Asesinato a líderes sociales en Colombia en 2018: una estimación de la magnitud del problema

Valentina Rozo | diciembre 11, 2019

Foto: Sonny Abesamis

Este análisis de Dejusticia y del Human Rights Data Analysis Group agrupa la información compilada por distintas organizaciones sobre los homicidios de líderes sociales en el país y concluye, a través de un método estadístico, que la violencia letal contra esta población aumentó entre 2016 y 2018 en 71%.

El asesinato a líderes sociales ha sido ampliamente documentado desde la firma del Acuerdo de Paz. Sin embargo, las organizaciones que hacen un monitoreo a esta problemática no concuerdan sobre el número exacto de asesinatos, lo que puede llevar a confusiones. La diferencia entre las cifras ha hecho que en el debate público se considere que la información es poco confiable. De hecho, se ha utilizado la falta de unanimidad entre los datos de cada uno de diversos actores para debilitar el diagnóstico de la problemática. Muchas veces el debate público se desvía hacia lo precisa o imprecisa que es la información de cada organización en vez de concentrarse en las políticas y acciones necesarias para frenar estos homicidios.

Desde hace dos años una alianza entre el Dejusticia y Human Rights Data Analysis Group (HRDAG) viene respondiendo a la pregunta sobre cómo obtener un dato más preciso sobre el número real de asesinatos a líderes sociales en Colombia. En 2018 publicamos un primer documento que analizó la situación de 2016, y esta semana lanzamos un segundo informe, que recoge el panorama hasta 2018.

Para entender cómo funciona este cálculo vale la pena hablar del informe que publicamos en septiembre de 2018: “Asesinatos de líderes sociales en Colombia en 2016-2017: una estimación del universo”, allí aplicamos un modelo estadístico – método bayesiano, conocido como LCMCR- para entender cuántos podrían ser los homicidios totales y aclarar cuántos de estos líderes asesinados se estarían quedando por fuera de los conteos.

En ese momento el modelo matemático constató que existe un subconteo en los asesinatos a líderes sociales en el país al establecer que para 2016 la totalidad de asesinatos podría estar entre los 160 y los 180, mientras que para 2017 la cifra oscilaría entre 176 y 200.

Ahora, en nuestro más reciente informe, que ya está disponible para descargas, usamos una estimación por sistemas múltiples (ESM) para estimar la población total de líderes sociales asesinados en 2018.

La principal conclusión de este informe es que que hay un evidente elevado aumento en el número de asesinatos a líderes sociales entre 2016 y 2018. Incluyendo los casos de homicidios que no fueron reportados, la cifra aumentó en aproximadamente 71%, pasando de 166 a 284. Este aumento en los homicidios reafirma la hipótesis de que después de que el Acuerdo de Paz la violencia letal contra los líderes sociales ha aumentado. Además, estimamos que con certeza la violencia letal contra los líderes aumentó en al menos 10% entre 2017 y 2018 y hay una probabilidad de 0,79 de que este incremento haya sido de 50% o más.

 

Así funciona el método:

ESM o “captura recaptura” es un método utilizado originalmente en biología para estimar el tamaño de poblaciones animales. Para entender la intuición detrás, supongamos que queremos estimar el número de osos que vive en un páramo. Cada vez que “capturamos” a un oso le ponemos un ID en un collar. Si después de cierto tiempo la mayoría de osos que hemos capturado tienen un ID podemos estar bastante seguros de que la población total de osos es muy cercana a la que hemos capturado.

En el caso de los derechos humanos hay muchas organizaciones que hacen “capturas” de violaciones a estos derechos. En nuestro caso, tomamos los datos de seis distintas organizaciones para estimar la población total de líderes sociales asesinados. A continuación explicamos cada uno de los pasos para ESM:

 

1. Recolección de la información

Usamos los datos de seis distintas organizaciones: Cumbre Agraria, Indepaz, Somos Defensores, Front Line Defenders, Defensoría del Pueblo y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos HUmanos (OACNUDH). Esto nos permite tener datos de la sociedad civil tanto a nivel nacional como internacional, así como del Estado y las Naciones Unidas.

En la tabla 1 podemos ver los homicidios registrados por cada organización. Allí podemos observar que cada una de ellas tiene su propia cifra y que estas difieren entre ellas.

2. Limpieza de los datos

En este paso nos aseguramos de que cada base de datos esté digitalizada correctamente. Por ejemplo, nos cercioramos de que la ortografía esté bien y de que los valores de cada celda sean consistentes. También verificamos que las fechas estén escritas con el mismo formato en cada registro, que no haya números en columnas que deberían contener solo letras (como “nombre”), etc.

 

3. Matching

Cada una de las organizaciones tiene su propio registro de líderes sociales asesinados, pero es probable que al menos uno de los registros esté en al menos dos listas. Por lo tanto, sería un error simplemente agregar las distintas bases de datos.

Para evitar tener duplicados hacemos el matching. Esto significa que construimos una única base de datos que incluye cada asesinato solamente una vez y que documenta quá organización/organizaciones hizo/hicieron el registro.

La figura 1 muestran este matching o las intersecciones entre organizaciones para 2018 (las de 2016 y 2017 se pueden ver en el informe). Para cada uno de los tres años la barra más alta es la de la derecha, lo que es un indicio de que las organizaciones son, en suma, capaces de capturar casi todos los asesinatos a líderes sociales.

 

Después de hacer el matching encontramos que en 2016 las organizaciones registraron el asesinato 160 líderes sociales, mientras que en 2017 y 2018 el registro alcanzó 176 y 280, respectivamente. Aunque este aumento podría llevar a pensar que la violencia letal contra líderes está empeorando, concluir esto sería un error. El aumento podría deberse, por ejemplo, a que las organizaciones estén recibiendo más financiación y puedan cubrir más muertes o a que la comunicación con comunidades locales para registrar estos homicidios haya mejorado. Por lo tanto, no podemos hacer conclusiones basándonos únicamente en la base de datos de las intersecciones.

 

4. Estimation

ESM compara el tamaño de cada lista con el tamaño de las intersecciones. Como dijimos anteriormente, si las intersecciones son cercanas al tamaño de las listas hay razones para creer que el universo es cercano a los datos reportados. Una explicación simple estadística para esto está disponible aquí.

La figura 4 muestra la distribución posterior de la población total de líderes sociales asesinados en 2018 (las figuras para los años 2017 y 2018 están en el informe). Las tres distribuciones posteriores tienen su punto más alto muy cerca a los homicidios registrados, sugiriendo que las organizaciones registran casi todos los asesinatos.

ESM, y en nuestro caso particular LCMCR, estima una distribución de valores probables pero no una cifra exacta de líderes sociales asesinados. Nosotros tomamos la mediana de la distribución posterior porque, por definición, hay un 50% de probabilidad de que el valor real esté por encima y 50% de que esté por debajo.

Encontramos que entre 2016 y 2018 la población total de líderes sociales asesinados, es decir, incluyendo los casos no reportados, aumentó en aproximadamente 71%, pasando de 166 a 284. Este aumento en los homicidios a este grupo soporta la hipótesis de que después de que el Acuerdo de Paz la violencia letal contra los líderes sociales ha aumentado.  Además, estimamos que con certeza la violencia letal contra los líderes aumentó en al menos 10% entre 2017 y 2018 y hay una probabilidad de 0,79 de que este incremento haya sido de 50% o más.

Por último, creemos que es importante resaltar que aunque este informe se concentra en datos y estimaciones, esta historia va mucho más allá de los números. Cada uno de los líderes que fue asesinado hacía parte de una comunidad y trabajaba por sus derechos. Nuestra meta con este informe es ayudar a concentrar el debate en la necesidad de proteger la vida de estas personas en vez de discutir sobre la exactitud del monitoreo de cada organización que hace un seguimiento a esta problemática.

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