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Post-UNGASS

Rodrigo Uprimny Yepes
abril 24, 2016

Publicado en: El Espectador

La “Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas” sobre drogas (conocida como UNGASS por su sigla en inglés) deja un balance mixto para quienes consideramos que el régimen internacional de prohibición es irracional e injusto y por ello debe ser profundamente reformado.

 

En ciertos aspectos UNGASS fue frustrante. El proceso fue opaco pues las negociaciones entre los Estados se hicieron hace unos meses, a puerta cerrada, en Viena, donde están las instituciones de Naciones Unidas más adictas a la prohibición. El “documento final” llegó entonces ya totalmente cocinado a la asamblea general en Nueva York, en donde hubiera podido haber una discusión más abierta. La cosa fue tan burda que el “documento final” se adoptó … al inicio de las sesiones de UNGAS, que es reconocer que los otros días de “debates” fueron un simple ritual.

El documento mismo es también limitado pues dejó de lado temas claves. Por ejemplo no hay una condena a que ciertos Estados mantengan la pena de muerte por el tráfico de algunos kilos de cocaína o heroína. La frustración surge también por algunas de sus afirmaciones, como que las tres convenciones, que establecieron la prohibición hace más de 60 años, son el marco para debatir el “problema de las drogas”, cuando la verdadera discusión es si las convenciones son la fuente del llamado “problema de las drogas”, pues la prohibición ha creado un mercado ilegal muy lucrativo, controlado por las mafias del narcotráfico. Esto además ha marginalizado y le ha ocasionado mayores daños a los usuarios.

A pesar de lo anterior, UNGASS también genera alguna esperanza y optimismo, pues por primera vez en un escenario de Naciones Unidas algunos países de las Américas, como Colombia, Bolivia, Guatemala, Canadá o Jamaica, y otros europeos, como Noruega, Portugal o la República Checa, plantearon la necesidad de adoptar nuevos enfoques. Incluso Estados Unidos expresó una posición más flexible. Hay pues mayor espacio para debatir el prohibicionismo, o al menos algunas de sus peores expresiones.

Y el documento final, con todas sus limitaciones, tiene algunos avances significativos como enfatizar que la política de drogas debe respetar los derechos humanos e invitar a los Estados a que eviten los excesos punitivos, al insistir en que las sanciones deben ser proporcionadas y que es deseable buscar alternativas al encarcelamiento para los eslabones más débiles de la cadena de las drogas, como los cultivadores o las “mulas”.

UNGASS fue entonces ambigua y por ello puede pasar al olvido, como una asamblea que reafirmó el prohibicionismo, con la anécdota de que hubo algunas voces disidentes; pero UNGASS puede también convertirse en el primer paso serio en la discusión y desmonte del prohibicionismo. Que ocurra lo uno o lo otro dependerá de que no dejemos morir el espíritu critico frente a la prohibición que UNGASS, con todas sus limitaciones, alimentó. Post-UNGASS ha empezado y debemos fortalecer la discusión y la búsqueda de alternativas al prohibicionismo.

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