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¿Qué género de Fiscalía?

Rodrigo Uprimny Yepes
junio 19, 2016

Publicado en: El Espectador

La respuesta de Néstor Humberto Martínez en la Corte Suprema sobre cómo enfrentar la violencia intrafamiliar preocupa mucho por su insensibilidad a la violencia de género.

 

Sus palabras han sido repetidas muchas veces, pero ameritan ser analizadas de nuevo pues se trata de la visión de quien podría liderar la investigación criminal en los próximos años.

Literalmente Martínez dijo que la criminalización de la violencia intrafamiliar “está generando una ruptura del núcleo familiar, a partir de expresiones de violencia de ocasión”, y que además está “atosigando a todo el sistema penal colombiano”. Y que por ello la criminalización de esa violencia debía ser objeto de una “revisión” profunda y que había que pensar en atenderla a “través de la mediación y la conciliación”.

Esas frases expresan cuatro sesgos profundos frente a la violencia de género: i) que la criminalización de la violencia doméstica rompe el núcleo familiar, cuando es la violencia la que en realidad tiene ese efecto; ii) que esta violencia es ocasional, por lo que no parece grave, cuando en realidad muchas mujeres la soportan en forma permanente y un solo acto de violencia puede ser devastador; iii) que es un asunto menor que congestiona el sistema penal, cuando es uno de los problemas más serios de la sociedad colombiana, pues no sólo es en sí misma grave, sino que en muchos casos es la puerta de entrada del feminicidio; y iv) que la conciliación es una forma apropiada de enfrentar estas violencias, cuando los expertos y expertas critican esa posibilidad por la desigualdad en que se encuentran la víctima y el victimario, por lo que la conciliación puede tornarse en una peligrosa revictimización de la mujer.

La prevención y la sanción de la violencia doméstica contra las mujeres es un tema complejo en donde pueden existir posiciones respetables discrepantes. Es pues legítimo debatir si la actual regulación penal sobre la violencia doméstica requiere o no ciertos ajustes. Y en particular conviene discutir qué otras medidas complementarias, además de la criminalización, son necesarias para proteger a las mujeres colombianas contra la violencia doméstica, como fortalecer la atención sicosocial, desarrollar modelos de prevención, multiplicar los sitios de refugio para las mujeres en peligro, o realizar campañas para remover estereotipos sexistas. Todas esas discusiones son válidas, pero lo que resulta inadmisible es la manera como Martínez banalizó la violencia doméstica como una bagatela, que congestiona el sistema penal, por lo que su criminalización debía ser reconsiderada.

Su respuesta me recordó al comandante de Scotland Yard de los años 50, quien se vanagloriaba de que Londres era una ciudad muy pacífica pues había pocos asesinatos y muchos de ellos no eran graves: eran simplemente “casos de maridos que matan a sus mujeres”. Ese tipo de machismo ya era inaceptable en la Scotland Yard de hace décadas. ¿Será que la Corte Suprema lo admitirá en el Siglo XXI para la Fiscalía General?

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