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Periodismo y política

Mauricio García Villegas
octubre 16, 2009

Publicado en: El Espectador

LA EXPULSIÓN DE CLAUDIA LÓPEZ de El Tiempo ha desencadenado un debate interesante sobre la relación entre columnistas, diarios y lectores.

 

LA EXPULSIÓN DE CLAUDIA LÓPEZ de El Tiempo ha desencadenado un debate interesante sobre la relación entre columnistas, diarios y lectores.

Empiezo por decir que no me voy a meter en el asunto de si el periódico tenía o no derecho de expulsar a la columnista. Es un tema difícil, que merece un desarrollo más amplio. Lo que quiero decir es que, incluso si, en gracia de discusión, se reconoce que las directivas de El Tiempo tenían ese derecho, me parece que en este caso, con la expulsión de Claudia López, no salieron bien libradas.

A Claudia López la expulsaron por cuestionar la actitud periodística de esas directivas y no, como dicen ellas en su editorial del 14 de octubre, por haber dicho mentiras. No hay información falsa en la columna de López; sólo hay una interpretación de los hechos, que es lo que hacen los columnistas.

Más aún, la crítica de Claudia recoge el sentimiento, compartido por miles de lectores, de que el periódico no ha manejado bien el asunto de la participación de los miembros de la familia Santos en el Gobierno. Es cierto que esa participación representa un dilema complicado para el periódico ¿Qué hacer cuando uno de los socios se lanza de candidato presidencial? ¿Cómo asegurar a los lectores que eso no echará por el suelo la objetividad del periódico para informar? Sin duda esto representa una coyuntura complicada: de un lado, parecería excesivo pedirles a los demás familiares del candidato que se retiren temporalmente del periódico pero, del otro lado, la simple manifestación editorial de que el periódico seguirá siendo objetivo no parece una garantía suficiente para los lectores.

De ahí la sensación de que, en la coyuntura actual, el periódico prefiere proteger sus intereses económicos, políticos y familiares, antes que asumir sus responsabilidades informativas. Esas sospechas no sólo están bien expuestas en los hechos que relata Claudia López en su columna, sino en dos circunstancias adicionales. La primera es que en El Tiempo hay una larga tradición editorial de apego al poder y de defensa de los gobiernos de turno. Para nadie es un secreto que las directivas del periódico —no necesariamente sus columnistas— suelen concebir “la consolidación de la democracia” como una defensa casi incondicional del gobierno. Lo segundo es la compra del periódico por parte del Grupo Planeta, ligado a la derecha española y el conflicto de intereses derivado de la competencia por el tercer canal.

Las directivas de El Tiempo deberían entender que no sólo Claudia López, sino miles de sus lectores, tienen esas sospechas y que la mejor manera de enfrentarlas es dando pruebas de independencia periodística. La expulsión de Claudia López hace justamente lo contrario de lo que todo buen lector espera, es decir, tiende a confirmar esas sospechas.

Termino transcribiendo una parte del editorial de El Tiempo del 20 de julio de 2006, 25 años después de la muerte de Lucas Caballero (Klim), quizás el columnista más influyente de la época de la Guerra Fría en Colombia: “La pérdida de su columnista estrella le enseñó a este diario que los periodistas no deben dejarse llevar a la condición de cogobernantes. Pueden ser interlocutores del poder, pero no les corresponde solucionar situaciones que escapan a su órbita o que los obligarían a actuar contra los principios de independencia de la prensa, que son pilar de la democracia. El Tiempo pagó con su credibilidad tan equívoca decisión y hasta hoy sigue lamentando la ausencia de Klim de sus páginas editoriales”.

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