Refrendación: el ejemplo sudafricano

Por: Rodrigo Uprimny Yepesseptiembre 8, 2013

¿SERÁ POSIBLE SUPERAR LA POLArización que existe sobre la refrendación de un eventual acuerdo de paz? Las Farc insisten en la asamblea constituyente, mientras que el Gobierno se opone radicalmente a esa opción.


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¿SERÁ POSIBLE SUPERAR LA POLArización que existe sobre la refrendación de un eventual acuerdo de paz? Las Farc insisten en la asamblea constituyente, mientras que el Gobierno se opone radicalmente a esa opción.

La experiencia sudafricana podría inspirarnos una salida de este impasse, sin que debamos copiar mecánicamente ningún mecanismo, pues los contextos y los actores son muy distintos. Ni las Farc son el Congreso Nacional Africano (CNA) de Mandela ni en Colombia hay Apartheid.

A principio de los noventa el gobierno blanco del Partido Nacional (PN) había aceptado que era necesario superar el Apartheid y adoptar una nueva Constitución. Había una coincidencia esencial con el CNA, pero el proceso estaba bloqueado, pues tenían visiones enfrentadas sobre cómo alcanzar ese propósito.

El PN y la comunidad blanca querían una Constitución negociada, que surgiera de un pacto de cúpula entre el PN y el CNA, pues consideraban que sólo así tendrían las garantías de que no serían avasallados en una democracia en donde los negros serían mayoría. Pero el CNA quería liquidar el Apartheid y fundar una nueva Sudáfrica basada en el principio de autodeterminación; para ellos la nueva Constitución tenía que ser aprobada por una asamblea constituyente electa popularmente.

El conflicto parecía irresoluble. El ingenio sudafricano consistió en diseñar un proceso constituyente en dos etapas, que acercó las dos posiciones.
La idea fue negociar una Constitución interina, que sirviera de base para un gobierno de transición y para la elección popular de una asamblea constituyente, encargada de redactar la Constitución definitiva. Esa Constitución interina contenía 36 principios constitucionales, que eran esencialmente de derechos humanos y no discriminación, y que tenían que ser respetados por la Constitución definitiva.

Las elecciones generales en 1994 ratificaron la Constitución interina y eligieron al gobierno de transición y a los integrantes de la asamblea constituyente: el triunfo de Mandela y del CNA fue abrumador. La asamblea constituyente electa redactó entonces la Constitución definitiva, pero ésta sólo pudo ser promulgada después de que el recién establecido Tribunal Constitucional certificó que el texto respetaba los principios de la Constitución interina.

Así, la Constitución interina negociada, con sus principios constitucionales intangibles, tranquilizó a la comunidad blanca, al otorgarle garantías de que no sería discriminada en la nueva Sudáfrica, pero abrió igualmente el camino a la asamblea constituyente popular y fundacional que exigía el CNA.
En Colombia, en vez de polarizarnos sobre si la alternativa es o no una asamblea constituyente, deberíamos inspirarnos en la flexibilidad y el ingenio sudafricano. Y deberíamos buscar, por la combinación creativa de distintos tiempos y mecanismos de participación, crear un procedimiento de ratificación, que responda a las aspiraciones y preocupaciones tanto de las Farc como del Gobierno. Imposible que no lo logremos.

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