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Secuestro y paz

Rodrigo Uprimny Yepes
mayo 29, 2016

Publicado en: El Espectador

Existen medios de lucha que son tan atroces que no existe ningún ideal, por noble que sea, que permita justificarlos. El secuestro de civiles es uno de ellos y por ello esta práctica atroz es condenada en forma casi unánime por todos los colombianos. Estos secuestros son además en el derecho internacional un crimen de guerra y, si son cometidos en forma generalizada o sistemática, configuran también un crimen de lesa humanidad.

 

Resulta entonces incomprensible para todos los colombianos, pero en especial para quienes apoyamos una paz negociada integral, que el Eln se niegue a abandonar inmediatamente esa práctica inhumana. Es difícil que la sociedad colombiana acepte que avancen las negociaciones con esta guerrilla sin la liberación de los secuestrados.

Gabino, el comandante del Eln, argumentó que no aceptaba la exigencia del presidente Santos de poner fin al secuestro de civiles para continuar las conversaciones de paz, pues el Gobierno no debía imponerles condiciones unilaterales, cuando ya se había pactado una agenda de negociación. Según Gabino, esta demanda del Gobierno equivale a que el Eln exigiera, como condición para continuar el proceso, la liberación de los guerrilleros encarcelados “en condiciones infrahumanas y muriendo por falta de atención médica”.

Gabino se equivoca, pues la exigencia de poner fin al secuestro no es un reclamo caprichoso del Gobierno, sino una demanda ética de toda la sociedad colombiana. Por eso resulta contradictorio que esta guerrilla, que ha puesto en el centro la “participación de la sociedad en la construcción de la paz”, como lo dice el punto 1 de la agenda de conversaciones acordada con el Gobierno, se niegue a acatar esa exigencia ética de la sociedad colombiana.

Pero además Gabino olvida que las obligaciones humanitarias no se fundan en el principio de reciprocidad, sino que son unilaterales, pues en lo fundamental benefician a terceros y no a los combatientes. Cada parte sigue obligada a cumplir el Derecho Internacional Humanitario aunque la otra lo incumpla. Por eso, aunque Gabino tiene razón en que es inaceptable que en Colombia haya presos en condiciones inhumanas, ese desconocimiento por el Estado de sus obligaciones frente a las personas privadas de la libertad no autoriza al Eln a violar el derecho humanitario, continuando con el secuestro.

En su última columna, el padre Francisco de Roux, con la autoridad moral que encarna, dirigió una carta pública a Pablo Beltrán, comandante del Eln, pidiéndole que abandonara inmediatamente la práctica inhumana del secuestro y liberara a todos sus rehenes, para que el proceso de paz pueda seguir. Ojalá el Eln acoja esa petición profundamente humana y ética, que no es sólo de Pacho de Roux, sino de todos los colombianos.

En ese contexto, la liberación de Salud Hernández y de los otros periodistas secuestrados, Diego D´Pablos y Carlos Melo, es una buena noticia, que el Eln debería aprovechar para anunciar el cese del secuestro y la liberación de todos los otros secuestrados.

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