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Simular lo que no somos

Mauricio García Villegas
marzo 11, 2011

Publicado en: El Espectador

EN EL LABERINTO DE LA SOLEDAD, Octavio Paz dice que la simulación es una de las formas de conducta habitual de los mexicanos.

 

EN EL LABERINTO DE LA SOLEDAD, Octavio Paz dice que la simulación es una de las formas de conducta habitual de los mexicanos.

Siempre he creído que a los colombianos nos pasa lo mismo: queremos ser lo que no somos y por eso mentimos y construimos una realidad imaginaria, no tanto para engañar a los demás, sino para evadir nuestra propia realidad. Pienso en esto cuando leo la noticia de dos notables actos de simulación ocurridos esta semana: la liberación de secuestrados en el departamento del Vichada y las falsas desmovilizaciones de actores armados. Por falta de espacio, sólo hablaré de la primera.

Según el ministro de la Defensa, los plagiados por las Farc fueron liberados por el Ejército gracias a un contundente operativo militar. “Durante la noche —dijo el ministro Rivera— se les vino el mundo encima a estos terroristas y en cuestión de horas fueron rescatados”. Sin embargo, poco después, se conoció el testimonio de Roger Bertel, uno de los plagiados, quien sostuvo que en ningún momento vieron, ni escucharon presencia militar y que el primer soldado que divisaron se lo encontraron al regresar, a pie.

No se sabe entonces, a ciencia cierta, qué fue lo que pasó. Sin embargo, me parece razonable pensar que la versión de los secuestrados, que no tienen ningún motivo aparente para decir algo diferente de lo que realmente les ocurrió, desmiente lo dicho por el ministro. Por eso tiendo a pensar que el rescate espectacular que dibujaba Rivera en su declaración nunca existió y que los trabajadores fueron simple y llanamente liberados por la guerrilla.

Pero más que la exageración del ministro Rivera, que es un político ordinario, lo que más me sorprende es que la prensa, que se ocupa de hechos y no de hacer propaganda, haya dejado pasar la versión ministerial como si fuera algo normal. Eso muestra lo arraigada que en Colombia está la idea de que como la guerra contra las Farc es también política, para ganarla los colombianos debemos simular que todo lo que hace el Ejército es grandioso, incluso cuando no hace nada o cuando comete errores.

Si de lo que se trata es de defender el Ejército (con lo cual estoy de acuerdo) ésta me parece una estrategia errada. En los últimos años las Fuerzas Armadas han acumulado méritos suficientes para conseguir la admiración y el respeto de la población. La simulación de falsas hazañas no sólo no les da mayor credibilidad, sino que les quita la que ya tienen, sobre todo, claro, cuando esa simulación es de naturaleza criminal, como sucedió con los falsos positivos.

Si el Ejército y el Gobierno consideran que la guerra contra las Farc no sólo hay que ganarla en el terreno militar sino también en el político y quieren conseguir logros significativos en ese campo, deben tomarse en serio el carácter democrático de la política de seguridad que tanto predican. Ello implica, a mi juicio, ponerse por encima de las disputas partidistas que giran alrededor de la guerra y asumir la política de Seguridad Democrática con independencia de las presiones que vienen de una extrema derecha a la que no le importa la democracia y de una izquierda radical a la que no le importa la seguridad.

De esta manera, el Ejército no sólo sería más efectivo en la guerra política que quiere ganar y la población civil estaría más protegida de los eventuales abusos que los militares puedan cometer contra ella, sino que el ministro de la Defensa dejaría de hacer el ridículo, simulando victorias que no ha conseguido y el resto de la población simulando que Rivera dijo algo sensato.

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