptiembre 19, 2018

Los familiares de 15 campesinos asesinados hace 16 años en San Juan Nepomuceno participaron en la construcción de un libro sobre ese hecho y entendieron que contando aquello que antecedió al horror también se hace justicia. Hoy presentan sus relatos.

Guáimaros, Tapón, Memoria histórica, Montes de María
La gente de San Juan Nepomuceno conoció el libro el pasado 31 de agosto. | Mariana Escobar

La esposa, la madre y los hijos de Rider Ramírez hicieron su mejor esfuerzo para atender una entrevista grupal sobre él. Buscaban contar quién era el ebanista de San Juan Nepomuceno (Bolívar), el padre inquieto, el hombre ejemplar. Intentaron, pero 16 años después de su asesinato, el llanto todavía les corta la palabra.

Decidieron entonces que uno a uno, en la intimidad, construirían el relato. Casta Cantillo, la madre, grabó un audio en el que narraba que era Rider quien la acompañaba al salón de belleza cada tanto. Pedía que le cortaran el pelo, la peinaran y le arreglaran las uñas. Tras su muerte, la mujer abandonó el ritual, y por varios años la cabellera le tocó la cintura.

Carmen Barrios, la esposa, habló sobre los primeros días con su amado. Se conocieron en la estación de buses del mercado de Bazurto, en Cartagena, y esa misma noche, bailando al son de Diomedes, su historia de 14 años comenzó.

Carmen Barrios, esposa de Rider Ramírez, asesinado en lo que se conoce como la Masacre de Los Guáimaros y El Tapón / Foto: Mariana Escobar

A Rider Ramírez, hijo y copia fiel de los ojos y pómulos del padre, le costó más el ejercicio. Pensar en su pérdida, luego de los hechos violentos del 31 de agosto de 2002 (en condiciones aún no resueltas), casi siempre lo indispone.

Liz Karina Ramírez, la hija menor, apenas pudo escribir una medianoche, luego de dar vueltas durante varios días por las memorias de su infancia: “Escribí que se vestía elegante y se ponía colonia todos los días. Que elaboraba mis juguetes en madera y me construyó una casita de dos plantas, con palmas y zinc. Que me hacía masajes con sábila, huevo y miel de abeja en mi pelo. Que hasta el día en que lo mataron se levantó temprano a hacerme un tetero, aunque yo ya tuviera 9 años, y si no alcazaba a tomármelo, me lo llevaba al colegio”.

Hasta esa madrugada, Liz Karina tuvo la sensación de que algo le debía a su padre. Durante 16 años pensó que tenía que encontrar a los autores del asesinato, que debía responderle a su familia ¿por qué?, ¿cómo?,  ¿quiénes lo ordenaron? Sin embargo, luego de escribir, sintió que por fin le cumplía, que la deuda sin saldar no era más que contar quién era Rider Ramírez.

Lo sucedido

Los relatos de Casta, Carmen, Rider y Liz fueron leídos, escuchados y recopilados por investigadores del centro de estudios Dejusticia. Lo mismo sucedió con los de otras 14 familias, cuyas anécdotas y remembranzas se convirtieron en perfiles periodísticos.

Liz Karina Ramírez, hija de Rider Ramírez, considera que el libro de la masacre limpia el nombre de su padre. / Foto: Mariana Escobar

Son las voces de los padres, hijos, hermanos y amigos de 15 campesinos asesinados el 30 y 31 de agosto de 2002 en las fincas Los Guáimaros y El Tapón, en zona rural de San Juan Nepomuceno.

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El primer día fueron torturados y masacrados ocho de ellos, reconocidos por su laboriosidad en los trabajos del campo y la ganadería. El segundo día, un grupo de siete personas, entre los que estaba Rider, partieron en busca de los cuerpos. En el camino también encontraron la muerte.

La masacre, la tercera con más víctimas en la región de Montes de María (después de las de El Salado y Macayepo), estuvo silenciada por varios años y la justicia aún no resuelve quiénes fueron los responsables ni qué desencadenó la barbarie.

La fiscal Zeneida López, de la Dirección de Justicia Transicional (Justicia y Paz) de Barranquilla, mencionó durante el aniversario del hecho que el caso “va bien enrutado y está avanzando”. No obstante, califica como “increíble” que tras 16 años los familiares  no hayan tenido acceso a justicia y verdad.

Justamente ese vacío los llevó a conformar la Asociación de Luchadores por la Verdad y la Justicia de Los Guáimaros. Desde hace tres años rompieron el silencio de más de una década llamando la atención de su comunidad con conversatorios, eucaristías conmemorativas y monumentos, pero para el aniversario 16, que se cumplió hace menos de un mes, soñaron con un libro.

Los Guáimaros y El Tapón: La masacre invisible”, como los familiares decidieron titularlo, fue construido entre Dejusticia y los miembros de la Asociación. Incluso la portada se eligió en colectivo. En ella, un campesino de los Montes de María observa hacia al campo, donde hay un árbol que representa los lazos creados entre los familiares, mientras 15 aves vuelan, simbolizando a los caídos.

El libro, que se lanza en Bogotá este miércoles 19 de septiembre*, significó horas de entrevistas a profundidad, conversaciones en grupo de las familias, y se valió del género perfil para plasmar las historias.

“El resultado fue una serie de relatos llenos de cotidianidad, de nostalgia y de humanidad, que nos reafirmaron que cualquier persona, que cualquier vida, es un universo digno de ser contado”, explican en la introducción los autores por Dejusticia: Irina Junieles, Carolina Gutiérrez y Alejandro Jiménez.

El efecto de leerse

La gente de San Juan Nepomuceno conoció el libro el pasado 31 de agosto. Para Liz Karina fue una especie de alivio tenerlo en sus manos.

“Hubo un momento en que muchas personas del pueblo decían que la única explicación por la que habían matado a mi papá era porque estaba metido en malos pasos. Yo no tenía forma de comprobar lo contrario, pero ahora tengo algo grande que me permite cumplirle, limpiar su nombre, mostrar que él murió por valiente, que murió ayudando. Por fin tengo algo que me respalda: un libro”, dice orgullosa la joven, convencida de que el día en que sus hijos le pregunten qué le pasó al abuelo, ella les leerá la respuesta.

Elizabeth Lang, madre y esposa de dos de las víctimas de la masacre, guarda tres ejemplares del libro en su armario. / Foto: Mariana Escobar

Elizabeth Lang, esposa de José Luis Contreras y madre de Francisco Contreras, dos de los asesinados en la masacre, guarda bajo llave tres ejemplares del libro. Los tiene en el armario donde también conserva las pertenencias de los que partieron: camisas, carteras, gafas, fotos. Los lee a ratos, cuando la arritmia cardiaca le da tregua, porque recordar la pone nerviosa, y a veces comparte fragmentos con las vecinas que llegan a casa de la señora ‘Eli’, la cocinera más aclamada de San Juan.


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El libro también lo recibieron varios miembros de la Comisión de la Verdad. La periodista y comisionada Marta Ruiz mencionó durante la conmemoración de los 16 años de la masacre, en San Juan, que esa institución entiende su misión de esclarecer hechos de violencia como el de Los Guáimaros y El Tapón, pero un libro que incluye las voces y las visiones de los familiares, “es ya un “esfuerzo magnífico” de construcción de verdad. “La reconciliación no se va a hacer pasando la página”, insistió.

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* La presentación del libro “Los Guáimaros y El Tapón: La masacre invisible” se realizará este miércoles 19 de septiembre a las 5:30 pm en Dejusticia (carrera 34 # 24-61, Bogotá, Colombia).

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