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Polo y los Verdes

Mauricio García Villegas
abril 16, 2010

Publicado en: El Espectador

LA GENTE NO SIEMPRE VOTA POR LO que más le conviene. Si así fuera, los colombianos pobres, que son más de la mitad de la población, saldrían en masa a votar por la izquierda, que es la que promete una política seria de justicia social. Más aún, se sabe que el presidente Uribe, cuyo gobierno ha favorecido mucho a los ricos y muy poco, o nada, a los pobres, es más popular en los estratos uno y dos, que en los cinco y seis. Si eso es así, entonces ¿qué razones tiene el pueblo para votar?

 

LA GENTE NO SIEMPRE VOTA POR LO que más le conviene. Si así fuera, los colombianos pobres, que son más de la mitad de la población, saldrían en masa a votar por la izquierda, que es la que promete una política seria de justicia social. Más aún, se sabe que el presidente Uribe, cuyo gobierno ha favorecido mucho a los ricos y muy poco, o nada, a los pobres, es más popular en los estratos uno y dos, que en los cinco y seis. Si eso es así, entonces ¿qué razones tiene el pueblo para votar?

Pues razones más etéreas, como la imagen del candidato, la manera como éste interpreta sus ilusiones, sus temores y sus odios, etc. Uribe ha sido visto como un tipo frentero, enemigo de la guerrilla, campechano y trabajador. Esa imagen lo llevó al poder y lo tiene todavía gozando de una enorme popularidad. Ni los innumerables escándalos de corrupción, ni el aumento de la inequidad social, ni los atropellos contra la Constitución, ni la ineptitud de buena parte de su gobierno, han afectado la imagen de líder salvador de la patria que tiene.

La izquierda, que supuestamente es más cercana al pueblo que la derecha, no ha sabido interpretar el imaginario político del pueblo uribista. Sigue creyendo, ingenuamente, que la injusticia social conduce, por sí sola, a la movilización popular. Ha subestimado la importancia que la seguridad tiene para la gente pobre. En fin, no ha tenido en cuenta que el pueblo que vota suele ser más patriota que socialista y más belicoso que legalista.

Pero la izquierda, o parte de ella para ser más exacto, no sólo fue incapaz de interpretar al pueblo elector, sino que se dejó enredar con las acusaciones que le hicieron de complacencia con la guerrilla. En lugar de atacar con vehemencia a las Farc, respondió acusando al Gobierno de paramilitar. De esta manera, el debate político sobre la justicia social, que es el que verdaderamente le interesa, quedó ahogado en el debate patriotero sobre la defensa del Estado contra el terrorismo, que es en donde la derecha tiene todas las de ganar.

No obstante, contra todos los pronósticos, la hegemonía uribista parece estar llegando hoy a su fin y ello no por su fracaso social, sino por su descalabro moral. La corrupción actual parece ser hoy lo que fue el Caguán de hace ocho años, y Mockus, con la bandera de la legalidad, parece ser lo que era Uribe en ese entonces, con la bandera de la seguridad. El Partido Verde es la opción para restaurar el Estado de Derecho, lo cual, en las circunstancias actuales, es la esperanza democrática más importante desde que fue promulgada la Constitución de 1991.

La izquierda debería compartir esa esperanza con los verdes: después de todo, sus posibilidades reales de llegar al poder y de llevar a cabo las reformas sociales que este país necesita, dependen, en buena medida, de que se restauren la legalidad, la decencia, el pluralismo y el respeto por el saber que el país ha perdido en estos ocho años de gobierno uribista. En un ambiente de polarización como el que hemos vivido en estos años, la izquierda resulta macartizada y vilipendiada. Por eso, creo que la izquierda debería adherir a los Verdes para la primera vuelta.

Entre otras cosas, porque en un país legal y decente, como el que prometen los verdes, la izquierda tendría más posibilidades de hacer realidad su ilusión de que los pobres, finalmente, voten por lo que más les conviene.

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