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¿Qué identifica a Carlos Gaviria?

Helena Alviar García
marzo 24, 2006

Publicado en: Semana

Helena Alviar cree que la propuesta de Carlos Gaviria Díaz representa una opción de la nueva izquierda y no de la ortodoxia.

 

En los principales medios de comunicación del país, el triunfo de Carlos Gaviria Díaz en la consulta interna del Polo Democrático ha sido descrito como una sorpresa y un golpe a la facción menos radical de este partido que actualmente congrega a la mayoría de las posiciones políticas de la izquierda. Se ha comenzado, incluso, a aludir a Carlos Gaviria como el representante del radicalismo o del ?ala dura? de la izquierda colombiana.

A la luz de la importancia que las posiciones de derecha tuvieron en las recientes elecciones, no es extraño que una actitud sosegada y una posición moderada y estructurada sean percibidas como extremistas o representativas de la vieja izquierda.

Esta caracterización del candidato no solamente caricaturiza las propuestas de la izquierda colombiana, sino que no hace justicia a su larga trayectoria institucional y personal, y oculta la composición de sus electores entre quienes es posible identificar más voto de opinión que de la ortodoxia comunista.
En general, la izquierda contemporánea se ha comprometido con redistribuciones significativas del ingreso y la riqueza, y con la profundización de la democracia. Sus propuestas particulares se distinguen de las propuestas más de centro que sólo quieren corregir los casos marginales de desigualdad, y de las propuestas de derecha que defienden a ultranza el derecho a la propiedad y consideran que de la competencia que propicia la riqueza se produce la igualdad. Por otra parte, incluir dentro de sus propuestas la profundización de la democracia marca una distancia significativa con la ortodoxia que tradicionalmente ha considerado la democracia como un objetivo subordinado al de la redistribución o, miopemente, un instrumento de explotación.

Esta propuesta de la nueva izquierda implica por lo menos ?y a grades rasgos? democratizar los espacios considerados antes como privados: la familia, la escuela, y el lugar de trabajo; incluir a los grupos tradicionalmente marginados: indígenas, negritudes, mujeres, indigentes, personas con diversas opciones sexuales; y darle más importancia a la institucionalización de procesos democráticos en la vida pública. Se distancia así de la alternativa más liberal que privilegia los mecanismos de representación, y de la opción más conservadora que favorece concentrar el ejercicio del poder en individuos.

Al comprometerse con la lucha contra la desigualdad y con la ampliación de la democracia, el candidato del Polo Democrático Alternativo se distingue de los demás candidatos en la contienda, pero también de las posiciones más ortodoxas de la izquierda.

Por otra parte, estas propuestas del candidato son creíbles precisamente por venir de alguien como Carlos Gaviria, que ha sido profesor de la Universidad de Antioquia por más de 25 años, vicepresidente del comité regional por la defensa de los derechos humanos en Antioquia, magistrado de la Corte Constitucional y, más recientemente, senador de la República.

De su trayectoria, se pueden concluir por lo menos dos cosas: su compromiso con las instituciones democráticas y con el estado de derecho. Y su dedicación a la protección de los derechos humanos, tanto individuales como colectivos, incluidos los derechos económicos, sociales, culturales, y sexuales y reproductivos.

Finalmente, es importante que dentro de la representación que hacen los medios de comunicación del debate electoral se haga visible el voto de opinión informado que quiere apostarle a una opción moderna de la izquierda que se aparta tanto de las posiciones ortodoxas tradicionales como de las personalistas basadas en activismos populares mediáticos que hacen curso en la región.

El electorado colombiano ha venido reconociendo y otorgando poder a políticos comprometidos con la izquierda democrática y mal le haríamos a la democracia colombiana al recaer en argumentos sectarios y que no son más que estereotipos. Que grupos radicales manifiesten su apoyo a determinado candidato no permite generalizar y convertirlo en radical, independientemente del extremo del espectro político de donde provenga tal apoyo. Ni permite, tampoco, convertir a sus electores en personas incapaces de tener el criterio para identificarlo.

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