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Sí, se trata de la raza

Helena Durán
julio 19, 2016

Publicado en: Global Rights Blog

Esas fueron las palabras del alcalde de Dallas, Mike Rawlings, en la vigilia celebrada después de que cinco policías fueron fatalmente baleados por un hombre armado durante una protesta pacífica de Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan –BLM), organizada tras el asesinato de dos afroamericanos a manos de la policía. Entonces, hablemos de la raza.

 

Los disparos de la policía y la violencia en contra de los ciudadanos afroamericanos han puesto los ojos sobre la discusión del racismo en los Estados Unidos. Los asesinatos de Tamir Rice, Eric Garner, Walter Scott, Michael Brown, Alton Sterling y Philando Castile a manos de los oficiales de la policía se han vuelto virales en redes sociales y han provocado un sentimiento de indignación pública. El movimiento Black Lives Matter, la reacción violenta e injustificada del atacante en Dallas y el aumento de la sensación de tensión racial muestran que la raza y el racismo siguen siendo un problema importante en los Estados Unidos que debe ser analizado y abordado. En un país en el que leyes como la de Derechos Civiles deberían haber creado una nueva era de igualdad, se ha hecho dolorosamente evidente que la aplicación de una sociedad justa sigue siendo una tarea pendiente.

En su discurso, luego de los asesinatos de Alton Sterling y Philando Castile, el presidente Obama reconoció explícitamente que estos disparos son un “síntoma de un conjunto más amplio de desigualdades raciales que existen en nuestro sistema de justicia penal” y mencionó algunas cifras que demuestran cómo en el sistema de justicia criminal americano el color de la piel importa, e importa mucho. De acuerdo con los estudios citados por Obama, los afroamericanos tienen un 30% más de probabilidad que los blancos de ser detenidos por la policía. Una vez detenidos, los afroamericanos e hispanos son tres veces más propensos a ser registrados. Los afroamericanos tienen el doble de posibilidad de recibir disparos de la policía y ser detenidos que los blancos. De hecho, aunque los afros e hispanos no representan más del 30% de la población en los Estados Unidos, constituyen más de la mitad de la población reclusa.

¿Esto se debe a que los afroamericanos cometen más crímenes? No parece ser así. Más de la mitad de los encarcelamientos en los Estados Unidos son por delitos de drogas y el 59% de los delincuentes de estos delitos encarcelados en prisiones estatales son afros. Sin embargo, los afroamericanos representan sólo el 12% del total de los consumidores de droga. De hecho, a pesar de que el consumo de marihuana de los blancos y los afros es igual, un afroamericano es 3,7 veces más propenso a ser arrestado por posesión de marihuana. Y a pesar de que los blancos consumen droga cinco veces más que los afroamericanos, estos últimos son enviados a prisión por delitos de drogas diez veces la tasa de los blancos. Además, los disparos de parte de la policía a los afroamericanos no parecen ser en respuesta a la tenencia de armas o a la violencia por parte del sospechoso. De acuerdo con Mapping Police Violence (El Mapa de la Violencia Policial) sólo el 31% de los afros asesinados por la policía en 2015 estaban presuntamente armados y actuaron de manera violenta. De hecho, en 2015 los afroamericanos desarmados murieron cinco veces más que los blancos desarmados.

La disparidad racial que estos datos muestran dice mucho acerca de cómo los afroamericanos son vistos y tratados por el sistema. Por desgracia, se puede argumentar que no ha habido un cambio significativo desde la expedición de las leyes Jim Crow. Como Michelle Alexander afirma en The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness (El Nuevo Jim Crow: la encarcelación en masa en la era de daltonismo), “La esclavitud definió lo que significaba ser negro (un esclavo) y Jim Crow definió lo que significaba ser negro (un ciudadano de segunda). Hoy el encarcelamiento masivo define el significado de ser negro en América: los negros, especialmente los hombres negros, son criminales. Eso es lo que significa ser negro.”

La percepción de los afroamericanos como criminales conduce a una mayor probabilidad de encarcelamiento y una vez que las personas son encarceladas y entran en el sistema de justicia criminal, se convierten en “ciudadanos de segunda clase”. Un ex convicto no puede conseguir trabajo, no puede reclamar subsidios de alimentos, no puede acceder a una vivienda y a veces ni siquiera puede votar. A pesar de que esto se aplica a todas las personas que fueron privadas de la libertad, las altas tasas de encarcelamiento de la población afroamericana en comparación con el resto de la población aumenta la probabilidad de que los afros entren en esta categoría de “ciudadano de segunda clase”. Por lo tanto, sin necesidad de referirse explícitamente a la raza, el sistema termina discriminando principalmente a los afroamericanos en una forma similar a como lo hicieron las leyes Jim Crow. Como afirma Alexander, “[hoy] un criminal, tiene apenas más derechos, y posiblemente menos respeto que un hombre negro que vivía en Alabama en la época de las leyes Jim Crow. No hemos eliminado la casta racial en Estados Unidos; sólo la hemos rediseñado.”

Sin embargo, a pesar de que el encarcelamiento en masa y las disparidades en el sistema de justicia penal son una gran parte del problema, la cuestión de la raza y la discriminación va más allá. Como muestra Theodor R. Johnson en su estudio Black America (América Negra), si la población negra de los Estados Unidos fuera un país independiente caería muy por debajo de los Estados Unidos. Ocuparía el puesto 46º en PIB per cápita, mientras que los EE.UU. ocupa el segundo puesto en el mundo. El patrimonio medio por adulto sería de alrededor de $ 4.955, poco más de la riqueza media de un adulto en Palestina, mientras que en los Estados Unidos es de alrededor de $44.911. América Negra tendría una tasa de desempleo del 13,8% y una tasa de pobreza del 27,4%, mientras que los Estados Unidos tiene tasas de 8,1% y 15,1% respectivamente. En términos de desarrollo humano (salud, educación, seguridad financiera) se rezagaría treinta puestos por detrás de los EE.UU. Y, por supuesto, si la población afroamericana de los Estados Unidos se estudiara como una nación independiente su tasa de encarcelamiento sería más de seis veces la tasa de encarcelamiento?? actual de dicho país, que ya es la más alta del mundo. El panorama general es que, como afirma Johnson, si América Negra fuera un estado nación, sería un “estado problemático y frágil, afectado por las desigualdades socioeconómicas y el sometimiento estructural que degrada la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”

Así que sí, se trata de la raza. Pero la cuestión va más allá de los disparos de la policía y las tensiones raciales que éstos han despertado. Si vamos a empezar a hablar de la raza, entonces tenemos que empezar por los profundos problemas estructurales, tales como el sistema de justicia criminal, la guerra contra las drogas y las desigualdades sociales que enfrentan los afroamericanos en los Estados Unidos. Lo mismo es cierto para el racismo arraigado y estructural en todo el continente americano. Admitir que “se trata de la raza” es un buen comienzo, pero no es suficiente.

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