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Populismo jurídico

Mauricio García Villegas
mayo 19, 2011

Publicado en: La Silla Vacia

La lucha contra el crimen no debe hacerse con cruzadas justicieras que alimenten nuestra sed de venganza, sino con una política criminal equilibrada, razonable y eficaz.

 

La dictadura y la Santa Inquisición son tan típicas en nuestras sociedades como la anarquía y el desorden, decía Sergio Buarque de Holanda, en un texto clásico sobre las sociedades iberoamericanas. Me viene a la mente esta idea cuando leo las noticias de esta semana sobre los escándalos de corrupción y sobre el debate acerca del proyecto de referendo contra los violadores de niños.

En ambos casos se nota una cierta desmesura por parte de quienes quieren acabar con esos delitos (la corrupción o la violación de menores): proponen una sanción ejemplarizante y definitiva que obedece a un deseo de venganza, más que a una política criminal razonable. Eso se llama populismo jurídico y tiene consecuencias tan indeseables como el populismo político.

Hay dos protagonistas indiscutibles en esta tarea inquisidora: el procurador Ordoñez y la senadora Gilma Jiménez. El procurador suspende al alcalde de Bogotá con una decisión a todas luces abusiva; no obstante, la mayoría de los ciudadanos respaldan dicha decisión porque no les gusta el alcalde Moreno y sin pensar en la consecuencias del fallo. Para más detalles relacionados con este argumento los remito a mi columna de El Espectador del sábado pasado (http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-269715-cambiar-derechos-desafueros).

La actitud de la señora Gilma Gímenez, promotora de la cadena perpetua para los violadores de niños, me parece igualmente populista. ¿Por qué habríamos de ser más severos con el violador de un menor que con el asesino de un adulto o de un niño?; y además, ¿qué justificación encuentra semejante medida si todo indica que no tiene ninguna eficacia para disuadir a los violadores? Desde luego que ese crimen me parece una infamia y cuando pienso en mis hijos menores, quisiera que aprobaran el referendo. Pero creo que en estos temas no podemos dejarnos llevar por nuestros impulsos de venganza (impulsos anclados en una tradición católica que condena con más fuerza los delitos sexuales que los delitos contra la vida).

Pero claro, criticar a los populistas jurídicos es siempre arriesgado pues ellos se alimentan de sentimientos que no solo tiene mucho de democrático (por ser compartidos por la mayoría) sino de legítimo (por ser genuinos). Por eso, no es raro que quienes criticamos el populismo jurídico pasemos por defensores de violadores y corruptos. Pero eso es un despropósito.

Lo que afirmo es que la lucha contra el crimen no debe hacerse con cruzadas justicieras que alimenten nuestra sed de venganza, sino con una política criminal equilibrada, razonable y eficaz. Más aún, lo que digo es que tanto sacerdote justiciero no sólo no ayuda a disminuir el delito sino que contribuye a reproducirlo, o por lo menos a mantener esa esquizofrenia entre autoritarismo y desobediencia de la que hablaba Buarque de Holanda.

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